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OPINIÓN

Nunca sabremos todo

Rosa Díez no puede mostrarse ahora tan airada ante los problemas que atraviesa su partido

Incluso las conductas más ocultas acaban por salir a la luz, ya sea por un descuido, por la frecuentación de amistades peligrosas o debido a un desliz que muchas veces revela el deseo de que se sepa todo al fin donde aletea el fantasma de la culpa mal llevada. Un problema sin remedio que para ojos desatentos acostumbra a estallar cuando menos se lo espera. Al menos, Maquiavelo tuvo el detalle de poner por escrito el suntuoso repertorio de sus argucias, una tarea imprescindible para el buen gobierno que ha venido a quedar en manos de listillos a lo Arriola. Es posible que los asesores políticos en general, pese a la temible influencia mediática de las televisiones, obraran cuerdamente releyendo para sus adentros las novelas de John le Carré del periodo anterior a la caída del Muro de Berlín, donde sus atormentados espías llevan a menudo no ya una doble vida sino hasta una triple vivencia de unas conjeturas siempre vinculadas al desconcierto vital. ¿Tan atentos hay que estar en nuestro entorno? Tan atentos, sí, de lo contrario no habría manera de saber siquiera lo poco que se sabe acerca de un montón de cosas que nos conciernen.

Por mencionar un ejemplo, Rosa Díez no puede mostrarse ahora tan airada ante los problemas que atraviesa su partido a poco más de un mes de las elecciones municipales y autonómicas. Si arremete contra los compañeros de partido debido a que casi nadie quiere quedarse al frente del barco cuando comienza a hundirse, la primera pregunta es si no los conocía bien cuando la travesía parecía marchar con el viento de popa. Y la segunda, que nada hay que objetar a quienes se embarcaron en el proyecto cuando todo parecía rodar estupendamente y se deciden a tomar tierra cuando dejan de ver clara esa travesía marinera. ¿El problema? No conocer en todos sus detalles algo tan simple como que cuando alguien se apunta a algo lo hace para obtener a cambio algún tipo de beneficio, el que sea, y que por lo mismo se desapunta cuando repara en que ha errado al elegir el caballo ganador y hay que cambiar de montura. Lo más curioso de este de por sí curioso caso es fue muy apoyado por intelectuales de la talla de Mario Vargas Llosa, Fernando Savater, Álvaro Pombo, Félix de Azúa o Andrés Trapiello, entre otros. El otro día se recababa en este periódico la opinión de algunos de ellos sobre tan peliagudo asunto, y los dos citados aquí en primer lugar no pudieron responder “por problemas de agenda”. Se ve que disponían de una agenda en blanco cuando se hacían fotos con la Díez, en fin. Y Toni Cantó sin saber por dónde salir de esta. Pero no pasa nada, todos a Ciudadanos, y aquí paz y después escaño.

Tal como van los sondeos electorales, tan igualados que da un poco de grima, como si algún experto en esos manejos hubiera optado por hacer creer que tanto le da a la gente un partido como otro, lo más razonable sería que esos cuatro partidos con más posibilidades de victoria retiraran de pronto sus candidaturas para que asomen algo más que la nariz otros contendientes más o menos olvidados. Pero como cabe suponer que esa solución ya no es posible, acaso ni siquiera deseable, bien podrían firmar un pacto (si la predicción de las encuestas no varía hasta entonces de un modo significativo) según el cual ayuntamientos y autonomías serán gobernados al alimón por el cuatripartito, es decir, Podemos, Ciudadanos, PP y PSOE. Y todos tan contentos, oyes.

¿Y qué más? Pues que los intelectuales quizás deberían atender todavía aquel consejo de Franco: “Joven, haga como yo, no se meta en política”.

P.D.: He aquí, literalmente, un ofrecimiento de esos que aparecen pegados con celo en las paredes de algunas calles de extrarradio: “Energetica, objeción de conciencia con experiencia mujer tomar a trabajar 6 dias a la semana apartamentos, casa de limpieza lavado, planchado limpiaerista les en el territorio de la valencia. El monto de los trabajos determinar el patrón.” (Sic). Pues eso.