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Medio millar de edificios vacíos

La almendra central tiene 421 inmuebles vacíos y 573 parcelas abandonadas, que equivalen a la mitad del Parque de El Retiro

El edificio de la esquina se promocionó como un edificio de lujo y hoy está casi vacío. Ampliar foto
El edificio de la esquina se promocionó como un edificio de lujo y hoy está casi vacío.

En la almendra central de Madrid, la que queda dentro de los límites de la M-30, hay 421 grandes edificios vacíos y 573 solares sin construir. Una circunstancia que contrasta con las 1.496 licencias de obra nueva que se han pedido en la ciudad entre enero y septiembre de este año. El valor potencial de los inmuebles sin ocupar y de los solares no construidos es de unos 12.000 millones de euros, según un estudio elaborado por la Universidad San Pablo-CEU de Madrid.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Las respuestas son de lo más variado. Como lo ocurrido con el Convento de las Madres Adoratrices, que saltó por los aires una mañana de julio de 1991. La demolición dejó un inmenso hueco en la parcela que ocupaba este cenobio de la calle Padre Damián, en el barrio de Tetuán. Veintidós años después, el solar continúa igual. Abandonado. Y eso que cinco años antes Patrimonio del Estado había adquirido el edificio y pretendía construir un bloque de oficinas tras la demolición controlada del edificio religioso. En aquel momento hubo algo de polémica porque algunos vecinos solicitaron un equipamiento municipal para el barrio, en lugar de una nueva construcción, pero pronto se zanjó, ya que el Ayuntamiento concedió los permisos para levantar un bloque administrativo. Dos décadas más tarde, el inmenso solar circundado por un muro de hormigón no ha resucitado. El suelo salió a subasta hace unos meses.

El informe universitario —que se ha elaborado tras un trabajo de campo de más de tres meses y en los que los participantes han recorrido Arganzuela, Centro, Chamartín, Chamberí, Fuencarral, Moncloa, Retiro, Salamanca y Tetuán— ofrece una imagen de Madrid de queso Gruyère: agujeros por doquier

La crisis, la desidia o el bum inmobiliario que impulsó las nuevas construcciones en la periferia son la causa de las caries que han florecido en la zona consolidada de la capital. En el caso del solar de la callePadre Damián, por ejemplo, el problema ha sido la dejadez de las instituciones por no dar uso a un terreno que sigue acumulando matorrales y del que, al final, han decidido deshacerse.

Una apuesta por la rehabilitación

El estudio universitario apuesta por la rehabilitación de edificios frente a la obra nueva como un medio para el futuro crecimiento de la ciudad, no solo para destinar los espacios vacíos a viviendas, sino también para darles nuevos usos que hoy Madrid necesita y tal vez, en su momento, no hacían falta.

Pilar Pereda, arquitecta experta en este tipo de proyectos, sostiene que en un momento en el que es inviable plantearse nuevos trabajos, hay que echar la mirada hacia lo que ya existe para mejorarlo o darle un nuevo uso: “Muchas constructoras se han visto obligadas a reciclarse y especializarse en la rehabilitación, porque ahora es donde está el futuro”.

Según datos proporcionados por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), las licencias de obra de reforma en Madrid ahora mismo duplican a las de las nuevas construcciones. Hasta mediados de septiembre se han atendido 3.049 solicitudes de remodelación frente a las 1.496 de obra nueva.

“Ahora mismo se ven más lonas que andamios”, resume José Antonio Blasco, arquitecto de Urban Networks. “Hace falta un plan de rehabilitación urbana para mejorar el parque edificado en Madrid, donde muchos de los edificios tienen más de 50 años”, apunta Pereda.

La arquitecta añade que con muy pocas medidas se puede mejorar notablemente la eficiencia energética de las casas de la ciudad. La especialista lanza un mensaje a sus compañeros acerca del atractivo de construir un proyecto desde cero: “Partir de un papel en blanco es maravilloso, pero intervenir en algo que ya está escrito también puede ser un mundo apasionante”.

Los investigadores que han llevado a cabo el informe del San Pablo-CEU —Belén Hermida, Carlos Lahoz, Carlos Martínez-Arrarás y José Antonio Blasco— explican que el estudio quiere poner de manifiesto el “tesoro” que esconde Madrid. “Lo que se pretende es sacar a la luz el potencial del centro”, asegura Lahoz. “No habría que hacer fuertes inversiones en estas zonas porque ya cuentan con todos los equipamientos”, incide.

Tetuán, seguido de Moncloa, concentra la mitad de los terrenos sin uso, pero la mayor superficie de terreno vacía está en Arganzuela, donde las parcelas son más grandes. De hecho, en toda la almendra central hay más de 630.000 metros cuadrados de parcelas muertas (la mitad de la superficie del Parque del Retiro). El informe estima que si se edificaran estos solares, el valor total de los activos ascendería a unos 6.500 millones de euros.

Parte de estos millones se perdieron cuando Madrid falló en su segunda intentona de ser ciudad olímpica. Pero no solo, porque el dueño del solar ubicado en la calle de Fuencarral, a la altura del número 24, paralizó el proyecto de construir en esta céntrica vía madrileña hace diez años y desde entonces el solar comenzó a acumular kilos de basura. Hasta 50.000 llegaron a retirar una mañana de 2007 los servicios de limpieza urgente de Madrid. La parcela fue también hogar de indigentes y de alguna que otra manifestación artística por parte de colectivos locales que exigían la cesión del espacio para usos vecinales.

A veces el vacío no es tan fácil de encontrar porque no está a la luz del día, sino tras unos muros. Los investigadores del CEU también han detectado 421 edificios vacíos o con menos de un 20% de ocupación. Algunos de ellos tapiados, otros con un hilo de vida en su interior, como el bloque situado en la esquina de María de Molina con la plaza Gregorio Marañón. Lo anunciaban como el edificio de pisos más lujoso de Madrid. Corría 2007, la época de pensar a lo grande. La decena de viviendas propiedad del inmueble de la inmobiliaria Martinsa Fadesa —situado en la esquina de una de las zonas más lujosas de la capital— estaba destinado a ser ocupado por personas con un alto nivel adquisitivo. Seis años más tarde, el edificio con 26 pisos disponibles, tiene un inquilino que ocupa una casa desde hace unos meses. El resto del tiempo la única persona que habitaba en el inmueble unas horas al día era el conserje de un bloque sin vecinos.

Este edificio puede pasar inadvertido —incluso si uno se fija en la abundante vegetación de sus balcones podría parecer que está completamente habitado—, pero hay otros ejemplos mucho más llamativos, aunque tal vez precisamente por su tamaño han dejado de impresionar al ciudadano.

Basta levantar la vista en plaza de España para ver las inmensas moles cubiertas de grafitos que continúan desocupadas o pasear por la plaza del Carmen para constatar como el antiguo edificio del cine Madrid, con una fachada protegida, muere lentamente. Son los desgarrones de una ciudad que ha sufrido con la burbuja inmobiliaria y que ahora no encuentra proyectos que completen estos vacíos.

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