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Asunta, envenenada gota a gota

Las imágenes de la niña caminando poco antes de su muerte hacen pensar a los investigadores que fue drogada en pequeñas y continuas dosis

Los padres de la pequeña tras un registro
Los padres de la pequeña tras un registro

A las 17.21 horas de la tarde en que murió, el pasado 21 de septiembre, Asunta Basterra fue grabada por la cámara de una sucursal bancaria caminando por la acera, en dirección al piso de su madre, Rosario Porto, en la calle Doutor Teixeiro de Santiago. La niña de 12 años iba completamente erguida, imprimiendo el mismo ritmo al andar que en la grabación de las 14 horas, la que recoge el camino de ida hacia el domicilio de su padre, Alfonso Basterra, en República Argentina, para comer. La fortísima intoxicación por Orfidal que revelaron los análisis de sangre de la víctima no se había hecho notar, por tanto, pasada la sobremesa; ni siquiera casi una hora después de la grabación del banco, a las 18.18, la hora que marca el recibo de compra de dos testigos que estaban en una tienda próxima a la vivienda de Porto.

 Estos adolescentes, un chico y una chica que conocía sobradamente a Basterra y a Asunta porque las dos habían estudiado tres años juntas en la Alianza Francesa de Santiago, testificaron haberla visto a esa hora en compañía de su padre, quien en su primera declaración dijo que no había salido de casa en toda la tarde. Los jóvenes explicaron que no notaron nada raro en la pequeña.

Inmediatamente, Asunta se subía al Mercedes verde que la madre sacaba del garaje, y en un par de minutos ambas eran retratadas de nuevo, esta vez de forma borrosa, al pasar por la llamada rotonda de Galuresa, camino del municipio vecino de Teo. Los investigadores consideran imposible que a la niña se le suministrase en una sola dosis la brutal cantidad de psicofármaco que recibió y que anuló por completo su capacidad de reacción cuando la asesinaron, según la autopsia, por sofocación. Si hubiese tomado sobre las tres de la tarde, únicamente mezclado con la comida, el lorazepam marca Orfidal que fue detectado en su sangre, en su orina y también en el alimento todavía muy sólido (este fármaco ralentiza la digestión) que halló el forense en su estómago, la menor no hubiese podido salir de casa por su propio pie. Por ello, según fuentes de la investigación, que lleva casi seis meses recabando de especialistas información sobre casos de intoxicación por lorazepam, el ansiolítico tuvo que ser ingerido en cantidades menores, de forma paulatina desde la comida y a través de los líquidos que bebió después.

Los análisis de sangre que realizó la Universidade de Santiago revelaron una cantidad de Orfidal de 0,68 microgramos por mililitro. Los que entregó más tarde al juez José Antonio Vázquez Taín el laboratorio de la Guardia Civil daban una cifra algo más baja, 0,60, también tóxica, no letal. Los investigadores creen que la niña, que ya había sido drogada repetidas veces en los meses anteriores, podía haber desarrollado “cierta tolerancia” a las benzodiacepinas, a pesar de su constitución biológica, ya que los orientales alcanzan la intoxicación, tanto con el alcohol como con los fármacos, con menor cantidad que los occidentales y su hígado elimina las sustancias más despacio. El medicamento le pudo empezar a hacer efecto de camino a la casa familiar de Teo, y ya dormida por completo, su muerte se produjo entre las siete y las ocho.

Los responsables de las pesquisas también sospechan que los padres, ambos imputados y encarcelados en la prisión coruñesa de Teixeiro como presuntos autores del asesinato, sabían que Asunta no iba a morirse solo con el Orfidal. La dosis más alta documentada clínicamente en el mundo es la que tomó un hombre que ingirió 150 comprimidos. Se sumió en un coma ligero y a las 24 horas despertó. “Nunca murió nadie por sobredosis de Orfidal”, explican fuentes de la investigación, “estas benzodiacepinas están pensadas, precisamente, para que las personas con tendencias suicidas que toman pastillas por prescripción médica no se quiten la vida con las recetas que les dan”.

 

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