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OPINIÓN

La conjura nihilista

Lo que guió a los dirigentes independentistas fue perjudicar a España aunque eso no tuviera rédito político alguno

La confabulació dels irresponsableses, según su propio autor, Jordi Amat, un panfleto. En él, se ofrece una hipótesis histórica acerca de cómo, cuándo y por qué empezó a mutar el escenario político catalán hasta llegar al proceso independentista. Estos son algunos apuntes al respecto.

Panfleto. Lo primero que hay que decir es que no es un panfleto. No al menos según la RAE: un panfleto es un libelo difamatorio o un opúsculo agresivo. El libro de Amat no es ni una cosa ni otra. Es mucho más y, en otro sentido, mucho menos, que eso: es el primer pequeño gran ensayo sobre el procés.

Foro Babel. Amat sostiene que la creación del Foro Babel fue la variante catalana de la consolidación de esa operación política que fue el constitucionalismo que Aznar puso en marcha a finales de los noventa. Hasta donde yo sé, esto es algo inexacto. El impulso intelectual que está detrás de la creación de ese Foro era mucho más heterogéneo que el de ser sostén del constitucionalismo en Cataluña. En el caso más cercano que yo conozco, el de Francisco Fernández Buey, que estuvo en los inicios del Foro Babel, no solo no estaba interesado en difundir el credo constitucionalista, sino que lo rechazaba. Su motivación, como la de otros, fue la de arrojar luz entre otras cosas —por ejemplo, la cuestión de la autodeterminación— sobre una situación de asimetría lingüística en Cataluña que valía la pena discutir críticamente. Más tarde, efectivamente, la orientación del Foro varía porque se le añaden otras variables (y personas), y ahí es donde gente como Fernández Buey se aleja. Pero considerar el Foro Babel, al menos en sus inicios, como la correa de transmisión catalana del constitucionalismo me parece, sin hacer algún matiz, un poco exagerado.

Comunicación del PP. Los pasajes en que Amat describe la irresponsable campaña mediática del PP contra la reforma del Estatut de 2006 ponen de manifiesto que el PP hace llegar su mensaje de manera mucho más eficiente y clara cuando está en la oposición que cuando está en el Gobierno, como ahora. Contra Zapatero se vivía mejor.

La paradoja. En la primera página del libro, Amat sostiene que quiere poner en tela de juicio un tópico: el procés, entendido como la mutación del catalanismo que abandona el consenso del 78, se inicia con la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) contra el Estatut de 2010. Sin embargo, lo que sugiere el relato de Amat, con su especial énfasis en la doble advertencia del jurista Pedrol Rius en plena Transición, es que el consenso del 78 haría implosión cuando el TC se convirtiera de facto en un poder constituyente. Algo que ocurre precisamente con la sentencia del TC contra el Estatut. De esta forma, y a pesar de la advertencia inicial, Amat parece atribuir, quizá involuntariamente, el inicio del procés a la sentencia del TC.

Un nuevo demos. Amat considera que uno de los objetivos del proceso independentista era el de la creación de un nuevo demos, un nuevo sujeto soberano que se expresaría a través del referéndum del 1 de octubre. Amat afirma asépticamente que se ha cumplido este objetivo. Sin embargo, en el referéndum del 1 de octubre fue a votar solo —o prácticamente solo— el bando independentista: no hubo creación de un nuevo demos catalán; como mucho, se podría decir que se creó de facto un nuevo demos exclusivamente independentista. Pero son dos cosas distintas y, según nos dicen, el independentismo aspiraba a que Cataluña, en su conjunto, fuera el nuevo demos. Pero en esto ha sido un fracaso rotundo: nunca ha conseguido movilizar a la otra mitad de Cataluña en sus proyectos de creación de un nuevo demos, sólo contra ellos.

La conclusión. Lo más importante del libro de Amat es, a mi juicio, que despeja una duda. Algunos nos preguntábamos no solo si el independentismo unilateralista estaba dispuesto a romper el país —y me refiero a Cataluña— si ése era el precio que había que pagar para ser independientes, sino si el independentismo estaba dispuesto a romper el país aún a sabiendas de que no conseguiría la independencia. Mi impresión es que La confabulació dels irresponsables nos da sutilmente la respuesta. Y ésta es de un nihilismo obsceno: lo que guió a los dirigentes independentistas fue perjudicar a España (ya saben, el “pollastre de collons”) aunque eso no tuviera rédito político alguno más allá de ganar algunas elecciones y aunque eso significara romper Cataluña.

Pau Luque es profesor de Filosofía del Derecho en la UNAM.