Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Alemania con denominación de origen

El debut ante la OBC del joven director Clemens Schuldt y regreso al Auditori de la aún joven violinista Viviane Hagner

El debut ante la OBC del joven director alemán Clemens Schuldt (Bremen 1982) una "batuta emergente" en el competido mundo de la dirección y el regreso al Auditori de la aún joven violinista alemana Viviane Hagner (Múnich 1977) consolidada ya en la élite del instrumento, constituyeron el principal atractivo del concierto de abono de la OBC en el Auditori.

Precedido por un preludio checo, el Scherzo Fantástico de Josef Suk, que se ofrecía con carácter de primera audición a cargo de la OBC, el programa giraba en sus piezas más importantes alrededor de la música del romanticismo alemán en su vertiente más feliz: el Concierto para violín de Max Bruch y, en la segunda parte, la Sinfonía "Renana" de Schumann. Romanticismo alemán servido por intérpretes alemanes: Alemania con denominación de origen.

El Scherzo Fantástico de Suk, de un romanticismo tardío meramente decorativo, resultó una pieza corta, fácil y brillante que, aún así, se hizo tediosa por su altísimo nivel de redundancia.

El Concierto de Max Bruch figura junto a los de Beethoven, Brahms, Mendelssohn y Chaikovski en la lista de los grandes conciertos románticos para violín. El violín acredita aquí su condición de "instrumento del diablo" y funciona como Gran Seductor con la diferencia, respecto a los otros conciertos citados, que éste, agradabilísimo, se agota en eso, en la fascinación superficial, mientras los otros van más allá.

Vivane Hagner jugó a fondo las cartas de la brillantez, el virtuosismo fulgurante y la vehemencia expresiva y entregó una versión plausible de la obra. La orquesta empezó acompañando ruidosamente y de modo desmañado pero acabó bien, muy bien.

Si ni Suk ni Bruch no tenían mucha substancia, la enjundia llegó, en la segunda parte, con la "Renana", una música sabia feliz y expansiva nacida en un instante soleado en el espíritu tan a menudo nublado y atormentado de Robert Schumann.

Clemens Schuldt, afectado en algun momento por un cierto histrionismo gestual, tenia las ideas claras sobre la obra, la condujo con eficacia, la orquesta le siguió las intenciones y entre todos alcanzaron un muy bien nivel especialmente en la espesa textura del cuarto movimiento.

 

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