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No hay quien pare a Comitre, el estafador de ancianos

El abogado que urdió la mayor estafa hipotecaria desoye al juez: asedia a sus víctimas y vende propiedades embargadas

El abogado Francisco Comitre fue detenido en julio de 2015 por estafar a ancianos con préstamos hipotecarios.
El abogado Francisco Comitre fue detenido en julio de 2015 por estafar a ancianos con préstamos hipotecarios.

Rara vez un policía muestra, en un atestado, sus impresiones personales sobre un investigado. Con Francisco Comitre ha ocurrido. El abogado, modelo de pasarela y presunto responsable de una de las mayores estafas hipotecarias de España “vive en una continua mentira, urdida por su mente retorcida” cuyo único afán es “acumular patrimonio”. Lo explican los Mossos d’Esquadra al juez que investiga el caso desde hace dos años y al que Comitre, según la policía catalana, no hace demasiado caso: ha desobedecido sus órdenes de no acercarse a las víctimas, ha vendido un Ferrari que estaba embargado y, de paso, sigue ejerciendo de letrado en el turno de oficio.

Comitre fue detenido en julio de 2015 por estafar a ancianos con préstamos hipotecarios y créditos tramposos que le permitían, como colofón, apoderarse de sus viviendas. Decenas de ancianos fueron desahuciados. Los afectados se contaban entonces en medio centenar, pero el desarrollo de la Operación Cocoon —estafa, falsificación, organización criminal y blanqueo— ha sacado a la luz cerca de 150 casos, según fuentes judiciales. Comitre contó con la ayuda de un notario, Enrique Peña (que daba el visto bueno a los contratos) y de un amigo de labia infinita: Artur Segarra, condenado por el asesinato de un empresario español en Bangkok.

Tras pasar unos meses en prisión privisonal, Comitre quedó en libertad e intentó retomar sus negocios. Alertado, en diciembre de 2016 el juez le prohibió acercarse a las víctimas y comunicarse con ellas por cualquier medio. Pero el abogado “ha quebrantado esa medida”, según los Mossos. El episodio más llamativo ocurrió en marzo de 2017. Comitre acudió, presuntamente, a una casa en Viladecans propiedad de Ana Isabel A., una de las afectadas. Allí estaba su sobrina de 15 años, que explicó a la policía cómo un hombre llamó a la puerta “de modo violento, golpeándola e insistiendo con el timbre”.

La adolescente miró por la mirilla y vio a un hombre “corpulento, de unos 40 años, cabello rubio y corto”: El abogado puso la oreja en la puerta. La chica se asustó y observó cómo Comitre —más tarde le reconoció, sin ninguna duda, ante los Mossos— abría una caja del rellano y le quitaba los tornillos. El abogado había dejado la casa sin luz. Después esperó en la calle, otra media hora, “con los brazos cruzados y mirando hacia las ventanas”.

La otra estrategia de Comitre ha sido la de pasar al contraataque y denunciar a sus víctimas. Es el caso de Carmen C., que poseía una vivienda en Vielha. En las conversaciones telefónicas intervenidas por los Mossos, el abogado se había jactado de que esa había sido una de sus mejores operaciones. “Es una triunfada tío, una triunfada”, dijo. Al entrar en prisión, la mujer aprovechó para cambiar la cerradura. El abogado envió a un amigo para reclamar la vivienda y denunció a la mujer. Como los Mossos, los abogados de Carmen C. no ahorran calificativos: creen que Comitre está “burlando la investigación” y que actúa de forma “maquiavélica”. Han pedido que se le inhabilite para ejercer de abogado, ya que está dado de alta en el turno de oficio, según fuentes judiciales.

Los Mossos le atribuyen otras estratagemas para volver al redil. En el informe remitido al juez, y al que ha accedido EL PAÍS, señalan que el abogado cobró cheques por valor de 160.000 euros procedentes de una de las hipotecas constituidas con documentos falsos sobre un piso de Manresa. Comitre intentó ocultarlo. El cheque lo cobró, formalmente, un tal Pedro A., quien en su declaración dijo que le debían ese dinero por un trabajo como albañil y que debía saldar una deuda con el banco, ya que él mismo iba a ser desahuciado.

Pedro A. acabó admitiendo que conocía a Comitre y que éste le permitió instalarse en un piso de Santa Coloma de Gramenet. Resultó, sin embargo y según constató la policía, que allí vive también Comitre. Más aún: el piso es uno de los investigados y su propietaria legítima, Concepción M., una de las víctimas. En abril de 2017, la mujer apareció en la casa e increpó a Comitre. “Mira qué suerte, te he encontrado yo aquí no te voy a dejar pasar. Pon la casa a mi nombre o, si no, no voy a parar hasta meterte en la cárcel”. Esas palabras constan en la denuncia que el abogado presentó contra ella en comisaría. Por coacciones.

Venta de un Ferrari embargado

A Comitre no lo para nadie, ni el juez. Su exnovia presentó documentación a los Mossos que le involucran en otro intento de engañar al magistrado. En su denuncia, la mujer recordó además que en su relación ha tenido que soportar “degradaciones, insultos y malas maneras”. Los papeles, analizados por la policía, muestran que Comitre vendió por 60.000 euros un Ferrari Spyder “después de haberlo intervenido” el juez.

Su recurso fue, una vez más, la mentira. El abogado “se las habría ingeniado para inventar, manipular y falsificar” documentos que sirvieron para anunciarle al juez que, en realidad, la venta fue anterior al embargo.

Comitre incluso involucró en la operación a un amigo y, tras haber accedido al contenido del sumario, intentó utilizar algunas de las llamadas con esa persona

—en las que hablan del Ferrari— como coartada. En su informe, los Mossos destapan la trampa.

Los abogados de algunas víctimas han solicitado que comparezca ante el juez para que dicte, de nuevo, su ingreso en prisión. Los Mossos ya advirtieron en informes previos de que Comitre estaba volviendo a contactar con sus víctimas para “engañarlas nuevamente”. Su nuevo informe destila indignación por la impunidad con la que actúa. Recuerdan que Comitre obtuvo, “mediante el engaño y la estafa”, multitud de inmuebles “a un precio muy por debajo del del mercado” aprovechando “la precariedad económica” de sus dueños y su “estado de extrema necesidad”.