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LOS LUGARES DE FRÉDÉRIQUE BANGERTER

Hipnótica luz madrileña

La artista suiza frecuenta rincones soleados, tiendas, espacios multifuncionales y bares de barrio

Frédérique Bargenter, en la galería Kikekeller, en la Corredera Baja de San Pablo.
Frédérique Bargenter, en la galería Kikekeller, en la Corredera Baja de San Pablo.samuel sánchez

1. El Gallo Azul. Es un restaurante con menús diarios a cinco minutos de mi casa. Hacen la mejor ensaladilla rusa que he probado. La dueña, María, es encantadora. A veces salgo sin llaves y sin móvil a la calle. Ella guarda los números de mis amigos para poder llamarles en caso de emergencia. (Jerónima Llorente, 64).

2. García. Lo llamo el camping. Tiene una terraza con césped artificial y estructura metálica pintada de blanco, con una lona de tela de los años ochenta con estampado de plantas tropicales. El camarero contribuye a la alegría del barrio. Siempre sabe qué voy a tomar y me cuida las bolsas cuando tengo que hacer algún recado por la zona. (Jerónima Llorente, 69).

3. Miseria. Tienda de ropa y diseño multidisciplinar que realiza exposiciones temporales de arte. Hace unos meses cogieron uno de mis libros, Aparto Maravilloso. El Sol de la bandera. A partir de ese momento caí en la trampa. Cada vez que voy, tengo un nuevo flechazo en forma de anillo, vestido, obra gráfica… (Verónica, 15).

Cuidadas ediciones

El lápiz es una extensión natural de Frédérique Bangenter (Ginebra, 1985). Cuando no dibuja, publica el trabajo de otros artistas en Cabeza de chorlito, el sello que fundó junto a Alberto García-Alix para editar a autores reconocidos y emergentes.

4. Kikekeller. Uno de los locales con más personalidad de la zona. Los muebles y la decoración reflejan un gusto exquisito y un gran cuidado por el detalle. Es una tienda-galería de arte que durante los fines de semana se transforma en bar. Sus dueños, Celia Montoya y Kike Keller, hacen que sea uno de mis refugios preferidos. (Corredera Baja de San Pablo, 17).

5. Mad is Mad. Fue la primera galería donde expuse. Cuando fui a enseñar mi trabajo a Rafa Ruiz, uno de los tres dueños, me llamó la atención el olor a fresa que envolvía todo el local. Apuestan por los nuevos artistas. En la entrada tiene un expositor lleno de libros, objetos perfectos para un regalo especial. (Pelayo, 48).

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6. 1862 Dry Bar. Local de cócteles con elegancia y saber hacer. Suelo ir para relajarme y disfrutar de uno de sus numerosos combinados. El ambiente es sencillamente delicado. El dueño es un gran experto y siempre te aconseja aquellos que más se ajustan a tus gustos. (Pez, 27).

7. Cine Doré. Edificio modernista de 1923. Visitarlo es como dar un salto en el tiempo. Tienen una programación muy ecléctica y es un lujo poder ver grandes clásicos o cine de autor en pantalla grande, rodeado por un decorado excepcional. (Santa Isabel, 3).

8. Plaza Canalejas. Le tengo un cariño especial. Aquí observé, por vez primera, la luz tan propia y característica de Madrid. Hace unos cuatro años, al atardecer, pasaba en moto y el sol bañaba las fachadas de los edificios curvados, que se acoplaban a la forma circular de la plaza con una luz cálida y brillante.

9. Swinton & Grant. En esta librería y galería de arte poseen una selección muy cuidada de libros de arte y cómics. Priman las pequeñas editoriales independientes, cosa que hace falta. Cuentan con un acogedor espacio donde tomarse un café mientras disfrutas tranquilamente de la última compra. (Miguel Servet, 21).

10. El Rincón. Es un bar con una terraza soleada y agradable. Tienen un banco donde uno se junta con desconocidos para fumar un cigarro o disfrutar del aire. Es una curiosa forma de tener encuentros inesperados y de romper barreras de manera natural. (Espíritu Santo, 26).

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