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¡Vaya figuras!

El Juli y Manzanares perpetraron un nuevo petardo que debería de pasarles factura

José María Manzanares en plena faena con su primer toro.
José María Manzanares en plena faena con su primer toro.

Hay que tener poca vergüenza para anunciarse en un mano a mano en Bilbao y desarrollar un esperpento de tal calibre. El Juli y Manzanares, Manzanares y el Juli, en su enésimo cartel compartido de la temporada perpetraron un nuevo petardo que debería de pasarles factura. En el toreo, se llama mano a mano a la faena en la que dos matadores rivalizan ante seis toros, tres para cada uno. El de Bilbao era uno de los carteles estrella, se anunciaba como un reto para ambos toreros, había expectación... Pero Manzanares y El Juli deben de entender que un mano a mano no es un compadreo, donde dos colegas se juntan para pasar la tarde.

Si estos son las figuras del toreo actual, estamos apañados. Se unieron hace un par de años en un ridículo G-10 de matadores para salvar la fiesta y no se han dado cuenta de que con espectáculos como los que están repitiendo este verano van a acabar con ella. Bilbao es sólo un puerto más en las pantomimas de Valencia, Huelva… Lo de Bilbao fue para quitarles el carné de toreros.

Las figuras siempre han tenido tardes de triunfos y de broncas, pero lo que es imperdonable es su falta de actitud, es decir un compadreo más que un mano a mano. Y la culpa se la echarán a los toros, que fueron malos a rabiar, pero malos de aburrir. Los de El Pilar, premiados el año pasado en esta plaza, sacaron una presencia forzada para estar en Bilbao y su comportamiento fue de bochorno; a los que sacaron calidad les faltó fuerza y los que no se caían se rajaron. Pero son los toros por los que se han estado pegando medio invierno, ya que si no era con estos no venían a Bilbao.

El Juli y Manzanares sabrán lo que hacen, pero no recibieron en condiciones a ninguno con el capote, ni un solo quite en el toro del compañero, qué forma de ponerlo en suerte para el caballo y a la hora de la muleta la mayoría de los astados llegaron moribundos. ¿Qué fiesta es esa? ¿Qué fiesta defienden?

En el sexto el público se fue indignando, pero también faltó el aficionado para montar una bronca de órdago. De las de almohadillas, de las de siempre, de las de toda la vida. Se bastaron con unos pitos a Manzanares durante su trasteo a un pobre Campanero de nombre que, inválido, era incapaz de perseguir al banderillero que andando iba más rápido. El Juli, que fue aplaudido en su primero, vio cómo el tercero se le rajó a mitad de la faena y se fue a matar.

No debió de acordarse de cómo Ponce toreó en las tablas el día anterior. La ganadería merecerá un descanso en Bilbao, pero los toreros también. No se pueden reír así de la afición, porque nadie duda de que sean toreros con nombre, con triunfos en su carrera, pero no pueden llamarse figuras. Las figuras del toreo pelean, luchan, defienden y engrandecen la fiesta. Estos no.