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Mas y la CUP frenan las negociaciones en un clima de enfrentamiento

Los anticapitalistas insisten en rechazar al líder de CDC y piden una presidencia coral

Las negociaciones entre Junts pel Sí y la CUP para desbloquear la investidura del nuevo presidente catalán están en vía muerta desde el pasado jueves por las diferencias que mantienen respecto al papel de Artur Mas. Las discretas negociaciones que ambos grupos habían mantenido desde el 27 de septiembre están paralizadas, en un clima de enfrentamiento.

El nivel de los reproches públicos y privados entre Junts pel Sí y la CUP no ha dejado de crecer desde que el pasado jueves los anticapitalistas rechazaran por segunda vez investir a Mas como presidente. El sábado, el consejero de Empresa, Felip Puig, de Convergència (CDC), llamó a Mas a no aceptar el programa económico de la CUP. El domingo, otro consejero, Andreu Mas-Colell, se inclinaba por repetir las elecciones antes que someterse a las demandas de la izquierda alternativa.

Los órganos internos de la CUP están centrados en la preparación de la asamblea que tendrá lugar el domingo 29 de noviembre. Les preocupa la “desinformación” de su militancia y quieren transmitirle de primera mano cómo avanzan las negociaciones para justificar la postura del partido respecto a la investidura. La negativa a que Mas revalide el cargo sigue vigente: no se han movido de sus posiciones originales.

Esta no será una asamblea abierta a cualquier simpatizante, sino un encuentro para los miembros de las organizaciones que conformaron la lista CUP-Crida Constituent en las elecciones del 27-S, y para aquellos que pagan la cuota de militancia de la CUP. La intención de la cúpula es que en la reunión estén representadas todas las sensibilidades pero evitando que los colectivos más radicalizados y contrarios a cualquier pacto acaparen la asamblea.

 El 20-D, línea roja

 “La postura de CDC comienza a ser peligrosa”, protestan fuentes de la formación liderada por Antonio Baños, que ven cómo las palabras de Francesc Homs y Mas-Colell les dan la razón: “La CUP no se inventaba nada”, afirman, recordando que en campaña ya advirtieron de que Junts pel Sí podía acabar dando marcha atrás en el plan independentista si había mucha tensión con el Gobierno central. La rigidez del partido de Mas en defender la continuidad del presidente justifica, según estas fuentes de la CUP, la defensa de un “liderazgo compartido y diferente”. Ahora, explican, quieren que todo el mundo pueda hacer propuestas para que el proceso no se pare y lograr un acuerdo cuanto antes, sin esperar a las elecciones generales.

 Si la negociación se alargase demasiado —el 20-D es una línea roja para la CUP—, no permanecerán “inmóviles”: propondrán otro candidato, como ya hicieron con Raül Romeva. La CUP insiste en una presidencia coral con un poder compartido y de consenso para evitar que un presidente pueda realizar “chantajes”, como consideran que está haciendo Mas con el proceso.

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