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TRONO DE JUEGOS
Columna
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6 juegos 6 (pero solo uno para gobernarlos a todos)

Conocidos los nominados a mejor juego del año, ya solo queda saber cuál se lleva el galardón. O sea: o ‘Zelda’ o ‘Baldur’s Gate’

'Baldur's Gate III' y 'The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom'.
'Baldur's Gate III' y 'The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom'.

Esta columna ni es ni pretende ser la más pegada a la actualidad que pueda existir, pero en el mundo de los videojuegos existen algunos hitos anuales que se van haciendo cada vez más ineludibles. Las ferias (enclavadas en una fecha concreta) han perdido peso en detrimento de la mera viralidad (que trabaja 365 días al año), y los premios crecen como setas diluyendo, en parte, el peso de lo que significa recibir un galardón. Pero entre todos ellos destacan The Game Awards, que se entregan el próximo jueves y que cada año se sienten más cómodos con su traje de fenómeno cultural que engloba premios, claro, pero también anuncios, tráilers, memes y cotilleos.

La historia de estos premios es curiosa. Herederos de los Spike Video Game Awards (que se entregaron de 2003 a 2013), el periodista y presentador Geoff Keighley cogió por los cuernos aquella gala y desde 2014 se empeñó en hacer un espectáculo digno que cada año que pasa gana en trascendencia y repercusión. Esa trascendencia creciente se entiende mejor con años como este 2023, porque cada uno de los nominados a mejor juego podría casi que ser proclamado vencedor alguno de los años anteriores: Alan Wake II, Super Mario Bros. Wonder, The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom, Baldur’s Gate III, Resident Evil 4 y Marvel´s Spider-Man 2. La lista no hace sino ratificar la idea de que este año ha sido excepcional.

Con todo, no hay que engañarse: los mejores juegos de este año son de largo el Zelda y el Baldurs Gate. De este año y de este siglo, dicen los cronistas más entusiastas. Sea verdad o (un poco) de exageración, lo cierto es que se trata de dos juegos supremos, capaces no solo de alcanzar la excelencia sino de influir sobremanera en los juegos que veremos en los próximos años. Bienvenida sea esa forma de copia tan propia del mundo interactivo, basada en replicar, en pulir, en ajustar los hallazgos mecánicos que de vez en cuando se dan en algún juego.

Imágenes de 'Siper-Man 2', 'Resident Evil IV', 'Alan Wake 2' y 'Super Mario Bros. Wonder'.
Imágenes de 'Siper-Man 2', 'Resident Evil IV', 'Alan Wake 2' y 'Super Mario Bros. Wonder'.

Pero ya hemos hablado largo y tendido sobre estos dos, tanto de la belleza que adquiere el juego de Nintendo a través de la libertad plena, como del trabajo de construcción de mundo y la excelente calidad de la narrativa ramificada del milagroso juego de Larian. Así que toca bucear un poco en los otros cuatro. Toca hablar, por ejemplo, de cómo la construcción de niveles, el ritmo y la experiencia cooperativa de Super Mario Bros. Wonder convierten al juego en la mejor aventura del fontanero en años. Toca hablar de Resident Evil IV, un remake que lleva a su máxima expresión las señas de identidad de la saga de zombis: acción, adrenalina, terror, supervivencia, exploración. Toca hablar de cómo supera a su predecesor Alan Wake 2, abrazando la cara más narrativa y experimental del videojuego como forma de expresión (además de ser una bestia parda en el apartado técnico). Y toca hablar de esa gozosa apoteosis del disfrute y el más grande todavía que es Marvel´s Spider-Man 2, un auténtico circo de tres pistas digital.

Entre estos seis contendientes está la corona. Y, aunque casi sabemos el ganador (seguramente Baldur`s Gate III parta con ventaja por el cariño que la gente tiene a su estudio, Larian), solo queda decir que este 2023 ha sido (está siendo) un año extraordinario que será recordado con justicia cuando, desde el futuro, volvamos la vista atrás. Es decir: ganar este premio cualquier año asegura presencia mediática, ventas y prestigio. Pero ganarlo este año asegura un pase a la eternidad.

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Sobre la firma

Jorge Morla
Jorge Morla es redactor de EL PAÍS. Desde 2014 ha pasado por Babelia, Cierre o Internacional, y colabora en diferentes suplementos. Desde 2016 se ocupa también de la información sobre videojuegos, y ejerce de divulgador cultural en charlas y exposiciones. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster de Periodismo de EL PAÍS.
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