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El Gobierno espera que la crisis de la CUP acabe con su ‘doble alma’

El cabeza de lista de CDC, Francesc Homs (c), el presidente de la formación y expresidente de la Generalitat, Artur Mas (d), durante el acto central de campaña de CDC hoy en el Baix Llobregat.
El cabeza de lista de CDC, Francesc Homs (c), el presidente de la formación y expresidente de la Generalitat, Artur Mas (d), durante el acto central de campaña de CDC hoy en el Baix Llobregat. EFE

El Gobierno catalán ha convertido en mantra su deseo de que el presidente Carles Puigdemont salve la cuestión de confianza del próximo mes de septiembre. Pero están expectantes a cómo culmina la crisis interna que afecta la CUP, su muleta parlamentaria. Evitan entrometerse en el debate interno que afecta a la formación asamblearia y fuentes del Ejecutivo se limitan a una afirmación: “Es necesario que resuelvan sus evidentes y públicas diferencias internas y aclaren si prioriza el proceso soberanista u otras políticas”.

Tanto desde el Ejecutivo como desde los dos partidos que lo integran, Convergència (CDC) y Esquerra (ERC), se niegan rotundamente a valorar las graves diferencias que sufre la cúpula del partido anticapitalista. La prevista renovación de miembros ha abierto un cisma entre sus dos almas —la que preconiza la hoja de ruta soberanista y es partidaria de facilitar la gobernabilidad a Puigdemont y la que apuesta por un acerado anticapitalismo y el alejamiento de Convergència—, con duras críticas por parte de seis miembros dimisionarios del secretariado, que incluyen denuncias de una supuesta batalla para controlar el partido.

El Gobierno evita inmiscuirse en esas cuestiones, pero defiende que necesita que el grupo parlamentario de la CUP se mantenga unido y no se divida en dos bloques, lo que complicaría todavía más el futuro de la legislatura. En todo caso, lanzan la presión sobre los anticapitalistas, cuestionando que prioricen la hoja de ruta soberanista. “Los pactos se respetan”, insisten desde CDC.

Hugo Alvira, miembro del secretariado de la CUP, reclamó ayer al presidente de la Generalitat que sea claro con sus nuevas propuestas en el debate que centrará la cuestión de confianza a su persona. Teme que se utilice esa oportunidad para forzar la ruptura con los anticapitalistas, lo que “será la excusa perfecta para los sectores conservadores y reactivos del independentismo para dar por acabada la legislatura y quien sabe si, de rebote, agotar la fase actual del proceso hacia la independencia”.

La neutralidad del Ejecutivo contrasta con el discurso de campaña que está explotando Convergència, personalizado sobre todo en Artur Mas y Francesc Homs. Buen ejemplo dio el expresidente de la Generalitat, quien en Tortosa aseguró que los anticapitalistas dan “lecciones de ética y buena política” y han acabado al final “peleados”. Diferente es la posición de ERC, que va a la búsqueda de los votos de los cuperos en estas elecciones generales. “La historia del catalanismo está repleta de grandes errores mas graves que no aprobar unos Presupuestos”, señaló ayer el número dos de las listas de los republicanos, Joan Tardà, en tono conciliador.

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