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OPINIÓN

Rivera ¿futuro inquilino de la Moncloa?

Ciudadanos goza de un solvente pedigrí antinacionalista catalán que puede utilizar en este nuevo contexto para ganarle la batalla al PP

Albert Rivera e Inés Arrimadas en la manifestación de agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil. En vídeo, declaraciones de Rivera este miércoles en un desayuno.

2018 podría ser el año de Ciudadanos. O al menos así parecen augurarlo algunas estimaciones de voto publicadas recientemente en distintos medios de comunicación. Según los sondeos, Ciudadanos estaría hoy en condiciones de erigirse como el partido más votado en unas eventuales elecciones generales. Este dato ha llevado a algunos analistas a considerar que nos estamos adentrando en un nuevo ciclo marcado por el retroceso de la izquierda y el auge sin precedentes de Ciudadanos.

Pero, ¿realmente se abre una nueva etapa dominada por Ciudadanos o se trata de un fenómeno más bien de carácter coyuntural? Por un lado, existen poderosos motivos para ser cautos sobre la capacidad de Ciudadanos de mantener su liderazgo en las encuestas. Es probable que parte de su ascenso responda a un efecto luna de miel como consecuencia de sus extraordinarios resultados en las elecciones catalanas de diciembre. De hecho, existe un precedente análogo al que estamos viviendo estas semanas. En otoño de 2015, tras las elecciones catalanas del 27S, Ciudadanos también experimentó un fuerte ascenso en las encuestas. Entonces, algunas estimaciones lo situaron como segunda fuerza política, dejando atrás tanto a Podemos como al PSOE.

El auge de Ciudadanos en las encuestas en otoño de 2015 resultó ser tan solo un espejismo, pues apenas duró unas pocas semanas. En las elecciones generales de diciembre de ese mismo año, Ciudadanos quedó relegado a una cuarta posición, retrocediendo a cotas electorales muy inferiores a las que las encuestas le auguraban pocas semanas atrás. En realidad, los últimos procesos electorales parecen haber dejado al descubierto un patrón: existe un votante del PP que declara simpatizar con Ciudadanos en las encuestas, pero acaban regresando a las filas del PP cuando se acerca el día de las elecciones.

Además, el ciclo electoral no se presenta favorable para los intereses de Ciudadanos. Si el gobierno de Rajoy consigue resistir este año, entonces las elecciones generales podrían ir precedidas por las elecciones autonómicas y locales, previstas para mediados de 2019. De ser así, Ciudadanos se vería obligado a llegar a unas elecciones generales pasando antes por unos comicios particularmente complicados para sus intereses, pues aún no goza de un arraigo sólido a nivel local. Por ejemplo, en las elecciones municipales de 2015, Ciudadanos obtuvo el 6,5 por ciento de los votos, menos de la mitad de lo que logró en las elecciones generales de ese mismo año. Así pues, el ciclo electoral no facilita que Ciudadanos pueda llegar a las próximas elecciones generales con una imagen de partido ganador. En política la gestión de los tiempos es crucial y, en ese terreno, el PP goza de cierta ventaja, especialmente si logra sobrevivir este año.

En definitiva, una mirada a lo ocurrido en el pasado nos obliga a ser cautos con el actual idilio de Ciudadanos con las encuestas. Aún así, no todos los indicios apuntan a que estamos ante un mero espejismo, pues el actual contexto político no es del todo homologable al de otoño de 2015. En esta ocasión, existen algunos elementos que nos pueden hacer pensar que quizás Ciudadanos está viviendo algo más que una simple luna de miel.

En concreto, la introducción de la cuestión catalana en la agenda política española está alterando las coordenadas de competición partidista. Tradicionalmente era el PP quien lograba obtener réditos cuando lógicas de izquierda-derecha quedaban eclipsadas por el nacionalismo. Sin embargo, el PP tiene hoy un fuerte competidor en el terreno de las identidades nacionales. Ciudadanos, goza de un solvente pedigrí antinacionalista catalán que puede utilizar en este nuevo contexto para ganarle la batalla al PP en la dimensión nacionalista.

Por el momento así parece avalarlo la última encuesta de Metroscopia. Según ésta, las fugas de PP hacia Ciudadanos son las principales responsables del ascenso de la formación de Albert Rivera en las últimas semanas. Si estas transferencias responden a un cambio en las coordenadas de competición partidista en lugar de un mero efecto luna de miel, entonces el auge de Ciudadanos podría no desvanecerse a corto plazo.

Puede que las encuestas estén situando a Albert Rivera más cerca de la Moncloa de lo que realmente está, pero, si la crisis catalana sigue marcando la política española, puede que este 2018 sea un año particularmente amable para los intereses electorales de Ciudadanos.

 

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