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Barcelona se blinda contra el terror

La Rambla, Portal del Àngel y Sagrada Familia mantienen barreras y bolardos para impedir ataques terroristas

Una joven pasea por el cruce de las calles Marina y Mallorca, junto a la Sagrada Familia.
Una joven pasea por el cruce de las calles Marina y Mallorca, junto a la Sagrada Familia.

El reloj marcaba las 16.57 del pasado 17 de agosto. Younes Abouyaaqoub dio un volantazo a la furgoneta blanca que conducía por la calle Pelai. Accedió a la parte central de la Rambla y comenzó a zigzaguear. 16 personas murieron y 137 personas resultaron heridas en el atentado de Barcelona y en el posterior de Cambrils. La capital catalana quedó magullada. Cinco meses después, ha cambiado su fisonomía para prevenir nuevos ataques. Un recuerdo de aquella cicatriz son las barreras con las que lugares emblemáticos de la ciudad —La Rambla, los alrededores de la Sagrada Familia, el Portal de l’Àngel o la Catedral— se han protegido.

La Junta de Seguridad Local de Barcelona se reunió seis días después de los atentados. Tomó varias decisiones: más efectivos patrullando las calles y un nuevo subgrupo multisectorial —Guardia Urbana, Mossos, Bomberos, Policía, Guardia Civil, emergencias y movilidad— con una misión clara: analizar los riesgos y debilidades de seguridad de la ciudad para solucionarlos. A mitad de noviembre, ese subgrupo pidió a la junta que una serie de medidas. Se aprobaron de inmediato. En cuestión de días, se blindaron los lugares más icónicos y turísticos de la capital.

Las pilonas del paseo, de 200 kilos, son las más resistentes del mercado

El Ayuntamiento de Barcelona explicó que las medidas exigidas por el subgrupo son compatibles con el modelo de ciudad por el que apuesta el equipo de gobierno de BComú. Cierto o no, días antes de que los comercios comenzaran la campaña de Navidad, el consistorio ya había instalado obstáculos provisionales en el centro de Barcelona y en la zona de la Sagrada Familia.

Jardineras gigantescas, cubos de hormigón, pivotes y bolardos se han cronificado. Tres de las cuatro calles que rodean la basílica de la Sagrada Familia (Marina, Sardenya y Provença) fueron peatonalizadas. Allí se han instalado jardineras y cubos. El blindaje del templo lo complementa el nuevo sistema de seguridad instalado por la fundación que construye la obra ideada por Gaudí, y que ha transformado los accesos en lo más parecido a un arco de vigilancia de un aeropuerto. El objetivo se ha cumplido: los vehículos y peatones que acceden al templo ya no se mezclarán.

Desde los atentados, y también antes de estos, agentes con armas largas vigilaban los accesos de la Rambla y del Portal del Àngel. Allí siguen. Ahora, además, una furgoneta como la que conducía Younes no podría acceder a la Rambla a la velocidad que lo hizo. El Consistorio ha instalado las pilonas más resistentes que existen en el mercado. Cada acceso al paseo central tiene varias pilonas Antibelier-H268 de la marca Benito. Un obstáculo de acero de una altura de 1500 mm y un diámetro de 273mm. Estas pilonas pueden llenarse de hormigón y llega a alcanzar un peso de 200 kilos. Un obstáculo casi imbatible por un vehículo que pretenda arrasar el paseo.

Jardineras gigantes, cubos de hormigón y pivotes han llegado para quedarse

Amics de la Rambla —la asociación de amigos, vecinos y comerciantes de la Rambla y Plaza Cataluña— fue una de las entidades más afectadas por el atentado de agosto. Su presidente, Fermín Villar, sostiene que tras el 17 de agosto “el nivel anímico” no es fácil de recuperar. “El acto terrorista es una nueva cicatriz en la historia de la Rambla. Ahora debemos trabajar en rendir homenaje a las víctimas en el primer aniversario de los atentados”, admite. “Consideramos las barreras necesarias, pero los agentes deben seguir allí. No solo para garantizar la seguridad antiterrorista, sino para evitar el trapicheo”, mantiene Villar. El presidente de Amics de la Rambla sostiene que las pilonas Antibelier-H268 son una barrera adecuada. “La única pega que tenemos es que además de las pilonas se han colocado unos cubos de hormigón que quizás serán ideales para aquellos que se sientan a consumir comida take away, por lo que necesitaremos más limpieza en el paseo”.

Barna Centre —que integra a los comerciantes, entre otros, de la avenida de la Catedral y el Portal de l’Àngel— también celebra que se hayan instalado macetas gigantes y otro tipo de barreras. “Los maceteros nos dan seguridad y humanizan el entorno, aunque nos dijeron que serán sustituidas por otras de hormigón”, dice la gerente, Isabel Rodríguez.

Nadie en el Ayuntamiento es capaz, por ahora, de dar una fecha para que se retiren algunas de las barreras. De la misma forma que los ciudadanos se han acostumbrado a ver a policías con armas largas en las aceras, parece que los bolardos también han llegado para quedarse.