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OBITUARO

Pousa Antelo, el último eslabón del galleguismo republicano

Teórico agrario, en los últimos años simbolizó la defensa del gallego contra la política lingüística del PP

Avelino Pousa Antelo, en un retrato de 2007
Avelino Pousa Antelo, en un retrato de 2007

En la vida de Avelino Pousa Antelo hubo una epifanía. La relataba a todo aquel que quisiera escucharle y ocurrió en mayo de 1931 en el Teatro Principal de Santiago. Fue cuando asistió a un mitin en el que hablaban Antón Vilar Ponte, Álvaro de las Casas, Carvalho Calero y Paz Andrade. Cerraba Castelao. “Su manera de hablar, tan antológica, tan humanística, tan sencilla, fue la conexión. Al acabar, me abracé a mi amigo Ogando Vázquez”, explicó en una entrevista a este periódico, “y le dije: ‘he encontrado el camino de mi vida”. Ese camino, al servicio de la continuidad histórica del galleguismo, finalizó ayer por la mañana a los 98 años en su domicilio de Teo.

Pousa Antelo había nacido en A Baña. Militante de las radicalizadas Mocedades Galeguistas de la II República, la campaña por el Estatuo del 36 trazó otra de las fronteras de su vida. Las anécdotas sobre las relaciones, a veces tensas, entre los partidos del Frente Popular ocupaban buena parte de su conversación en los últimos años. Tras el golpe franquista y un mes y medio escondido, pasa a formar en el bando nacional. “Muchos de los que nos gustaría pasarnos a la República no lo hicimos, porque podían pasearnos a la familia entera”, recordaba. Superviviente, con compañeros muertos y asesinados, decide centrar sus esfuerzos en la teoría agraria y su aplicación a Galicia. Temas de agricultura, Estudo dunha cooperativa de explotación comunitaria para unha parroquia rural galega o Reforma das estruturas agrarias de Galicia se titulan algunas de sus aportaciones publicadas.

La muerte de Franco y los espacios en disputa durante la Transición llevaron a Pousa Antelo a intentar reconstruir un cierto nacionalismo de centro progresista. Entre 1978 y 1983 comandó la penúltima refundación del Partido Galeguista. Su figura volvió a las primeras planas recientemente, cercano al BNG y siempre a la sombra de Castelao, cuya mortecina fundación dirigía. Encabezó, con más de 95 años, manifestaciones contra la política lingüística del Gobierno Feijóo y aceptó la presidencia de honra de A Mesa pola Normalización Lingüistica. Ayer lo lloró el nacionalismo y la Xunta emitió un comunicado de condolencia. “El galleguismo es perfectamente compatible con no romper nada”, declaró una vez para explicar su posición política.