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De la cerámica a las tablas

Cantó copla en un desfile de Dior, usó de escenario el altar de una catedral y es un cantaor con estilo propio. Lombo llega esta noche al Auditorio Nacional

Manuel Lombo, ayer en Sevilla. Ampliar foto
Manuel Lombo, ayer en Sevilla.

Desde que sale al escenario ya se sabe que Manuel Lombo es un flamenco atípico. Pañuelo anudado al cuello y traje hecho a medida son sus claves estéticas, pasando por encima del tradicional negro riguroso que caracteriza a los cantaores de antaño. Desde pequeño ha cantado flamenco, pero lo que realmente quería era ser ceramista, oficio que es un arte milenario en el barrio sevillano en el que vive, Triana. Desde su casa con balcones al Guadalquivir ha preparado su concierto de esta noche en el Auditorio Nacional, donde dará “un recital de flamenco puro y duro”.

Este cantaor de 33 años, con figurín de torero y flequillo abundante que cae sobre los ojos, comenzó a tontear con el flamenco desde pequeño, pero oficializó su afición al comenzar sus estudios en la Fundación Cristina Heeren de Sevilla. Allí aprendió de dos grandes: Naranjito de Triana y José de la Tomasa. “Hoy en día y con este tipo de instituciones es mucho más fácil aprender flamenco. Antes había que perseguir a los cantaores allá donde fueran o esperar a que llegara la fiesta para oírlos cantar”, explica Lombo.

Siempre le han importado la moda y su propia estética, por eso en algunos conciertos le gusta cambiarse de vestuario a mitad de la noche. Pasar del pañuelo al cuello al traje con chaleco y corbata o a la camisa con puño doble y gemelos. “Cuando estudiaba en la fundación, al final había exámenes que eran actuaciones cara al público. Me presenté con mi traje azul, mi corbata y mi camisa, y la gente me dijo que dónde iba. Siempre me he tomado el estilismo de una manera muy seria: el público valora que el artista vaya bien vestido y que sea agradable a la vista. Más que por imagen, es por respeto”, asevera.

Y algo de moda aprendió hace años, cuando le tocó enseñarle la Feria de Abril a John Galliano, del que dice que es “una persona muy sencilla en el trato”. Pero mereció la pena: a cambio, el diseñador le pidió que abriera cantando la copla Silencio por un torero el fastuoso desfile que Dior ofreció en el Palacio de Versalles por los 60 años de la firma.

Este concierto en Madrid supone un descanso en la gira de Azabache, la conmemoración de aquel espectáculo de apoteosis flamenca en el que participaron hace 20 años —en plena Expo de Sevilla— artistas como Nati Mistral, Imperio Argentina o Rocío Jurado.

En esta última piensa siempre que tiene que colocar la voz. “Tenía una voz delicada, a pesar de lo que pudiese aparentar, rodeada de alergias y problemas. Y es lo que me pasa a mí: la gente piensa que tengo una voz fuerte, pero necesito trabajarla mucho a diario para cantar con el menor esfuerzo posible”, confiesa el cantaor. Ahora él es uno de los que forma el reparto de este nuevo Azabache, que estará en el Teatro Real el 24 y 25 de febrero, junto a Diana Navarro, Pastora Soler y Pasión Vega.

Manuel Lombo desplegará esta noche un flamenco puro que supone una pausa entre las coplas de Azabache y las canciones aflamencadas de sus discos. Pertenece a una generación luminosa de cantaores junto a nombres como Arcángel, Marina Heredia o Estrella Morente, que pintó sobre la pared del salón de la casa de Lombo el boceto de una mujer de espaldas asida a una guitarra con el dedo mojado en la ceniza de los cigarrillos que se fumaron una noche. Irá del tango a la seguirilla pasando por malagueñas y abandolaos. El escenario no le intimida. Una de sus tribunas más complicadas fue el altar mayor de la Catedral de Sevilla, y lo conquistó a golpe de villancicos, como tomó las calles con sus saetas.

Manuel Lombo. Esta noche a las 19.30 en el Auditorio Nacional. Entradas: de 4 a 15 euros.

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