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Lo mejor de 2023

La mejor arquitectura de 2023

De una escuela de arte en Jerusalén a un edificio industrial en Normandía, los mejores proyectos del año proponen nuevas formas de usar las ciudades

Anatxu Zabalbeascoa

El espacio público actúa como lo mejor de la vida: cuando funciona, apenas reparamos en él. Sin embargo, cuando no lo hace complica la existencia de los ciudadanos. Por eso los vacíos, que lo hacen posible, la vegetación y el agua que esta necesita, la previsión, la sombra y las zonas de descanso —en realidad, el cuidado— que lo construyen dibuja una arquitectura que demuestra más capacidad de escucha que de imposición. No es una arquitectura que precise afirmarse. No genera iconos, movimientos o tendencias. Es un proceder que convierte esta disciplina en servicio público.

Ponerse al servicio de la memoria del lugar es lo que han hecho los arquitectos Michèle Orliac y Miquel Batlle (Michele&Miquel, agencia a medio camino entre Toulouse y Barcelona) en The Dark Line, un sendero peatonal y para ciclistas que une las ciudades de Mudan y Sandiaoling, en Taiwán. Lo han hecho recuperando antiguas vías y túneles ferroviarios. Lo extraordinario de este proyecto —que ha ganado el Premio FAD a la mejor intervención arquitectónica en el extranjero— ya estaba allí: una vegetación exuberante. Lo ingenioso es el modo en que los arquitectos han sabido ponerse a su servicio, acercándose a ella con un único elemento —barras de acero corrugado— que han convertido en puente, asiento, marquesina o barandilla. Así, el proyecto es, a la vez, respetuoso y rotundo. Esa actitud construye, por todo el planeta, no solo un nuevo tipo de arquitectura sino de mundo, porque los valores son tanto culturales como sociales. Tan estéticos como lógicos. No se trata de marcar los lugares, se trata de apoyarlos.

Talleres de Hermès en Normandía, diseño de la arquitecta libanesa Lina Ghotmeh.
Talleres de Hermès en Normandía, diseño de la arquitecta libanesa Lina Ghotmeh.Iwan Baan

Con una intención similar, los sevillanos María González y Juanjo López firmaron en Huelva la recuperación del embarcadero y el sendero del pueblo donde vivían los trabajadores de la Almadraba del Rompido (Huelva). Es ese mismo espíritu, que trabaja con la industria pero recurre a la artesanía para terminar sus edificios, el que preside las obras de Lina Ghotmeh, la arquitecta libanesa afincada en París que ha firmado los talleres donde los empleados de la firma Hermès cosen bolsos en Normandía. El proyecto es el primer edificio industrial positivo —capaz de acumular más energía de la que consume— levantado en Francia. Y es, a su vez, una obra de artesanía del ladrillo.

Cuando se habla de cautela y responsabilidad es fácil confundirlos con miedo y falta de riesgo. No se confundan

Lo mejor de la arquitectura del año es poco visible, pero cambia las cosas, las transforma. Fruto de esa prioridad, que cuaja en los estudios y, tal vez aún más importante, en las escuelas y en las empresas, podrían ser algunas de las exposiciones —Balkrishna Doshi, en el Museo ICO de Madrid; Paulo Mendes da Rocha, en la Casa da Arquitectura de Matosinhos (Portugal), o Los nuevos realistas en el Design Hub de Barcelona—; los premios —el Pritzker al británico David Chipperfield—. O incluso el tema elegido por la comisaria de la Bienal de Venecia de 2023, Lesley Lokko: “El laboratorio del futuro”, con especial atención a la arquitectura africana.

El sendero peatonal y ciclista The Dark Line, en Taiwán, proyectado por Michèle & Miquel.
El sendero peatonal y ciclista The Dark Line, en Taiwán, proyectado por Michèle & Miquel.LU YU-JUI

Cuando se habla de cautela y responsabilidad es fácil confundirlos con miedo o falta de riesgo. No se confundan. Lo explicó la holandesa Ellen Van Loon cuando describió su centro de artes escénicas Aviva Studios, inaugurado en Manchester en octubre: “Este es un centro para la próxima generación. Ofrece la oportunidad de atreverse a ser diferente”. Llevaba razón. El edificio que ha firmado OMA está plagado de posibilidades. Ella y su equipo han privilegiado lo que los usuarios quieran hacer con él antes que ser, o que parecer, algo. Esa elección define buena parte de la arquitectura más interesante que se ha concluido, o estrenado, este año. No se trata de levantar marcas urbanas, los nuevos proyectos proponen cambios no formales. Ofrecen nuevas maneras de utilizar las ciudades y otros cuidados para con el medio ambiente. Delatan una escala de valores alterada. Demuestran, a su vez, ser capaces de dar respuestas al mundo.

Por eso, tal vez el mejor edificio del año, el más visionario y también el más triste, se inauguró en el corazón de Jerusalén. Aunque apenas se ve, la Academia de Artes y Diseño Bezalel cose, une, sin imponer, tendiendo puentes. Levantada con hormigón, vidrio y acero y estructurada en aulas que parecen plataformas entre edificios y rampas que son como puentes entre los antiguos inmuebles del barrio y los desniveles de la ciudad, lleva la firma de Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, fundadores de la agencia japonesa Sanaa. El edificio, tan físico como metafórico, tan infraestructura como escuela, y tan activista como respetuoso es, en realidad, una plataforma para el cambio. Con terrazas y grandes ventanales, mira a la ciudad antigua y celebra la unión con su expansión. Explica, con su mera existencia, lo que el mejor diseño es capaz de ofrecer: futuro.

Los cinco mejores proyectos del año

Morland Mixité Capitale (París), de David Chipperfield.
Morland Mixité Capitale (París), de David Chipperfield. Simon Menges

Morland Mixité Capitale. París.

David Chipperfield

El premio Pritzker de 2023 puso por delante de los edificios la calle y por delante de la ciudad a los ciudadanos. Lo hizo en París, convirtiendo el conjunto Morland Mixité Capitale, un inmueble de 16 plantas levantado en 1960, en un pasaje hacia el río Sena. El británico sumó así también esta restauración a sus brillantes recuperaciones, capaces de dejar hablar a todas las capas de la historia, del Neues Museum de Berlín a las Procuratie Vecchie en Venecia.

La biblioteca diseñada por Fernanda Canales en Agua Prieta.
La biblioteca diseñada por Fernanda Canales en Agua Prieta.Rafael Gamo

Biblioteca sin libros. Agua Prieta (Arizona).

Fernanda Canales

El muro entre México y Estado Unidos es un lugar inhumano. En el paso fronterizo de Douglas, en Arizona, hacen cola cada día 5.000 personas. En ese no lugar del desierto de Sonora, la mexicana Fernanda Canales ha levantado una biblioteca sin libros, pero con lectura. Y un centro social y deportivo que es una cubierta dentada que protege la cancha. Hay también aulas abiertas, escalones que son gradas y una arquitectura de escasos medios pero alta ambición social.

Biblioteca García Márquez (Barcelona), de Suma Arquitectura.
Biblioteca García Márquez (Barcelona), de Suma Arquitectura.JESÚS GRANADA

Biblioteca García Márquez. Barcelona.

Suma Arquitectura

La biblioteca García Márquez, en el barrio barcelonés de San Martí, fue premiada en agosto como la mejor del mundo. Y, en noviembre, con el Premio FAD. Elena Orte y David Sevillano despliegan un idioma de calidez con madera, iluminación natural, juegos espaciales y cercanía matérica para construir una biblioteca para el siglo XXI: un centro social donde refugiarse, encontrarse con el silencio y, a la vez, abrir una puerta al mundo.

Aviva Studios (Mánchester), de OMA.
Aviva Studios (Mánchester), de OMA.Marco Cappelletti

Aviva Studios. Mánchester.

OMA

La nueva sede de Factory International es, con 13.350 m2, el mayor edificio cultural inaugurado en Reino Unido desde la apertura de la Tate Modern. Acogerá todo tipo de artes escénicas en un auditorio y un espacio escénico con profundidad y altura variables. Por eso su autora, Ellen Van Loon, lo ha comparado con un lienzo en blanco.

Almadraba de Nueva Umbría (Huelva), de Sol 89.
Almadraba de Nueva Umbría (Huelva), de Sol 89.FERNANDO ALDA

Almadraba de Nueva Umbría. Huelva.

Sol 89

En la Almadraba del Rompido (Huelva), María González y Juanjo López (han recuperado un conjunto urbano donde vivían los trabajadores de la Almadraba, edificado hace casi un siglo, abandonado 30 años después y hoy declarado bien de interés cultural. La arquitectura se ha puesto aquí al servicio de la memoria del lugar, del arte de pesca milenario y del espacio público de un sendero peatonal de madera y un embarcadero reconstruido. Los medios, construir sobre lo existente con hormigón y piedras del lugar, son romanos. La técnica, arriostrarlo con una solera inferior y otra superior para absorber los empujes de la corriente fluvial y armarlo con fibra de vidrio para protegerlo de la erosión, sigue una lógica sostenible.

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