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“En El Gallinero hay 298 niños que malviven como en Nigeria o Etiopía”

Son nómadas entre deposiciones, basura, ratas, serpientes y una violencia enorme

Un niño juega en el poblado chabolista de El Gallinero, en abril de 2011.
Un niño juega en el poblado chabolista de El Gallinero, en abril de 2011.

“A mí no me gusta ser un ladrón y seguir así de sucio, yo quiero trabajar limpio y coger mi dinero para mi casa”. Habla uno de los 298 niños que viven en el poblado chabolista El Gallinero (Villa de Vallecas). Una infancia nómada entre deposiciones, basura, ratas, serpientes y una violencia extrema que tratan de evitar inútilmente. La ONG Save the Children y la Universidad Pontificia de Comillas presentaron ayer un informe en el que equiparan la situación de este enclave, a 12 kilómetros del centro de Madrid, con la que padecen las poblaciones de países africanos como Nigeria o Etiopía. “Viven al margen de la sociedad española y en condiciones que se asemejan a los peores poblados del mundo. Su acceso al agua es limitado y sufren peligros permanentes todos los días”, aseguró la directora de Políticas de Infancia de Save the Children, Ana Sastre.

El informe, elaborado a través de 40 entrevistas con menores de El Gallinero, concluye que 298 de las 435 personas que habitan el poblado son menores de 18 años, según los datos de las parroquias de Entrevías que efectúan el reparto de alimentos dos veces al mes. “Están completamente aisladas, a 35 minutos de los servicios públicos”, denuncia el director del Instituto de Familia de la universidad, Fernando Vidal. Con viviendas hacinadas y un solo punto de agua para todo el poblado, los niños tienen que cargar pesados bidones. Rodeados de desechos, conviven con animales salvajes y juegan en una carretera que las cundas de la droga atraviesan a gran velocidad. El estudio considera que estos niños tienen un 98% de posibilidades de morir antes de los 60 años, frente al 7% de la media española.

Ocho años en pie

  • En El Gallinero, un poblado chabolista que lleva ocho años en pie, viven 435 personas. De ellas, 298 son niños. Hay 107 adultos y 162 menores empadronados, según el estudio.
  • El enclave está a 12 kilómetros del centro de Madrid. La población es rumana y de etnia gitana.
  • Un 78% de los habitantes en edad de trabajar son analfabetos funcionales.
  • El Índice de la Pobreza Humana, que mide el analfabetismo, la probabilidad de morir antes de 60 años o el desempleo a largo plazo, es de 93,07. En Madrid es 10,07.
  • Los investigadores aseguran que solo reciben la Renta Mínima de Inserción (483,98 euros) 13 de las 95 familias y que 27 la han solicitado.

Los menores perciben las chabolas improvisadas en las que viven con normalidad. “La mía es un paraíso”, dice una niña. La violencia es el pilar de esa rutina. Tanto entre sus mayores, principalmente ligada al consumo de alcohol, como con las autoridades: el goteo constante de desalojos borra su noción de hogar. “Tienen una percepción de invasión y no saben distinguir lo seguro de lo peligroso o lo sucio de lo limpio”, asegura Carlos Pitillas, profesor de Psicología encargado de interpretar decenas de dibujos en los que los menores representaron su entorno. “Sienten un miedo permanente y una sensación de indefensión ante la que no saben cómo reaccionar”, añade.

Entre los escasos espacios que tienen para jugar destaca un campo de fútbol, embarrado en invierno. La alternativa es una carretera que cruza el poblado. Uno de los niños explica su temor a que los coches, que “van muy fuerte”, atropellen a su hermano o a su primo. “Una chica pequeñita, de dos años, iba por allí y la atropellaron. Tiene el pie roto y una herida grande”, dice otra menor. En el entorno también hay áreas con un cableado eléctrico denso, donde un hombre murió electrocutado. Los niños dibujan su casa como un lugar a evitar por miedo a encontrarse con su fantasma.

Viven hacinados y con un solo punto de agua para todo el poblado

Los altos niveles de escolarización y asistencia son una de las pocas buenas noticias que recoge el estudio, en gran parte gracias a los voluntarios, que gestionan un dispositivo de apoyo escolar en un barracón del enclave. “La criminalidad es un problema muy gordo. En vez de ir al colegio a aprender, van a seguir robando y van a estar en El Gallinero para siempre”, dice un niño. Muchos llegan tarde a clase por las dificultades de transporte y el estudio pide un plan educativo para los menores de tres años, unos 60.

En sus dibujos, los menores presentan a la policía como una amenaza. El estudio concluye que en los últimos dos años las autoridades han desalojado a 82 de ellos, una traumática experiencia que hasta el año pasado tenía lugar a primera hora de la mañana, antes de que fueran al colegio. “Van a sufrir la exclusión social como una herencia maldita entre generaciones. Lo que hagamos hoy condiciona su vida adulta”, añade Sastre. Muchos llevan años madrugando entre chabolas.

Tienen el 98% de probabilidades de morir antes de los 60 años

La radiografía es clara, pero ni Ayuntamiento ni asociaciones dan con el tratamiento. “Cuando se emplea el miedo es complicado que accedan a los servicios públicos. Hay que generar confianza”, asegura Vidal. La fortaleza del vínculo familiar en los niños descarta la retirada de la tutela. “El interés superior del menor es no sacarles de su entorno. No es la solución, agravaría las cosas”, añade Sastre.

Un niño dibuja con un lápiz naranja qué es El Gallinero para él. Su modesto trazo solo muestra a sus mayores agrediéndose con palos y cuchillos.

"No permitiremos una ciudad sin ley"

Carlos Martínez Serrano, coordinador del área de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid, acudió al acto de presentación del estudio y pidió la palabra en el turno de preguntas: “El problema real de El Gallinero es que algunos quieren mantenerlo. Esos son los que explotan a sus hijos”. Martínez aseguró no haber recibido el estudio, que según el director del Instituto de Familia de la Universidad, Fernando Vidal, debió llegar a sus manos en la mañana de ayer.

Unas horas más tarde se reafirmó en su mensaje: “Algunos grupos nos sugieren cederles un suelo municipal, pero eso no se puede hacer sin un concurso previo y sentaría un precedente para otros asentamientos. No podemos permitir la creación de un gueto y una ciudad sin ley”.

La oferta municipal, basada en un programa de 2012 sobre educación, salubridad y seguridad, busca la integración individual de las familias: “Los que dirigen esos asentamientos están jugando con los voluntarios y con la propia Administración. Si conseguimos que tengan servicios de apoyo, les coaccionan y cuando regresan un fin de semana al campamento ya no salen”. Martínez niega que el dinero sea un impedimento. “Si quieren realojarse, buscamos la forma, pero el cobre es mejor negocio”.

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