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Condenado un traficante de drogas que degolló a su exnovia en Narón

El homicida se saltó una orden de alejamiento de la victima, una chica de 26 años

Un jurado popular ha declarado esta tarde a Óscar Ferreño Fraga culpable del asesinato de Iria García Bouza en junio del 2012. Fue un crimen terrible al que no le faltó ningún detalle escabroso para multiplicar el dolor.Él, un camello ferrolano con varios juicios pendientes por robos, peleas y trafico de drogas y muchas visitas a la comisaría local donde era un personaje recurrente y siempre bajo sospecha. Ella, una chica joven, familiar y alegre de 28 años que repartía el pan hasta que se cruzó en su vida un mal hombre, diez años mayor, al que había denunciado cuatro días antes de morir por maltrato, amenazas y colarse en su casa para acosarla.

No le sirvió de mucho. El 25 de junio fallaron los protocolos de protección y el condenado ignoró la orden de alejamiento de 200 metros que el juzgado había dictado contra él tres días antes para asesinarla. La mató a cuchilladas. Prácticamente la decapitó a plena luz del día una tarde de verano delante de su casa, en la parroquia naronesa de Xuvia.

El veredicto considera a Ferreño culpable de dos delitos: el asesinato de su expareja y otro por quebrantar la orden que le impedía acercarse a ella. El fallo del jurado se leyó a media tarde en la Audiencia Provincial de A Coruña y cierra un juicio que arrancó el lunes.

Los dos habían sido novios una temporada con tormentosas idas y venidas pero hacía meses que lo habían dejado. Ella lo denunció dos veces por acoso y amenazas. La primera en 2011 y otra vez el 21 de junio del 2012, cuatro días antes de morir. La última mañana de su vida, Iria la pasó en la comisaría ferrolana donde acudió para informarse de la medidas que se tomarían para protegerla del mismo hombre que la mató.

Él la esperó agazapado sobre unos matorrales en el solar contiguo a su piso, en el número 9 de la calle San Roque, donde sabía que ella solía aparcar el para emboscarla a pocos pasos del portal poco después de las 15:30 horas de la tarde.

Los forenses testificaron esta semana que el asesino la atacó por detrás y que la degolló con fuerza hasta seccionarle la aorta y las vértebras del cuello. Huyó a pie por el sendero que bordea el río Xuvia y corrió a refugiarse en los montes de Brión, donde su familia tenía propiedades, y donde lo encontró la policía de madrugada. No tardó mucho en admitir su culpa. “Se me cruzaron los cables”, fue la explicación que dio desde el banquillo de los acusados.

El juicio ha dejado al aire otros detalles espeluznantes de un crimen brutal que enmudeció a toda la comarca. La chica tenía el móvil en la mano y hablaba con su madre cuando le hundieron el cuchillo en el cuello y apenas alcanzó a gritar. Lo contó su madre, tras el biombo tras el que prefirió testificar para no verle la cara al asesino confeso de su hija cuando le tocó testificar esta semana.

Tanto el fiscal como la acusación particular habían pedido para Ferreño una condena de 20 años de prisión. Su defensa alegó que el crimen no fue premeditado y pidió rebajarla como homicidio.

Se dio la paradoja de que nueve días después de cometer el crimen, Ferreño tuvo que comparecer en el juicio que tenía pendiente por violencia de género. La vista llegó demasiado tarde. La mujer que lo denunció, su exnovia, ya había muerto bajo su cuchillo.