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Oscura mitología

En la serie 'Los caballeros del zodiaco', los buenos nunca lo son del todo y los malos tienen sus motivos

Imagen de la serie 'Los caballeros del zodiaco'.
Imagen de la serie 'Los caballeros del zodiaco'.

Los villanos siempre gozaron de mi simpatía. Deseaba en secreto que el coyote atrapara al correcaminos. Fantaseaba con que Pierre Nodoyuna y su perro Patán —un metavillano que se burlaba del amo con su risa ahogada— ganaran en los autos locos. Y esperaba que otro señor siniestro pero entrañable, Gargamel, el harapiento hombre del saco, convirtiera a los pitufos en oro en una caldera que guardaba en su cabaña del bosque. Admiré a Mark Lenders, que cargaba cajas de cerveza para ayudar a su familia, tanto como desprecié a Oliver Atom.

Un verano con las mejores series en EL PAÍS Cataluña

Suele haber un momento en la trayectoria de uno que algo entrevisto o sufrido le sacude y le cambia la mirada sobre el mundo o hasta la vida misma. Ese es el invisible hilo que conecta las series de verano que inicia hoy la edición de EL PAÍS en Cataluña y que se mantendrán durante el mes de agosto.

De lunes a viernes será el turno de La serie de mi vida, donde redactores y colaboradores del diario, en un inusual ejercicio de introspección, contarán por qué conservan en la memoria una determinada serie de televisión, hoy fenómeno sociocultural de los más impactantes de los últimos años. Así aparecerán desde Pipi Calzaslargas y Oliver y Benji a Narcos y The Wire, pasando por Lou Grant o Viaje al fondo del mar, en elecciones que dicen por sí solas sobre quién las escribirá.

A las puertas del éxito es la propuesta para fin de semana, con retratos de aquellos que lo tenían todo para triunfar, pero que no llegaron. Serán, entre otros, los casos tan dispares del baloncestista Souley Drame, de la quinta de Pau Gasol, el político Oriol Pujol y el empresario de BCN World Enrique Bañuelos.

Tal vez fue esa sutil y precoz simpatía por los malos, por los perdedores sin remedio —¿por los que persisten pese a la derrota?— lo que me enganchó a Los caballeros del zodiaco, donde todos los protagonistas tenían su lado oscuro por culpa de una infancia desgraciada o un trauma perturbador. La serie fue uno de los buques insignia del desembarco nipón en la programación infantil de los 90, junto a la mítica Campeones y la longeva saga de Bola de drac. Entonces no lo sabía, pero estaba consumiendo por un tubo (catódico) y sin control parental una serie anime de gran violencia, cuyos personajes sangraban y agonizaban con ojos como platos y largas melenas de colores.

Dice un amigo que con Los caballeros del zodiaco descubrió indicios de su homosexualidad. No lo había pensado, pero es verdad que los protagonistas son cinco chicos fibrados, sin duda atractivos y de rasgos andróginos, que a menudo se despojan de la armadura para pelear con el torso desnudo. Los cascos y escudos, bellísimos, hacen de cada personaje lo que es. Seiya es un huérfano que se transforma en caballero de Pegaso al ganar la armadura. Shiryu (mi favorito), el del Dragón. Hyoga (Cisne), Shun (Andrómeda) e Ikki (el Fénix) completan el grupo de los guerreros-constelación.

La serie protagonizó el desembarco nipón junto a ‘Campeones’ y ‘Bola de Drac’

Hasta donde recuerdo, luchan en combates de creciente dificultad para que el Bien triunfe sobre el Mal, aunque los buenos nunca lo son del todo y los malos tienen sus motivos. Todo en la serie es confuso, caótico, ambivalente. Los caballeros sacrifican su vida en nombre de una empresaria llamada Saori Kido que resulta ser… Atenea. Como en la Ilíada, la diosa se aparece en momentos clave —con pelazo lila y cetro— para salvar al héroe (Aquiles-Pegaso). Al estilo de Tölkien o George R. R. Martin, el autor del manga original, Masami Kurumada, crea un mundo propio y complejo que es casi una nueva Teogonía: en el principio, Atenea diseñó 88 armaduras, inspiradas en cada una de las constelaciones, y las dividió en categorías: oro, plata y bronce.

Seiya y sus amigos son de bronce, o sea los pringados, y en el momento cumbre de la ficción enfrentan a los verdaderos caballeros del zodiaco: doce tipos con habilidades formidables y armaduras de oro que viven en templos griegos. Los chicos pelean con sus puños, pero vencen con la cabeza cuando descubren, en su rival, una debilidad del pasado o un turbio secreto. Los escenarios de las batallas son oscuros pero de resonancia helénica. La inspiración mitológica es evidente y forma parte del atractivo de la serie. Pero es una mitología sincrética, pretendidamente híbrida; un batiburrillo greco-japonés que escandalizaría a un Pierre Grimal.

Poco me importaba ese desorden con nueve años, fascinado por los rituales de ataque que imitaba en el patio del colegio: el Meteoro de Pegaso, la Cólera de Dragón, el Polvo de Diamantes, la Cadena Nebular o el Puño Fantasma del Fénix, este último especialmente eficaz porque creaba ilusiones ópticas en los enemigos. Después de cada capítulo, intentaba construir mi propia armadura de Shiryu con cartulina (nunca lo logré) o jugaba con los muñecos que mi madre compraba en el Todo a Cien y menos articulados que un playmobil. En mis combates caseros, vencía el Dragón.

No pensaba entonces que hubiera moraleja, pero tal vez la hay: Los caballeros del zodiaco muestran que los retos pueden afrontarse; que lo que ayer se antojaba imposible (vencer a los guardianes de los templos) hoy parece pan comido porque hay rivales más poderosos; que el bronce puede, a veces, vencer al oro.

‘Los caballeros del zodiaco’ y su contexto

Año de estreno y origen. 1992, Telecinco. Serie ‘anime’ de 145 episodios inspirada en el manga Saint Seiya, de Masami Kurumada.

Actor/actriz protagonista. Seiya, el caballero del Pegaso, comparte protagonismo con el resto de caballeros de Atenea.

Edad que tenías cuando la veías y con quién la veías. Nueve años.

La mejor escena que recuerdas. El combate entre el Pegaso y el Dragón, con resurrección incluida.

Qué serie estás viendo ahora. Big Little Lies.

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