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Relato oral de medio siglo en la Redacción de EL PAÍS

Un grupo de periodistas del diario evocan coberturas destacadas como las de Wikileaks, ‘Los papeles de Bárcenas’ y la investigación sobre la pederastia en la Iglesia española

Historias de la redacción de EL PAÍS
Periodistas de EL PAÍS, durante el acto celebrado en Matadero Madrid por el 50 aniversario en el que se han recordado historias de la Redacción del periódico. Foto: Samuel Sánchez | Vídeo: EPV

Un periódico con 50 años de vida se asemeja a un individuo con algunas arrugas y algunas canas, en el que se acumulan la experiencia de la vida y el entusiasmo de todo lo que queda por delante. Es alguien que fue un adolescente de negra melena que trabajaba en lo que podía. Ese adolescente podría ser Luis Gómez, hoy jefe de la sección de Madrid, quien en 1976 repartía periódicos por las calles hasta que un 4 de mayo le tocó ir a un lugar distinto. Un nuevo periódico irrumpió en la ciudad y fue la primera vez que pisó su sede en la calle de Miguel Yuste, 40.

Con la excitación de aquellos días la cámara se disparaba de forma frenética y una de esas fotos pilló a Gómez en los talleres junto a un grupo de entusiasmados redactores que agitaban los primeros ejemplares. Gómez contó esa anécdota este viernes ante un auditorio abarrotado de suscriptores en el Centro Cultural Matadero de Madrid, donde se celebra el Festival de EL PAÍS con motivo del 50 aniversario del diario. Y donde un grupo de periodistas han evocado coberturas destacadas del último medio siglo, acompañados a la guitarra por Pablo Moro. De aquel primer día de EL PAÍS aprendió Gómez, que después cubrió hasta 13 ediciones del Tour de Francia, la importancia de “estar en el lugar oportuno a la hora oportuna”.

En esa adolescencia con espinillas entra también la historia de un joven soldado de guardia el día del golpe de Estado del 23-F. Vestido de verde olivo y con la metralleta colgando del pecho, hacía la mili cuando el capitán dio la orden: “Vayan y controlen la prensa, principalmente EL PAÍS…”. Aquel joven soldado se llamaba Jacinto Antón y finalmente terminó obedeciendo órdenes en el congreso junto a Tejero. Antón recordó los momentos más surrealistas de aquel golpe y de cómo después terminó trabajando en el periódico que iba a cerrar poco antes.

Los Papeles de Bárcenas, Wikileaks, los estragos de ETA, la pandemia de covid-19... El carácter de un individuo que llega al medio siglo de edad está forjado por las grandes noticias que moldean su personalidad.

‘Los papeles de Bárcenas’

Miguel Jiménez, director adjunto del periódico, recordó la primera vez que tuvo ante él Los Papeles de Bárcenas y que dieron pie a la publicación, el 31 de enero de 2013, de una de esas primeras páginas a cinco columnas reservadas para las grandes ocasiones: Los papeles secretos de Bárcenas. Quince folios manuscritos con la contabilidad de la caja B del Partido Popular. “Sin aquel escándalo no se entiende la historia reciente de España”, dijo Jiménez.

Joseba Elola, coordinador del suplemento Ideas en EL PAÍS, describió el cinematográfico momento en que las filtraciones de Wikileaks llegaron a la Redacción y un grupo de periodistas se encerraron día y noche en los sótanos del periódico para rastrear cada documento. “Nada de esto podían saberlo ni nuestras parejas”, dijo Elola.

Mónica Ceberio, subdirectora de EL PAÍS, puso voz, fotos y lágrimas a la relación entre los asesinos de ETA y sus víctimas con una frase que sobrecogió al auditorio cuando recordó cómo empezó todo: “Soy miembro de ETA y quiero pedirte perdón”.

¿Y cuál es la noticia más leída de la historia de EL PAÍS?. Javier Salas, redactor jefe de la sección de Sociedad y Ciencia, leyó ese titular: “Un salón, un bar y una clase: así se contagia el virus”, una narrativa visual que ganó todos los premios imaginables y que es parte del pegamento emocional entre un periódico y sus lectores. “Ese es el futuro de EL PAÍS”, terminó diciendo Salas.

En este camino, los reporteros, enviados especiales y corresponsales han sido fundamentales. María R. Sahuquillo recordó el día en que estaba en el Donbás y estalló la guerra de Ucrania. Trincheras, soldados, los primeros disparos, llamadas a la redacción de madrugada y a las fuentes. Días intensos de los que Sahuquillo conserva las botas que llevaba aquel día y que resumen una forma de hacer periodismo: “Al corresponsal se le reconoce por el barro de las botas”.

Aquel joven diario tiene hoy 50 años, varias estanterías con libros y algunas fotos. De esas fotos se ha encargado durante muchos años como editora gráfica Carmen Guri, quien hizo un nostálgico recorrido desde los tiempos de tinta y papel, donde el archivo era pieza fundamental de una redacción, hasta la Inteligencia Artificial.

El día del atentado

Pero tan importantes como las fotos que recuerdan los buenos momentos de una vida son los disgustos. En concreto, el día que la extrema derecha atentó contra la Redacción de EL PAÍS. Natalia Junquera recordó aquel octubre de 1978 cuando explotó en el periódico una bomba enviada por la extrema derecha. Los conserjes Andrés Fraguas, Carlos Barranco y el jefe de servicios generales, Juan Antonio Sampedro, se encontraban en el cuarto piso revisando el correo cuando a uno de ellos le llamó la atención un paquete de madera con el anagrama de IBM, del que sobresalían unos cables. Cuando Sampedro levantó la tapa, la redacción saltó por los aires. Como resultado de la explosión falleció Andrés Fraguas, de 19 años; Sampedro perdió la mano izquierda, parte de la derecha, un ojo y parte del intestino; y Barranco también fue herido.

Un periódico se hace imprescindible en una sociedad cuando además de ser, está. Y lo recordó Julio Núñez, coganador del Premio Ortega y Gasset de Periodismo en 2022 por las investigaciones de este periódico sobre los abusos en la Iglesia española. Núñez pasó muchos meses hablando con víctimas y durante el trabajo de campo le preguntó al padre de una de ellas:

—“¿Sabe en qué año pasó aquello?“, preguntó Julio.

—“Sé el día exacto”, contestó, “fue el 4 de mayo de 1976. Lo sé porque mi padre llevaba bajo el brazo un ejemplar de aquel periódico nuevo que acababa de aparecer”.

¿Y qué sería de una biografía sin sus errores ni la posibilidad de reírse de uno mismo? Pedro Zuazua fue el encargado de rescatar aquel párrafo en el que, en lugar del magnate Flavio Briatore apareció publicado “mangante Briatore”. Zuazua mostró también un texto firmado por un señor que se llamó Bicicleta Verdú en lugar de Daniel Verdú. Un error que, en realidad, solo detectaron el autor y algunos más. “Porque, aparte de nosotros y nuestras madres”, dijo Zuazua, “somos los únicos que se fijan en nuestras firmas; lo importante son las historias y ustedes, nuestros lectores”.

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