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ANÁLISIS i

La televisión que conviene

El creciente liderazgo de TV3 a remolque del procés va asociado al halago a un sector de la audiencia, absolutamente fidelizado

Toni Soler, periodista y director del programa televisivo satírico 'Polònia'.
Toni Soler, periodista y director del programa televisivo satírico 'Polònia'.

En un hilo en Twitter de noviembre pasado, un ciudadano, Miquel Strubell (que se presenta como editor de TV, independentista y del Barça), escribía un post para defender el pluralismo informativo ante quienes sostenían que las televisiones deben agradar al público que tienen. Decía, y traduzco del catalán: “La audiencia de TV3 es independentista en un, qué, 90%? Hagamos que la tele pública se adapte solamente a este público? Qué fácil sería, pero no es la tele que quiero para mi país”.

Pero es un problema cultural, y político, que los ciudadanos buscamos escuchar lo que queremos escuchar. En TV3 no son raros los mensajes de telespectadores quejándose por la presencia en una tertulia de alguien que contradiga las tesis soberanistas. Las entrevistas con Inés Arrimadas no suelen disfrutar de mucha audiencia, para gozo de este tipo de espectadores. E incluso se han organizado, desde las redes, intentos de boicot a programas protagonizados por personajes que no gustan a este colectivo, llamamientos que alguna vez fracasan como el pasado mes de octubre con un Sense Ficció sobre Joan Manuel Serrat.

Hay quien no duda de la parcialidad de TV3, quien la niega sin paliativos y quien la justifica para compensar un mapa informativo audiovisual hostil a los postulados independentistas. El gran defensor de la pluralidad de TV3 es el Consell de l'Audiovisual Català (CAC) que en todos sus informes la reivindica como la más imparcial. Unos datos que su presidente, Roger Loppacher, aseguraba en noviembre que son “incontestables”. En el último informe (mayo-agosto, 2018) figuraba, por ejemplo, como el partido con más tiempo en los teleinformativos” el PP-PPC (12%) seguido del PDeCat (7%) y JxC (4,1%). Esta primacía informativa del PP obedecía a la actualidad de los cambios en su organización y no era exclusiva de esta emisora. Sin embargo, el dialogo institucional entre los gobiernos catalán y español ocupaba el tercer puesto en tiempo dedicado a la noticia en TVE y el octavo, en TV3. Y, a la inversa, el Gobierno catalán era el primero en “tiempo de palabra” en TV3, mientras que el del Estado lo era en TVE.

En las cuentas, enormes, de este informe del CAC figuran informativos, el Més 324 o FAQS, pero no espacios dedicados, aparentemente, al entretenimiento como Tot es mou, que albergan tertulias políticas o editoriales diarios siempre de un mismo signo. Por otra parte, una cosa es el tiempo de noticias dedicado a un partido y otra muy distinta si estas son positivas o negativas, aspecto que no entra en las cuentas del informe del CAC. A pesar de presentarse como “incontestable”, los propios consejos del audiovisual son conscientes de su debilidad metodológica a la hora de evaluar la imparcialidad de un medio. En 2014, el Consejo Audiovisual de Andalucía publicó una verdadera antología sobre las dificultades de esta medición y el mismísimo CAC, en 2017, hizo un “ensayo metodológico” con un seguimiento de los espacios de opinión y la idiosincrasia ideológica de los tertulianos invitados. No basta con una lluvia de datos, hay que entrar en la apreciación cualitativa.

El creciente liderazgo de TV3 a remolque del procés va asociado al halago a un sector de la audiencia, absolutamente fidelizado. Pero ¿es la televisión que conviene al país? El chalaneo, cuando pueden, de los partidos sobre las televisiones públicas no da muchas esperanzas.

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