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Duelo de estilo entre alcaldes socialistas

El Ayuntamiento de A Coruña cuelga hoy los óleos de sus dos últimos regidores socialistas. Francisco Vázquez y Javier Losada fueron uña y carne, mentor y delfín, pero el divorcio que vino luego salta a la vista hasta en sus cuadros

Retratos de Javier Losada y Francisco Vázquez todavía pendientes de colocar en el Ayuntamiento de A Coruña.
Retratos de Javier Losada y Francisco Vázquez todavía pendientes de colocar en el Ayuntamiento de A Coruña.

El exembajador de España en el Vaticano que un día acusó a su partido, el PSOE, de "coger siempre las banderas frikis, las de los antisistema, los okupas y los indignados", será conocido por los niños coruñeses del futuro como un señor de mediana edad, bastante más delgado de lo que lo está ahora, que posa ataviado con un traje morrocotudo. Todo engalanado, parece un diplomático que vivió en otros tiempos. Con su bicornio crestado de marabú, su chaqueta de terciopelo atiborrada de entorchados e hilo de oro, descompensada la pechera por varias sartas de medallas que dan cuenta de su pretérito poder y sus remotas influencias. Francisco Vázquez Vázquez, sir Paco desde que fue distinguido con la repera de los honores, la Orden del Imperio Británico, quedará colgado desde esta mañana en la casa consistorial en la que mandó durante 23 años.

El Ayuntamiento estrena su cuadro. Pero él no ha querido ser inmortalizado como un regidor más, sino como el embajador que fue entre 2006 y 2011, porque es tradición en esta ciudad que cada alcalde, al marchar, deje sentada su última voluntad eligiendo un pintor y la guisa con la que quiere ser enmarcado para el recuerdo por los siglos de los siglos. Todo esto con cargo a las arcas públicas. Fuentes municipales aseguran que se accede a los deseos de los políticos siempre que el precio del cuadro sea "razonable, de mercado".

Puestos a criticar habrá quien diga que, pese a que no escogió un retrato ecuestre y rampante, en el cuadro que le pintó Rafael Cidoncha al exgobernante local le faltó esa sobriedad que en cambio le sobra en sus aderezos a quien tomó el relevo del bastón de mando en 2006, Javier Losada de Azpiazu. Su fiel seguidor, su pupilo (su servicial y gris mano derecha), del que el embajador se distanció tras la alianza del nuevo alcalde del PSOE con el BNG para gobernar, también coloca hoy su retrato en el primer piso del consistorio, el palacio de María Pita. Pero lo hará con un estilo radicalmente diferente y por la tarde, para no coincidir. El retrato de Losada costó casi la mitad (9.450 euros) que el de su predecesor (18.000 euros).

Losada viste de señor del montón, con su traje de chaqueta, su discreta corbata verde musgo y esa parquedad que caracteriza su estampa de la cabeza a los pies. Por atributo de alcalde, en este lienzo hiperrealista del artista coruñés Jano Muñoz no lleva más que un pin. El último ojal aparece desabotonado, y sobre este sus manos de médico anestesista, la profesión a la que regresó tras la política, levitan tímidas en un gesto inconfundiblemente suyo. Detrás, sobre el fondo negro, unas palabras asoman serias, mayúsculas y oscuras: "Todas las personas seremos iguales en nuestra sociedad".

El abismo que separa el estilo de gobierno, de persona y de retrato también es mayúsculo y oscuro. Los cuadros hace tiempo que debían haber sido colgados, pero el acto inaugural fue quedando ahí demorado, sin que nadie acabase de ponerle fecha, durante los años en los que, después de Losada, asió el bastón de mando, con una mayoría absoluta nunca antes vista por el PP en A Coruña, Carlos Negreira.

El precio del retrato de Vázquez era uno de los supuestos escollos. Pero ya estaba pintado, así que ahora, con la Marea Atlántica de Xulio Ferreiro al frente de la alcaldía, los dos óleos ocuparán los puestos que les corresponden en la galería de gobernantes locales de la primera planta. Pero el delfín y su mentor, el hijo escogido y el padre que lo señaló, se estrenan sin mezclarse.

En este primer piso de la casa consistorial quedaron no hace mucho dos vacantes. En julio, coincidiendo con el 80º aniversario de la sublevación, el Ayuntamiento mandó al almacén los cuadros de José Fuciños Gayoso y Hernán Martín de Barbadillo Paúl, dos militares golpistas que se convirtieron en los primeros regidores de A Coruña en la dictadura de Franco. En su lugar se colocaron sendos carteles para recordar las razones por las que esos alcaldes eran confinados en la sombra. Y salvo estas dos retiradas, en la galería de alcaldes no había movimientos desde 1983, cuando colgó su retrato el regidor de UCD Joaquín López Menéndez tras ser vencido por un Vázquez de 36 años que había ingresado en el PSOE y la UGT mucho antes, cuando aún eran clandestinos.

Desde entonces y hasta ahora, ninguna acción de Francisco Vázquez puede dejar indiferentes a los ciudadanos. Así que el hombre que alimentó el coruñesismo más desbocado no solo eligió los pinceles de Cidoncha, un artista internacional pero nacido en Vigo, sino que ha invitado al acto a otro tótem del localismo a flor de piel, esa inextricable rivalidad, que mantiene vigilantes a las dos ciudades separadas por 160 kilómetros. El también socialista Abel Caballero, alcalde vigués, del que algún compañero de partido ha llegado a decir que es "una mala copia" del embajador en la Santa Sede, arropará al exregidor y aprovechará para reunirse con Xulio Ferreiro. Ambos dicen que es una "visita de cortesía". Si no saltan chispas en María Pita, este día de fiesta también podría convertirse en un cuadro memorable.

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