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Crisis en Cuba
Opinión

¡Abajo el castrismo! ¡Y abajo Trump!

La caída del régimen sería una gran noticia para los cubanos, pero esa noticia se empañaría si el desenlace se produce gracias al republicano

Edificios en ruinas en el Malecón de La Habana, en diciembre de 2025.ANTONIO CASCIO

A Salvador Martínez Almaguer, miembro de las milicias que defendieron las zonas rurales de la isla durante los primeros años de la Revolución, lo enterraron dentro de la caja de cartón de un refrigerador en Velasco, Holguín. Horas después de fallecer, a sus familiares les informaron en la funeraria del pueblo que no había ataúd, ni transporte, ni servicio de tanatopraxia, que encontraran la manera de enterrar a su muerto. De noche, en medio de un apagón, entre las luces de linternas de los vecinos, los seres queridos de Martínez Almaguer lograron subir su cuerpo a un triciclo para trasladarlo de su casa al cementerio. Antes de partir al sepelio, reforzaron el improvisado ataúd de cartón con nylon y cintas adhesivas.

Días antes del fallecimiento de Martínez Almaguer, en la misma provincia, un operativo policial arrestó a Kamil Zayas y Ernesto Medina, integrantes del proyecto audiovisual El4tico -El Cuartico-. Las casas de los jóvenes fueron allanadas y sus equipos confiscados. ¿El delito? Colocar una cámara en una habitación, delante de una pizarra y al costado de un ventilador sin rejilla posado sobre cartones de huevos, para analizar la realidad del país y colgar ese material gráfico en las redes sociales.

La contraposición de estas dos escenas es un extracto de la situación cubana hoy: una nación que se ha despeñado hacia un colapso total a partir de su discapacidad gubernamental durante más de seis décadas que ha generado una eterna crisis nacional. A ese desastre sistémico hay que sumarle el asedio comercial de Estados Unidos, también durante más de seis décadas, recrudecido ahora por el presidente Donald Trump, quien busca aprovechar el escenario para decretar por asfixia económica el final del castrismo, quien ni siquiera en su estado crítico abandona su esencia, la represión de todas las libertades y los derechos humanos dentro del país.

Los cubanos llevan semanas, en algunos lugares como el oriente son meses, sobreviviendo a los apagones de más de 16 horas, a la falta de agua y gas, por lo tanto, a la insalubridad de no poder contar con una higiene personal mínima y la insalubridad de cocinar alimentos cuasi descompuestos con leña en las calles tomadas por la basura que desborda los contenedores, a la ausencia de medicamentos. Sin embargo, el régimen destina sus pocas reservas a reprimir a los ciudadanos que claman por una vida digna.

La cruel actitud del castrismo desmonta la idea revolucionaria de querer siempre lo mejor para su pueblo. Lo que verdaderamente quieren es un pueblo amordazado, encarcelado. Un pueblo al que le puedan pedir que los siga con los ojos cerrados hacia cualquier sitio y que no chiste. Un pueblo al que le puedan pedir sacrificio, resistencia, ingenio, tolerancia ante la crudeza que se los devora, mientras ellos, desde sus confortables vidas, destruyen el país con irracionales políticas e ideas que inhabilitan las tierras y las industrias, porque solo les interesa la producción turística, que es la que beneficia directamente los hoteles propiedad de las Fuerzas Armadas (FAR) a través de su empresa GAESA. Un pueblo que en silencio soporte la dolarización del mercado nacional cuando el Estado paga a sus trabajadores en un devaluado hasta más no poder peso cubano.

El castrismo no ha cambiado su armazón en 67 años. Porque cambiar significaría abrirse y abrirse los llevaría a poseer menos control y la falta de control los debilitaría y reduciría su poder monárquico. Por eso han preferido para su pueblo, sin que el pueblo decida nada porque no tiene mecanismos democráticos para hacerlo, la pobreza, la carestía, la sumisión, mediante la centralización del sistema económico y de toda la vida de todos los cubanos. Cuba es hoy un pantano donde se pudren más de 1.200 presos políticos.

Acabar de sepultar los restos fúnebres del régimen cubano es uno de los puntos a cumplir por la dupla Trump-Rubio para 2026. Acreditarse ese triunfo les serviría para pegar otro manotazo fuerte en el tablero geopolítico. A diferencia del caso de Venezuela, en la aniquilación del castrismo no encontrarán el gran aliciente que es el crudo venezolano, pero el golpe sería igual de importante aunque se vayan con las manos vacías de la isla porque significaría cortarle, por fin, la cabeza a la vieja leyenda comunista, aunque bien sepamos que de comunismo en Cuba queda nada. Además, como a principios del siglo pasado, Estados Unidos volvería a tener a su merced un muy apetitoso puerto cerca de casa, en el Mar Caribe, con sol, arenas blancas, música y sabor.

El margen de tiempo que maneja el castrismo para que esto no suceda se va agotando. Tienen un revólver en la sien y casi que no tienen otra salida que no sea sentarse a negociar con el matón de Trump.

La caída del régimen sería una gran noticia para los cubanos. Después de tanto padecer, podrían comenzar a reconstruir el país. Pero esa noticia se empañaría si el desenlace se produce gracias a Trump y tras su estrategia de asfixia inhumana que, aclaro, solo afecta a los ciudadanos, porque las élites castristas siguen transportándose en sus automóviles, gozando de electricidad en sus casas, de alimentos, gas, agua y medicamentos, lo que a la larga los empodera aún más; por eso cínicamente le piden al pueblo que resistan el embate, porque ellos están salvados.

De ese modo la libertad tampoco sería completa para los cubanos. La isla pasaría a ser un protectorado de Estados Unidos, lo mismo a donde apunta Venezuela hoy. La verdadera libertad no viene con un amo por default. Pasaríamos de gritar: ¡Abajo el castrismo! a ¡Abajo Trump! La llave para abrir las cárceles y liberar a nuestros presos políticos se encontrará en otro país. Lo que necesita Cuba es democracia. Y, a partir de ahí entonces, que nazca la nueva nación.

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