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OPINIÓN i

Hipótesis sobre Vox

El partido se puede encuadrar en una ideología nacionalista, antimoderna, populista y extremadamente conservadora e il·liberal. Probablemente son los indignados de la derecha

Una pintada de Vox sobre otra independentista en Barcelona.
Una pintada de Vox sobre otra independentista en Barcelona. Reuters

Un amigo de Sevilla me advirtió de que Vox tendría muchos apoyos en las autonómicas andaluzas. La verdad es que me extrañó y le creí a medias. Pero tuvo razón, buen olfato el suyo. Yo me equivoqué de medio a medio. Es más, el éxito de Vox ha desbordado todas las previsiones. ¿Por qué esta rutilante aparición en escena? ¿Qué es Vox? Estos interrogantes me los he planteado desde el día siguiente a las elecciones. En la prensa han aparecido todo tipo de calificativos: es un partido fascista, es un partido muy conservador, es la derecha extrema, es la extrema derecha, está en la línea de los populismos de derecha europeos, es muy distinto a Le Pen y a Salvini, es como los gobiernos húngaro y polaco, es como Trump… Y así podríamos seguir.

Entre todo este barullo terminológico, mis conclusiones aún no resultan sólidas, no tengo claro el perfil concreto de Vox y dudo sobre lo que les voy a exponer. Tómenselo, pues, como meras hipótesis, primeras aproximaciones a un fenómeno que comienza y que falta ver hasta dónde llega.

Dos opiniones, bastante coincidentes, me han servido para comprender su excelente resultado. En primer lugar, un artículo de Iñaki Ellakuría en Letras Libres insinúa que se trata del voto de los “indignados de la derecha”, tal como el 15-M y Podemos eran los indignados de la izquierda. En segundo lugar, otro amigo me envió un correo justo el día después de las elecciones en que buscaba la explicación del resultado en la tercera ley de Newton, en el principio de acción/reacción: “Por cada acción existe una reacción igual y opuesta”. Ambas reflexiones, creo, nos ponen en la pista del origen del fenómeno porque explican los cuatro rasgos principales del ideario de Vox. Veamos.

El primer rasgo es un nacionalismo español a la antigua, el propio de la derecha clásica, a la misma altura del nacionalismo catalán aunque de signo opuesto. Un nacionalismo identitario duro, basado en los mitos históricos, los símbolos, la lengua castellana, y los valores tradicionales de raíz católica. España es un término sagrado por el cual, si es preciso, se debe luchar y morir. Este punto de partida le lleva a considerar que el Estado de las autonomías tiene la culpa de los separatismos y propone suprimirlo, reemplazarlo por un Estado centralista. En esto ayuda una percepción muy difundida: que los gobiernos y administraciones autonómicas son organismo caros e ineficaces, un despilfarro que pagan los españoles en provecho de unas clases políticas y unas burocracias regionales inútiles. Todo esto —junto con la infumable imagen del actual nacionalismo catalán— da votos. El segundo rasgo, un clásico de la extrema derecha actual y relacionado ideológicamente con el anterior, es el rechazo a la inmigración, de la cual sólo se quiere ver su falsa faceta tenebrosa, el terrorismo y la inseguridad pública, sin apreciar los beneficios que ofrece ante el descenso de la tasa de crecimiento demográfico y la necesidad de mano de obra. Detrás de ello hay sentimientos de xenofobia y racismo.

El tercer rasgo, de indudable atractivo para muchos, es la ruptura con determinados dogmas actuales propios de la corrección política de izquierdas asumidos en buena parte por la derecha. El dogma estrella es el nuevo feminismo pero también lo son otros aspectos contrarios a los valores morales tradicionales como el aborto, los matrimonios gay y el movimiento LGTBI, así como la memoria histórica o los toros, entre otros. La claridad con la que Vox se manifiesta en relación a estos temas atrae a muchos que rechazaban la tibia manera de afrontarlos por parte del PP.

Por último, cuarto rasgo, a la manera de los populismos de derecha europeos Vox también tiene, como buen partido nacionalista, un componente anti-establishment cosmopolita: euroescepticismo —esa inútil burocracia de Bruselas— y un proteccionismo antiglobalizador, al modo de Trump, en defensa del Estado.

En definitiva, Vox puede encuadrarse en una ideología nacionalista, antimoderna, populista y extremadamente conservadora e iliberal. Probablemente son los indignados de la derecha, como dice Ellakuría, y su éxito es explicable por la tercera ley de Newton. ¿Hay que aislarlos políticamente? Probablemente sí, en la misma medida que a Podemos, cosa que no se ha hecho, pero sobre todo debe argumentarse contra sus posiciones, admitiendo que en algunas cuestiones pueden tener algo de razón. Más que un reto político suponen un desafío intelectual.

Francesc de Carreras es profesor de Derecho Constitucional y fue fundador de Ciudadanos.

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