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Los incendios se desatan en Ourense y llevan el pánico a varias aldeas

Las llamas han quemado casas y obligaron a evacuar un colegio y una residencia de ancianos

Los incendios registrados en las localidades ourensanas de Paderne de Allariz y A Merca ya han sido controlados, según ha informado la Xunta en un comunicado. Los fuegos han quemado una superficie estimada en más de 370 hectáreas.

Uno de los vecinos más afectados por los incendios fue la señora Carmen que no pudo dormir en su habitación de San Andrés de Proente (A Merca, Ourense). A las cinco de la tarde de ayer, el devastador fuego que asola este municipio ourensano quemó parte de su vivienda. Los vecinos, desesperados, trataron de proteger durante horas sus casas de un fuego que lo había arrasado todo alrededor del pueblo y que en su incesante desfile abrasador se llevó por delante cuatro viviendas deshabitadas. No se salvó ni la antigua casa del cura, anexa a la iglesia del siglo XVI.

En esta aldea de una decena de vecinos se vivieron momentos de pánico mientras el fuego saltaba de tejado en tejado amenazando las viviendas habitadas anexas a las deshabitadas que fueron pasto de las llamas en el centro del pueblo. A las afueras, una anciana trataba de apagar los pequeños focos que prendían una y otra vez en su jardín carbonizado. Lo hacía sola, valiéndose de una pequeña tina y del agua que recogía en su propia piscina. Mientras, el trasiego de tractores agrícolas que trasvasaban agua a las motobombas era incesante en las estrechas calles de la aldea. A Merca fue el epicentro de una jornada en la que el fuego volvió a asolar varios municipios de la provincia de Ourense.

A las carreras, entre brigadistas y bomberos, el alcalde de A Merca, Manuel Velo (PP), corría impotente para indicar a los servicios antiincendios que las llamas prendían de nuevo en las vigas de madera, entre las paredes. “No pensamos que pudiera llegar hasta aquí abajo”, aseguraba casi entre lágrimas. Poco antes sufría una crisis de ansiedad cuando ayudaba a desalojar a una treintena de ancianos minusválidos del geriátrico de A Corredoira, el pueblo de al lado. Tras ser atendido por los servicios médicos, el regidor volvió a remangarse para ayudar a los vecinos de Proente. El terror se apoderaba de familiares y trabajadores que acarreaban a los ancianos mientras el fuego cercaba un depósito de combustible anexo. No fueron los únicos desalojados. Unos 60 menores del colegio de infantil y primaria fueron evacuados.

San Andrés de Proente no fue el único pueblo presa del pánico. En O Toural, vecinos de una urbanización y propietarios de los bares ayudaban a los exhaustos bomberos, que trataban de atajar las llamas desde el interior de las casas. Casi se adelantaban a ellos regando sus viviendas mientras veían, impotentes, cómo se carbonizaban sus jardines. El regidor de A Merca tiene claro que el fuego fue intencionado: “Poco antes de la una y media aparecieron de la nada tres focos en solo 20 metros y se descontroló en media hora con este fuerte viento”. El fuego, que partió del corazón de este municipio situado a 15 kilómetros de Ourense, saltó carreteras, regatos, cortafuegos y todo tipo de pistas quemando casas, hórreos, vallas y jardines.

Tanto avanzó por el triángulo comprendido entre las autovías A-52 y AG-31 —una zona bastante habitada— que a media tarde ya acorralaba a los vecinos de San Vitoiro (Allariz) tras haber recorrido unos ocho kilómetros en línea recta. A las siete de la tarde, entre una espesa lluvia de ceniza que lo cubría todo, muchos de ellos permanecían encaramados a los tejados. Con mangueras de jardín y agua de la traída trataban de evitar que las lenguas de fuego que bajaban por el monte se adentrasen en sus viviendas. Al anochecer no había luz en este pueblo de unas 70 casas. Tampoco la tenían algunos habitantes de O Campo, que permanecían en alerta mientras veían cómo el frente retrocedía ladera abajo tras haber rodeado el castro de San Mamede.  La conselleira de Medio Rural, Rosa Quintana, reconocía que la situación era “complicada” porque se trata de una zona muy poblada. En la lucha contra el fuego participaron cientos de vecinos con sus propios medios, medio centenar de efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME), así como numerosos medios aéreos y terrestres. Un trabajador de la brigada helitransportada de Campillo sufrió quemaduras de segundo grado en las manos, según informó Medio Rural, que a las ocho de la tarde de este lunes no tenía constancia de que hubiesen ardido casas.

El primer día del otoño—-y tras un veraneo colosal por la costa, donde devoró algunos de los parajes más emblemáticos de Galicia— el fuego regresó a Ourense tras realizar una incursión en Lugo, en el municipio de Guitiriz. Pese a que en esta ocasión no amenazaron la ciudad, los considerables incendios sumieron a la capital ourensana en esa nube espesa que dejan las derrotas. Más alejadas de la ciudad, las llamas alcanzaron también enormes magnitudes en Vilardevós, Maside —en zona de arbolado, pero también próximo a viviendas en la localidad de Garabás— y A Gudiña, donde anoche ya se habían calcinado 120 hectáreas. No hubo tregua. Las llamas comenzaron a colarse en la provincia ya de madrugada. Mientras los servicios contraincendios luchaban contra ellas en Vilardevós —Medio Rural dio por controlado a las 12 del mediodía un fuego que había arrasado en este municipio en torno a 100 hectáreas— y Pereiro de Aguiar, saltaron las alarmas de nuevo en Vilardevós donde, en este último bocado, el fuego se llevó 30 hectáreas, según la estimación provisional.

 

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