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escenarios

La realidad del drama íntimo en el País Vasco

‘Proyecto 43-2’ reflexiona en escena sobre la huella que el terrorismo ha dejado en Euskadi

La obra se estrena el domingo 5 de febrero en el teatro Cervantes de Alcalá de Henares

Un momento de la obra Proyecto 43-2 Ampliar foto
Un momento de la obra Proyecto 43-2

Superar las heridas dejadas por 43 años de violencia y 829 víctimas mortales. Ese es el reto al que ahora se enfrenta una sociedad herida, y en la búsqueda de un camino que facilite de nuevo la convivencia y un futuro en común se enmarca Proyecto 43-2, montaje teatral dirigido por María San Miguel y Julio Provencio que se estrenará este domingo 5 de febrero en el teatro Cervantes de Alcalá de Henares. Una obra que se propone mostrar “el drama íntimo de las víctimas, no lo que se ve en televisión: lo que vimos nosotros estando allí, la visión que hemos obtenido tras casi un año de investigación directa”, afirma San Miguel. Un punto de vista diferente sobre un conflicto apenas abordado en cine o teatro, y que no se centra tanto en el terrorismo en sí como “en el dolor de las víctimas y de la sociedad”.

Los personajes lidian con la pena y la rabia acumuladas a lo largo de los años

La trama principal de Proyecto 43-2 (las coordenadas exactas del Árbol de Gernika, emblema de la historia vasca) está orquestada alrededor de cinco personajes que representan a los diferentes actores del drama vasco: la viuda y los hijos a los que les han matado al padre, dos amigos “de diferente ideología”, y lo que pasa cuando se reúnen en el décimo aniversario de la muerte de aquel, mientras preparan juntos un marmitako. A su vez, intercalados a lo largo de la historia, unos textos interpretados de forma coral que sirven de “vínculo poético para que algunas de las metáforas que se usan en la obra sean entendidas”, dice San Miguel. Así, una viuda cuenta lo que le pasa cuando va al cine con su hijo, otro reflexiona sobre la muerte… Todo a través de esos cinco personajes que lidian con la pena y la rabia acumuladas a lo largo de los años de familias destrozadas, vínculos rotos y vidas irremediablemente entumecidas que se esfuerzan por seguir adelante mientras “pisas por donde otros te marcan: avanzas con libertad, pero hasta cierto punto”.

El proyecto, que se presentó los pasados 21 y 22 de enero en el Laboratorio de las Artes de Valladolid, tiene su origen en la tesina que María San Miguel realizó en la Universidad Carlos III de Madrid –El teatro: pedagogía y memoria a través del caso vasco–, y el trabajo de campo que tanto ella como Julio Provencio desarrollaron en sus viajes al País Vasco a lo largo de siete meses, de enero a julio de 2011, en los que se entrevistaron y convivieron con víctimas de ETA, políticos de todo signo, periodistas amenazados… Una labor en la que contaron con la colaboración de Rafaela Romero, expresidenta de las Juntas Generales de Gipuzkoa: “Ella impulsó el reconocimiento de las víctimas, la deslegitimación de la violencia… Nos puso en contacto con gente con la que hablar, con viudas que nos decían: ‘A mí ETA me ha destrozado la vida, pero yo no soy quién para decirle al Gobierno lo que tiene que hacer’. Es gente que no sale en los medios, que no pertenece a ninguna asociación”. “Todos tenían una necesidad brutal”, afirma Provencio, “de contar su punto de vista, de abrirse frente a esa persona que acababan de conocer, de, en cierta manera, confesarse”. Encuentros en los que la carga emocional era tan fuerte que, admite San Miguel, “un día no puedes más y te echas a llorar”.

“Todos tenían una necesidad brutal”, afirma Provencio, “de contar su punto de vista, en cierta manera, confesarse”

Para la codirectora de Proyecto 43-2, plasmar tanto dolor tenía una responsabilidad añadida, que en su caso llegó a convertirse en una obsesión: “El no dar una lección sobre lo que hay que hacer o pensar sobre esto. De ahí la necesidad de medir las palabras (…) y de ser fiel a la confianza y generosidad que hemos conseguido, y no manipular la emoción y el sentimiento”.

“La mayoría de las viudas están deseando quitarse la marca de víctimas, una etiqueta que pesa mucho”, sostiene Provencio. “Nos dicen: ‘yo cuando voy al cine no quiero que sepan que soy una víctima’. Les pesa el hecho de que, por serlo, estén obligados a dar la cara, a tener que hablar de una tragedia que ni siquiera terminaba con la muerte del ser querido, ya que los familiares continuaban estigmatizados y señalados allí donde vivían. “Hay que tener presente que allí (víctima y verdugo) viven juntos, comparten escalera…”. “Y luego está”, añade San Miguel, “parte de la sociedad vasca, que ha mirado hacia otro lado por miedo. Gente que a lo mejor tenía un comercio y confesaban no poder hablar porque si lo hacían, al día siguiente tenían ‘las lunas rotas o el local quemado”. Para ellos, la salida era “hablar en las urnas”.

Proyecto 43-2 formará previsiblemente parte de las actividades del Plan de Convivencia del Gobierno vasco, con el que están negociando fechas para la realización de una gira, y no olvida el componente pedagógico, que quieren llevar a los centros educativos de esa y otras comunidades. Para San Miguel, “el teatro puede mostrar cosas que sirvan para reflexionar, y para que los jóvenes vascos conformen su futuro sabiendo y entendiendo lo que pasa”. Y Provencio reflexiona: “Para avanzar hay que dar un periodo de olvido, para poder superar los traumas del pasado”.

Proyecto 43-2 se estrena el domingo 5 de febrero a las 19.00 en el teatro Cervantes de Alcalá de Henares (Madrid), bajo el patrocinio de la fundación Rodolfo Benito Samaniego. La entrada es gratuita y se pueden recoger invitaciones en la taquilla del teatro.

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