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La portavoz que calló Pokémon

Dirigentes del PP dan por amortizada a Prado tras las revelaciones del sumario.

Prado, el pasado agosto en la sede del PP gallego.
Prado, el pasado agosto en la sede del PP gallego.

El pasado viernes no hubo rueda de prensa en la sede del PP gallego. La habitual comparecencia de su portavoz, Paula Prado, “para “analizar cuestiones de actividad política” (en castellano raso, estopa a la oposición) no se produjo. Y eso que Prado es la directora de campaña para las elecciones europeas. Desde que debutó como portavoz en enero de 2013 ella es la portadora de los mensajes más incisivos del PP, esos que no casan bien con los cargos institucionales de sus superiores. Asume el rol que estrenó en la oposición su principal valedor, el secretario general, Alfonso Rueda, hoy vicepresidente de la Xunta, con aquella campaña del “sultanato socialista”, los audis y los muebles de Emilio Pérez Touriño. El que en la pasada legislatura ocupó Antonio Rodríguez Miranda, relegado ahora al papel de secretario general de Emigración y chamuscado políticamente cuando tuvo que devolver dietas del Parlamento gallego que cobró de forma irregular.

La última entrega del sumario Pokémon mantiene atenazada a la dirigente que venía ejerciendo de conciencia crítica en la política gallega. La encargada de fiscalizar al resto de partidos (convocaba a la prensa con ese único objetivo) aparece retratada en un informe de 118 páginas del Servicio de Vigilancia Aduanera que le atribuye haber inflado en 3.000 euros un contrato —de sus tiempos de concejal en Santiago— para un espectáculo infantil. El dinero fue a parar al promotor de conciertos Jesús Fuentes, una de esas compañías peligrosas que frecuentó todos estos años un grupo de ediles en la capital de Galicia, y que, según la juez que le imputó media docena de graves delitos, está en todas las salsas. “Que los disfrute”, dijo Prado sin saber que el teléfono de su interlocutor, Ángel Espadas, —otro exconcejal que salió de la cárcel al pagar una fianza por este caso— estaba pinchado por la policía.

La charla de Prado y Espadas era la de dos dirigentes despechados que tras muchos años de militancia y trabajo en la trastienda fueron descabalgados del poder cuando acariciaban el cielo tras el cese del alcalde Gerardo Conde Roa por una denuncia de fraude fiscal. Prado aspiraba a la alcaldía pero el bastón de mando fue para Ángel Currás. Nada más empuñarlo, destituyó a Espadas como jefe de gabinete. Ese era el contexto cuando la entonces edil se jactó en la grabación de haberle “metido un gol” con la factura a su nuevo jefe. El atestado policial recopila además los manejos de Prado para enchufar a conocidos y afines al partido en supermercados, contratas municipales y programas del Ayuntamiento.

Son legión quienes en el PP y en el Gobierno gallego dan por amortizada a Prado. El presidente, Alberto Núñez Feijóo, evitó citar su nombre el pasado jueves cuando arreciaron las preguntas sobre su implicación en la Pokémon. Feijóo ganó tiempo y pidió esperar a conocer la declaración de su portavoz ante la juez, el pasado julio, en calidad de testigo y que todavía está bajo secreto. Prado no está formalmente imputada pero fuentes judiciales lo achacan al blindaje que le acompaña por ser parlamentaria que obligaría a la instructora a remitir una parte de la causa al Tribunal Superior de Xustiza de Galicia para que decidiese sobre la diputada. Esas fuentes sostienen la imputación, de producirse, llegará más adelante.

Rueda y su equipo, el que diseña los polémicos argumentarios que otros dirigentes del partido se resisten a defender, siguen protegiéndola. Pero todos asumen que la credibilidad de Prado —que aún no ha abierto la boca sobre este caso— para rebatir a los partidos de enfrente está por los suelos. “El presidente está guardando una enorme distancia con ella y muchos creemos que la dejará caer”, asegura un miembro de la ejecutiva regional. “Quien conoce a Feijóo sabe que no va a destituirla en medio del ruido, esperará unos meses o simplemente le irá restando protagonismo”, sostiene otro dirigente con asiento en los comités de dirección. Algunos conselleiros admiten sentirse abochornados no solo por la actitud de Prado, sino por todo lo que se va conociendo del Ayuntamiento de Santiago. Durante el Pleno del pasado miércoles en el Parlamento, la diputada tuvo que soportar, el día de su cumpleaños, todo tipo de chanzas desde los escaños del BNG y AGE, a quien ella solía dirigir sus ataques más acerados. Nadie del PP salió en su defensa para no engordar más la polémica. La teniente alcalde del que fue su gobierno municipal, Reyes Leis, enemiga confesa, la invitó a dar explicaciones ante la juez. El regidor Currás tampoco puso la cara por ella y lo más que dijo fue que la información del caso “es incompleta”. El presidente del PP provincial, Carlos Negreira, aseguró: “Ni apoyo ni dejo de apoyarla”.

Todos los dirigentes consultados sostienen que el poder real de Prado era ya muy limitado y que su sustitución no implicaría ningún drama. Su nombramiento como portavoz en el congreso de 2013 fue en parte un premio de consolación a la edil que aspiraba a la alcaldía y tuvo que dimitir para dejársela a su rival. En el escalafón es la número cinco del PP —antes están el presidente Feijóo, el secretario general, Alfonso Rueda, el vicepresidente, Xosé Manuel Barreiro, y hasta el vicesecretario general, Agustín Hernández— pero sus competencias pasan por representar el rostro más duro de los populares, el que se enfanga en trifulcas partidistas y arrea leña a sus adversarios. La letra pequeña de la causa recoge otra conversación de la dirigente con su inseparable Espadas que delata lo mucho que se ha metido en el personaje. Prado alude a una intervención suya en el salón de plenos de Santiago en la que mentó el estruendo que hacen las verjas de las cárceles al cerrar. Advertía a concejales socialistas sobre las consecuencias de la corrupción. “Igual me pasé un poco de actriz”, comentó entonces a su compañero. La policía les estaba grabando.

 

Terrorismo y BNG

El rol que asumió dentro PP gallego en enero de 2013 no le es extraño a Paula Prado. En el Ayuntamiento ya había ejercido como látigo del bipartito que presidía el socialista Xosé Sánchez Bugallo. Allí aún se recuerda la noche que ella y Espadas ejercieron de “infiltrados en el botellón”. Haciéndose pasar por universitarios contaron en primera persona a las páginas de El Correo Gallego los excesos de las juergas universitarias. Denunciaron que algunos “orinaban entre los setos, bebían y fumaban drogas” ante la supuesta “inacción de la Policía Local”.

Forjada en la cantera de Nuevas Generaciones, omnipresente en la trifulca interna que siempre dominó el partido en Santiago, Prado siempre ha sido una soldado disciplinada a las órdenes de sus jefes. Últimamene los argumentarios del PP le mandaron decir que “el BNG legitima 30 años de terrorismo” al ir con Bildu a las europeas. Varios dirigentes dijeron basta. El primero, el portavoz parlamentario, Pedro Puy, que rechazó semejante acusación. Le siguió incluso el recién nombrado presidente de Nuevas Generaciones, Diego Gago.

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