TEATRO
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Reconstrucción necesaria

Fragments de memòria, el subtítulo de este T6 de Helena Tornero (Figueres, 1973) trasladado a la Sala Petita del Teatre Nacional por el cierre temporal de la Tallers, lo resume todo

Fragments de memòria, el subtítulo de este T6 de Helena Tornero (Figueres, 1973) trasladado a la Sala Petita del Teatre Nacional por el cierre temporal de la Tallers, lo resume todo. Y el título, No parlis amb estranys, la frase que una madre adoptiva inculca a su hija para que no llegue a conocer su origen, dice mucho de la tendencia colectiva a seguir el prudente código moral de los tres monos sabios —ya saben, no ver, no oír, no hablar, es decir, no hurgar para no buscarse problemas— contra el que la autora lucha abiertamente con este montaje, un mosaico de recuerdos más o menos personales y ficcionados con los que quiere incidir en la Guerra Civil y, sobre todo, en cómo vivimos sus consecuencias.

La precariedad de la posguerra, la represión, las mentiras, las amenazas, el miedo, la desconfianza, el silencio, la vergüenza, las torturas, la humillación, la impunidad, todo ese largo etcétera de traumatismos a los que muchos prefieren no volver, con la excusa de mirar hacia el futuro, salpican esta reconstrucción valiente y necesaria de nuestro pasado reciente.

Partidaria de abrir las heridas y limpiarlas bien para que puedan cicatrizar, Tornero emprendió un exhaustivo trabajo de investigación que, sobre el escenario, adopta la estructura no lineal de la memoria. Escenas sueltas interrelacionadas, van y vienen en el tiempo, componen un montaje tan atractivo como interesante; ha escogido todo tipo de formatos para armar su collage, desde fotografías a recetas de cocina pasando por canciones y entrevistas. Y es que material sobre el tema hay mucho, y debe de ser difícil acotar la selección. En ese sentido, No parlis amb estranys peca de cierta reiteración a pesar de la poda que sufrió antes del estreno.

Algunos de los habituales de la compañía fija de las últimas ediciones del proyecto T6 —quienes, por cierto, han crecido muy bien juntos a lo largo de todos los montajes que han compartido, qué solidez la de todos ellos, y estoy hablando de Óscar Castellví, Oriol Genís, Àngels Poch y David Vert— y otras cuatro actrices se desdoblan para cubrir todos los personajes de todas las historias, que son una decena. Mireia Gubianas destaca y protagoniza dos de las escenas más logradas del conjunto, por como el humor de su puesta juega a favor de la crítica soterrada: la entrevista en la que descubre que la casa familiar de toda la vida perteneció de hecho a unos republicanos y la receta de pollo asado que nos explica en una de clase de cocina ambientada en los sesenta en el más puro estilo de la Guía de la buena esposa del Servicio Social de la Mujer.

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