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Cantando entre lápidas

Mediocre y aburrida puesta en escena de ‘Romeo y Julieta’ de Gounod en el Liceo

Los protagonistas en un momento clave del montaje.
Los protagonistas en un momento clave del montaje.

No deja de tener mal fario ir al Liceo, precisamente en el Día de San Valentín, a ver una ópera protagonizada por los enamorados más infelices del repertorio, Romeo y Julieta, ambientada en un panteón como único y fúnebre escenario. Si encima el montaje, que traslada la acción de la ópera de Charles Gounod basada en la tragedia de Shakespeare a Estados Unidos en plena Guerra de Secesión, es malo de solemnidad y el resultado vocal más bien discreto -sólo brilló la soprano rusa Aida Garifullina- la cosa no pinta bien en un teatro que llevaba 32 años sin montar este clásico del repertorio francés.

En las óperas de Gounod, tan importante es la elegancia y el poético lirismo como las dosis de pasión dramática que conviene mantener bajo control, pues a la sabia escritura del compositor francés le sientan mal los excesos temperamentales. Josep Pons optó por mantener la tensión con una urgencia dramática y unos acentos tan incisivos que rebajaron la atmósfera poética.

Muy atento al color y el detalle orquestal, la lectura de Pons tuvo muchos más atractivos que la mediocre y aburrida puesta en escena del británico Stephen Lawless, estrenada en 2016 en la Ópera de Santa Fe (Nuevo México). Nada gana la ópera con el cambio de época -fueron mucho más lejos, con auténtico genio, Leonard Bernstein (West Side Story) o Francisco Rovira Beleta (Los tarantos), pero la lucha de los Capuletos y los Montesco se sigue sin sobresaltos. De hecho, Lawlees anticipa sin disimulo su trágico final situando a los desdichados amantes en un panteón.

Roméo et Juliette

Roméo et Juliette, de Charles Gounod. Aida Garifullina, Saimir Pirgu, Tara Erraught, Susanne Resmark, Nicola Ulivieri, Rubém Amoretti, David Alegret, Gabriel Bermúdez, Isaac Galán, Stefano Palatchi. Coro y Orquesta del Gran Teatro del Liceo. Director musical: Josep Pons. Director de escena: Stephen Lawlees. Liceo. Barcelona, 14 de febrero.

En su debút liceista, Aida Garifullina lució sus notables cualidades. Tiene una voz bella, un punto metálica, solvencia en los agudos, sentido lírico, buena línea y un físico ideal para dar vida a una Julieta de irresistible encanto; ella ofreció los pocos momentos de auténtica emoción lírica de la velada. No hubo tanta suerte con Romeo; con una voz de origen más bien ligero y poco homogénea, Saimir Pirgu lo fía todo a la intensidad de su registro agudo, pero descuida la línea, fuerza la emisión y acaba ofreciendo una actuación tan irregular como decepcionante.

En el reparto hubo más corrección que dominio del estilo. Las dos mezzosopranos que debutaban en el Liceo, la irlandesa Tara Erraught (Stéphano) y la sueca Susanne Resmark (Gertrude) perfilaron sus personajes con más caracter y eficacia teatral que el equipo de voces italianas y españolas que completaba el reparto -los bajos Nicola Ulivieri, Rubén Amoretti y Stefano Palatchi, los tenores David Alegret y Beñat Egiarte y los barítonos Gabriel Bermúdez e Isaac Galán. La notable actuación del coro y la orquesta fue, con Garifullina, lo mejor de la nada memorable velada.