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El PSC se inclina por no apoyar la investidura de Mas

Navarro recuerda que CiU incumplió en 2010 un pacto con los socialistas

(De i a d) El secretario de organización del PSC, Daniel Fernández; el primer secretario del PSC, Pere Navarro; y el alcalde de Cornellà de Llobregat (Barcelona), Antoni Balmón, durante la reunión de la comisión ejecutiva.
(De i a d) El secretario de organización del PSC, Daniel Fernández; el primer secretario del PSC, Pere Navarro; y el alcalde de Cornellà de Llobregat (Barcelona), Antoni Balmón, durante la reunión de la comisión ejecutiva. EFE

El primer secretario del PSC, Pere Navarro, dio a entender este lunes que su partido no está por facilitar la investidura de Artur Mas, como ya hizo en 2010. Los 28 diputados que entonces lograron los socialistas catalanes optaron por la abstención a cambio de un pacto escrito en el que CiU se comprometía a mantener el Estado del bienestar, así como la pluralidad de los medios públicos y de diversos organismos.

Nada de eso se cumplió, recordó este lunes Navarro, y ahora no parece que el PSC esté dispuesto a tropezar en la misma piedra. “La situación es poco propicia para apoyarlos, porque no tienen credibilidad para pedirlo si no cumplieron entonces”, dijo Navarro. Con todo, no cerró la puerta por completo. “Siempre estamos dispuestos a hablar, pero nuestra experiencia de 2010 es muy negativa”, remachó.

El PSC admite sin ambages que el domingo obtuvo “un mal resultado, el peor”, aunque Navarro apostilló que es “soportable”. El análisis que hizo la ejecutiva del partido es que las elecciones se han celebrado en el peor momento para el socialismo catalán y español, con el PSC inmerso en un proceso de renovación y un líder completamente desconocido. Y a todo eso Navarro añadió que “había sectores económicos y mediáticos que querían convertir al PSC en algo residual”. Pero no lo han logrado, añadió.

Superadas las elecciones, el PSC cree que tiene “una buena base” para recuperar a su electorado. El primer paso será aplicar las resoluciones del congreso de diciembre, que aupó a Navarro. Una de ellas es replantear las relaciones con el PSOE con un nuevo protocolo que quedó aplazado por el 25-N. Ese nuevo marco permitiría a los diputados del PSC votar distinto a los del PSOE en el Congreso en los temas que afecten a la autonomía catalana.

El partido descarta un congreso extraordinario pese al mal resultado

Otra resolución congresual pendiente es impulsar un reglamento para que los candidatos a la Generalitat y a las principales alcaldías catalanas se elijan por el sistema de primarias a la francesa: abiertas a militantes, simpatizantes y ciudadanos comprometidos con la izquierda.

En la reunión de este lunes no faltaron voces que reclamaron un congreso extraordinario del PSC, a la vista del resultado. Pero no para elegir otro líder, sino para rehacer el proyecto socialista, precisó Navarro, quien descartó ese escenario. El PSC debe abrirse a la sociedad, insistió, pero no con un proceso endogámico de discusión interna, sino siendo más permeable.

Los socialistas creen que es prematuro analizar el trasvase de votos que les ha llevado a perder ocho diputados en Cataluña. En el caso de Barcelona, parece claro que buena parte de la fuga que ha restado cuatro escaños al PSC ha ido a parar a Ciutadans, que ha subido en esa provincia cinco diputados. Pero otra parte del voto socialista de 2010 ha ido también a Iniciativa-Esquerra Unida y, en menor medida, a Esquerra Republicana.

La primera medida que propondrán los socialistas será celebrar una cumbre de todos los partidos, que Mas ya ha aceptado, para delimitar las líneas rojas de los recortes. El PSC sigue apostando también por su propuesta federal y por reformar la Constitución. Por eso propondrá una resolución en el Parlamento catalán para instar a las Cortes a iniciar el proceso de modificación de la Ley fundamental.

El líder del PSC reiteró este lunes las críticas a Artur Mas por la convocatoria “innecesaria” de las elecciones y el nuevo escenario político de inestabilidad que se dibuja a partir de ahora. Según Navarro, el resultado es un “estrepitoso fracaso” para los nacionalistas, que reclamaban “una mayoría excepcional” y lo que han provocado es “un Parlamento y un país más fraccionado”.