‘El escondido y la tapada’: humo, espejos y ‘feng shui’ en el Siglo de Oro
La directora Beatriz Argüello, Carolina África, responsable de la versión, y un equipo artístico en estado de gracia, firman un ‘calderón’ lúcido y cómico, que se mete el corazón del público en el bolsillo


El título de esta farsa alude a una conducta humana universal, consistente en disimular la intención. Detrás de su argumento chispeante, El escondido y la tapada habla de la lucha por lograr el amor, como símbolo de la lucha por la vida. Para conseguirlo, sus protagonistas tienen que encerrarse, travestirse, mudarse y jugar al escondite. Aunque la pieza es “una delicia de risa sin pausa”, cualquier paso en falso de sus protagonistas puede precipitar tragedias, como la muerte de un inocente al que don Juan le da una estocada por error. Sus personajes masculinos son temibles, pero risibles. Las chicas les ganan en ingenio. Mientras que aquellos se mueven por apetitos, estas se conducen con cálculo.
No hay mujeres con tanto papel, carnalidad y verdad en el teatro de Shakespeare. En el de Calderón son la tónica. Saben lo que quieren y como lograrlo. Viven en un patriarcado, sin dar su brazo a torcer. En la España del XVII, pueden ser actrices, autoras, empresarias teatrales o propietarias de un caserón, como lo es Octavia, la italiana feroz que le alquila a don Félix la planta alta donde trascurre el meollo de una acción trepidante, llena de entradas, salidas, confusiones y tropiezos. La estructura de la obra es perfecta. Sus diálogos fluidos, orgánicos, magnéticos, encuentran su logro en esta producción de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, en la que no se ha dado puntada sin hilo. Empezando por las del vestuario de época, que parece usado (y no hay piropo mejor).
A los pocos minutos del comienzo, ya tenemos una idea clara de lo que sucede, conocemos a sus protagonistas y entendemos el verso como si fuera buena prosa, sin que pierda su musicalidad. ¡Qué bien desentrañados están sus diálogos, cuán atendidos están los personajes secundarios, qué intrigante y divertida resulta su peripecia!
La función prende desde el diálogo inicial entre César y su criado Mosquito, ante una manada de mulas que podrían ser también amebas, brujas o lo que dicte la imaginación. Enseguida, el accidente de un carro, que sucede fuera de campo, pero del que el público recibe una impresión vívida mediante la irrupción de una rueda de madera enorme desprendida de su eje (que da tres vueltas al escenario para aterrizar panza arriba en su mismísimo centro), nos advierte de que estamos ante una puesta en escena esclarecedora. Beatriz Argüello, su artífice, ha aquilatado cada detalle. Su empleo discreto pero certero de la música, su estudio del movimiento, su atención a la plástica, son muy de la escuela rusa: por momentos traen el recuerdo de los montajes mejores de Ángel Gutiérrez , niño de la guerra que comenzó su carrera en la Unión Soviética (Argüello trabajó con él), pero también del teatro de Piotr Fomenko.
Durante una breve hora y media larga, El escondido y la tapada te saca en volandas de la estrechez de los acontecimientos cotidianos y te recoloca el espíritu en el cuerpo, como lo haría un buen viaje. El efecto dura varios días. Andrea Santos, Anna Nácher, Andrea Real, Gabriel de Mulder, Belén Landaluce, Diego Garisa, Zoe da Fonte, Laura Ferrer, Luis Espacio, Jordan Blasco y Sam Arribas, el reparto de esta novísima promoción de la Joven CNTC, combinan la agilidad y la desenvoltura de su edad con el peso y la definición propios de los actores maduros. Julio Montañana Hidalgo habla y se conduce como lo hacían José Luis López Vázquez y Luis Moreno a su edad: son tres generaciones pasándose un mismo fuego.
El escondido y la tapada
Texto: Pedro Calderón de la Barca. Versión: Carolina África. Dirección: Beatriz Argüello.
Compañía Nacional de Teatro Clásico.
Reparto: Sam Arribas, Jordan Blasco, Luis Espacio, Laura Ferrer, Zoe da Fonte, Diego Garisa, Belén Landaluce, Julio Montañana Hidalgo, Gabriel de Mulder, Anna Nácher, Andrea Real y Andrea Santos.
Teatro del la Comedia. Madrid. Hasta el 26 de abril.
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