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Barcelona mantiene su apuesta hotelera y abrirá 15 establecimientos en dos años

El año pasado la ciudad registró el récord de 7,4 millones de visitantes

Hotel en la calle Josep Pla del Poblenou.
Hotel en la calle Josep Pla del Poblenou.

La industria hotelera desconoce dónde se encuentran sus límites en Barcelona. Ha adaptado su ritmo inversor a los nuevos tiempos, asumiendo la reducción del crédito y marcando distancias con el negocio inmobiliario, pero sigue adelante aprovechando el tirón del turismo, una de las pocas actividades de la ciudad que mantiene un buen estado de salud. Solo así se entiende que este año se hayan inaugurado 11 nuevos hoteles con 766 habitaciones (1.496 camas) y que en los dos próximos años esté prevista la apertura de otros 15 con sus 1.235 habitaciones y 2.411 camas.

El ritmo se ralentiza y nada tiene que ver con las 4.000 camas que se abrieron en los mejores años de bonanza, pero continúa vigoroso pese a las más de 32.000 habitaciones que ha ofertado Barcelona este año. Esas estimaciones son, además, muy superiores a las de nueve meses atrás, cuando tan solo se vislumbraban la apertura de nueve establecimientos de nuevo cuño entre 2013 y 2014, según el Gremio de Hoteles de Barcelona.

Hotel en construcción en paseo de Gràcia 84, donde antes estaba la sede de Banca Catalana.
Hotel en construcción en paseo de Gràcia 84, donde antes estaba la sede de Banca Catalana.

Las inversiones hoteleras y el crecimiento del turismo en la capital catalana han entrado en una etapa de retroalimentación. Las cadenas confían en la capacidad de Barcelona para generar nuevos visitantes mientras que la creciente planta hotelera ha servido de aval para que la ciudad pudiera captar grandes eventos, como fue el caso del congreso internacional de telefonía móvil. No hay casi voces en el sector que denuncien una posible saturación o la creación de otra burbuja originada por tantos años de crecimiento.

Apenas la del director general de Catalonia Hoteles, Félix Navas, que no pone fecha pero sí avisa: “No está lejos el momento en que hacer más hoteles en Barcelona deje de ser tan rentable”. Su opinión no está respaldada por los hechos sino por la lógica. “La apariencia es que esto no tiene fin y que se trata de un fenómeno ilimitado, pero cualquiera que tenga una mínima experiencia en el mundo económico y de los negocios sabe que ese este tipo de fenómenos no existen”, señala Navas.

Pero de momento, la suya es solo una voz parcialmente discordante en el sector. La opinión del presidente del Gremio de Hoteles de Barcelona, Jordi Clos, es firme en el sentido contrario: “Sería muy exagerado decir que tocamos techo; cada año crecemos en número de pernoctaciones”. Álvaro Klécker, socio responsable del área de turismo de PWC, comparte esa afirmación cuando afirma que se “está lejos de saturar la oferta” y subraya que “la proyección de nuevos hoteles se está haciendo con mucho tiento”. Continúa existiendo interés de cadenas tanto nacionales e internacionales, que en Barcelona plantean una oferta de hoteles más bien pequeños que ayuda a su asimilación.

El sector sostiene que todavía no se ha alcanzado el techo del crecimiento

La seguridad para invertir los casi 300 millones de euros que costarán los nuevos proyectos tienen su razón de ser en dos hechos. Desde la celebración de los Juegos Olímpicos Barcelona en 1992, la ciudad no ha parado de encadenar, año tras año, sucesivos récords de visitantes hasta llegar a los 7,4 millones del año pasado. Ese auge ha permitido que la planta hotelera asumiera sus nuevas habitaciones sin una gran afectación en la ocupación media, que no ha sufrido grandes altibajos y el pasado año se situaba en el 75%. “En agosto pasado la ocupación fue del 90%”, afirma Bruno Hallé, de Magma Turismo, que señala que Barcelona es “la envidia del sector en Europa”.

Pero el ajuste de la oferta y la demanda sí que ha tenido afectación sobre un tercer elemento: las tarifas. Con un precio medio por habitación situado alrededor de los 100 euros (106 euros en 2011), la capital catalana se ha convertido en una de las grandes ciudades europeas con una oferta hotelera más barata. Y eso juega en contra de los márgenes de los operadores, aquejados también por el peso de los buscadores de internet, que se llevan un buen mordisco del negocio, y la irrupción del fenómeno de los apartamentos turísticos.

El de la tarifa es un problema porque “cuando el cliente se acostumbra a un precio es difícil hacerle cambiar”, señala Juan Roure, profesor de IESE, que apuesta por segmentar y aportar nuevos servicios. La presión para cambiar esa inercia es fuerte, si bien en 2011 se produjo un repunte en los precios tras tres años de caídas.

Juan Gallardo, de la consultora Bric Global, asume que los nuevos establecimientos pueden presionar el precio hacia abajo si estos no cuentan con una estructura instalada en la ciudad o si se ubican en zonas no consolidadas: “Aplicarán una política de tarifas flexible, lo que no colaborará a que el sector consolide una tarifa media en franco proceso de mejora en los últimos años”.

Las tarifas hoteleras de son de las más bajas entre las grandes ciudades

Ni la ingente construcción de hoteles de cuatro estrellas en la última década —con 16.572 habitaciones duplican a las de tres— ha contribuido a subir las tarifas. Y eso puede ser una bomba de relojería si la coyuntura económica golpeara al sector: “Para adaptarse asumirán tarifas de hoteles de tres estrellas y estos tendrán que asumir precios más bajos”.

Los consultores son conscientes que hay que ir a segmentos hoteleros más bajos, que no tienen por qué chocar con clientes de menor poder adquisitivo. De hecho, en los últimos años, el predominio del turista de negocios se ha acabado en favor del turista puro. En parte, porque “Fira de Barcelona ha reducido el número de visitantes y eso lo estamos notando”, señala Clos. Actualmente el 58% de los clientes que llegan a la capital catalana lo hacen únicamente con un ánimo vacacional.