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Donde se deshace la ciudad

El viñetista, colaborador en varios medios de comunicación con sus dibujos críticos sobre el capitalismo y el consumismo, reivindica la cultura libre y los espacios autogestionados

El viñetista Miguel Brieva en el café Molar, en el barrio de La Latina. Ampliar foto
El viñetista Miguel Brieva en el café Molar, en el barrio de La Latina.

1. Café Molar. Estoy muy a gusto aquí. Antonio, el dueño, es amigo. Ambos tenemos niños de la misma edad y los llevamos a la misma guardería. Además del buen rollo que tenemos, el local tiene un ambiente buenísimo. Puedes comprar un libro, un cómic o un vinilo o venir a alguna de las muchas actividades que organizan: presentaciones, exposiciones, conciertos… (calle de la Ruda, 19).

2. Traficantes de sueños. Es una cooperativa, editorial, distribuidora y librería. Fueron de los primeros a los que les llevé mi trabajo. Tienen un trasfondo político y un pensamiento crítico que se refleja en sus cursos, en sus conferencias y en sus publicaciones. Promueven la cultura libre y alternativa y son una referencia para mí (Embajadores, 35).

3. Esta es una plaza. Aquí vienes como usuario, pero acabas convirtiéndote en participante. Está al margen de las instituciones y funciona mejor que muchos espacios públicos. Han montado huertos, areneros para niños, talleres… Logran dar uso a esos espacios muertos de la ciudad (Doctor Fourquet, 24).

4. Madrid Cómics. Es una de las tiendas de cómic más veterana de Madrid. Antiguamente, el local estaba en los sótanos subterráneos de la Gran Vía, que ya no existen. Ahora están abiertos en la calle Silva, siguen siendo fieles a las obras underground, alternativas, de calidad, y no han perdido el criterio ni se han dejado ganar por el rollo comercial (Silva, 17).

En ocasiones, músico folk

Miguel Brieva se considera tan sevillano (nació allí en 1974) como madrileño. Su fama como viñetista no ha dejado de crecer desde que publicó Dinero, pero también es músico folk. Tocará en El Intruso el 19 de junio con su banda Las Buenas Noches.

5. Mercado de la Cebada. Vivo enfrente y suelo ir a comprar aquí. Tiene un estilo industrial de los años cincuenta y muchos puestos vacíos, lo que le da un aire de hundido. Estaría cerrado si no fuera porque aún hay gente que confía en los comercios y sus tenderos, que suplen las carencias del mercado con alegría e ilusión (plaza de la Cebada s/n).

6. Ecologistas en Acción. Su local es destartalado, lleno de libros e informes. Es totalmente caótico. Tienen una publicación, Libros en Acción, con la que colaboro. Me gusta porque, a pesar de no ser una organización política, tienen un gran impacto en la sociedad social. Están comprometidos y lo hacen todo con muy pocos medios y a partir de una estructura horizontal (Marqués de Leganés, 12).

7. Los extraradios de Madrid. Allí, la ciudad se deshace y se fusiona con el campo. Ya no queda casi ningún extrarradio que siga esta descripción, aunque todavía hay alguno que se resiste a la nada, a los planes urbanísticos, y que parten en dos la ciudad y el campo.

8. Cine Doré. La filmoteca siempre ha sido como un oasis en el debate de la cultura libre. Es barato, echan buen cine y se mezcla un público heterogéneo y fascinante: de puretas a jóvenes que solo quieren disfrutar de una película (Santa Isabel, 3).

9. Fonda La Lechuga. Es un sitio de comida tradicional española elaborada con productos autóctonos y riquísima. El menú lo tienes a 12 euros y la pareja que lo lleva es encantadora (Lechuga, s/n).

10. Cafetería La Selecta. En teoría es solo la cafetería del centro hípico de Buitrago de Lozoya. En la práctica es un espacio de arte, ciencia y gastronomía lleno de vida y buenas ideas. Y al lado hay un embalse alucinante (Ctra. Villavieja s/n).

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