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crítica | teatro

Shakespeare en la Costa da Morte

'Citizen' recrea la peripecia del fundador de Zara con el uso de una enorme variedad de recursos

Citizen, trilogía inspirada en la figura de Amancio Ortega, fundador del emporio textil Inditex, forma parte de ese grupo escogido de espectáculos que radiografían certeramente nuestra época. Manuel Cortés, autor del texto; Xesús Ron, dramaturgista y director, y los actores de Chévere, compañía gallega que lleva 25 años haciendo un teatro a contracorriente, cosen con costura invisible realidad y ficción, a la manera de Orson Welles en Ciudadano Kane (biografía apenas disimulada del multimillonario William Randolph Hearst, inductor de la guerra de Cuba), para recrear el irresistible ascenso de quien amasa hoy la tercera mayor fortuna del mundo (44.300 millones de euros: solo le aventajan Carlos Slim y Bill Gates).

Citizen

Autor: Manuel Cortés. Intérpretes: Patricia de Lorenzo, Miguel de Lira, Mónica García, Arantza Villar, Nekane Fernández, Iván Marcos y M. Cortés. Movimiento: Rut Balbís. Dramaturgia y dirección: Xesús Ron. La Casa Encendida.

El espectáculo, de tres horas y 45 minutos que transcurren en un suspiro, arranca con un imaginario encuentro accidental de alto voltaje entre A. O., el protagonista, y Sara, manifestante nacionalista de izquierdas que, huyendo de los golpes de la policía, se cuela en la primera tienda de Zara, en la calle de Torreiro, días después de la muerte de Franco. A partir de ese episodio ficticio, y de sus consecuencias, se recrean hechos ciertos, usando en ocasiones tiradas de texto tomadas literalmente de la boca de alguno de sus protagonistas. La tercera parte, thriller político situado en un futuro próximo, especula con el desmoronamiento del imperio textil en un contexto de aceleración de la crisis, multiplicación de los rescates, carestía y crash bursátil.

En Citizen, la forja del imperio de A. O., su figura, el análisis de las fuerzas en pugna (la ambición universal frente a la necesidad de ganarse el pan de cada día), la radiografía del poder y la dialéctica utilizada adquieren dimensiones shakespearianas. Burla burlando, el equipo de Chévere traduce su minucioso trabajo documental en brillantes hallazgos escénicos mediante el uso pertinente de una enorme variedad de recursos. Los ocho intérpretes pasan del plano dramático al narrativo sin solución de continuidad, y abren diálogo con la platea con un desparpajo propio de grandes actores de revista, sin esa complicidad impostada que se ha generalizado en el teatro posdramático.

Por su ingeniosa escritura, por la creatividad de la puesta en escena, la ambición lograda de la propuesta y la decisión con que aborda asuntos medulares incómodos, Citizen se merece una temporada en alguno de nuestros teatros públicos.

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