Cuba teme que la crisis actual la devuelva al Periodo Especial de los años noventa
En La Habana se vuelve a hablar, como hace tres décadas, de la posibilidad de un desabastecimiento absoluto de combustible, la llamada Opción Cero

El 26 de julio de 1989, frente a miles de cubanos congregados para escucharle, Fidel Castro lanzó una de sus profecías más recordadas. Dijo: “Si nos despertáramos un día con la noticia de que la URSS se desintegró (cosa que esperamos que no ocurra jamás), aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo”. Dos años y un mes después, ese día llegó tal y como fue vaticinado, por sorpresa. La Habana perdió a su principal aliado y proveedor de combustible, y se enfrentó a la peor crisis económica de su historia hasta entonces, acrecentada por un recrudecimiento del embargo estadounidense. Aquellos años de escasez casi absoluta, bautizados por la neolengua castrista como “Periodo Especial en tiempos de paz”, llegaron a su fin cuando la Revolución se hizo con otro proveedor de combustible: la Venezuela chavista.
Por eso no es de extrañar que lo sucedido el pasado 3 de enero (la incursión militar de Estados Unidos en Caracas y la “extracción” de Nicolás Maduro), sumado a la asfixia energética a la que Donald Trump condenó a la isla a finales de ese mismo mes, haya sido una suerte de déjà vu para muchos cubanos.
Cuba ya no cuenta con el petróleo venezolano, y ni siquiera México, el otro país que le suministraba crudo, puede salir en su ayuda por temor a los aranceles que una orden ejecutiva de Washington prometió a quien lo hiciera. Mientras tanto, en La Habana se habla nuevamente de la posibilidad de un desabastecimiento absoluto de combustible u Opción Cero, otro término acuñado durante los difíciles primeros cuatro años de la década de los noventa. La comparación entre ambas crisis, la del Periodo Especial y la actual, parece servida.
Dos crisis distintas
En Cuba es común escuchar a la gente decir que el Periodo Especial nunca acabó. No obstante, según Elías Amor, economista cubano y profesor universitario radicado en España, en realidad la crisis actual y la de entonces son procesos “cualitativa y cuantitativamente distintos”. La primera diferencia, señala en una conversación telefónica, tiene que ver con la magnitud del impacto. Antes de 1990, cuando la economía de la isla dependía por completo del llamado bloque socialista de Europa del Este, podía escasear algún producto, pero el Estado cubano había logrado cierto bienestar generalizado, así como indicadores sociales considerablemente altos. Sin embargo, de un día para otro, el país perdió el 98% de su entrada estable de petróleo y el 72% de su intercambio comercial, lo que significó la contracción de su PIB en un 35%. Aquel golpe rápido, contundente y traumático dejó a los cubanos en una especie de shock. “Ahora el petróleo también se ve reducido”, dice Elías Amor, “pero en un escenario distinto, en el que la economía ha estado a niveles muy bajos por mucho tiempo, así que la caída parece menor”.
Con el respiro que supuso el apoyo de Hugo Chávez y las oportunidades que se abrieron durante los años de la normalización de las relaciones con Estados Unidos (2015-2017), la economía cubana dejó atrás los duros tiempos del Periodo Especial. Sin embargo, luego cayó en picado, sobre todo a partir de la pandemia de la covid-19. El Estado decidió entonces apostarlo todo al turismo, incluso hubo años en los que destinó a este sector casi el 40% de sus inversiones. Pero la cifra de visitantes extranjeros siguió disminuyendo año tras año, de manera que la mayoría de los nuevos hoteles de lujo quedaron parcial o totalmente vacíos. Según cifras del propio Gobierno cubano, entre 2019 y 2024 el PIB nacional decreció un 11%. Y el Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC) estima una caída del 5% a cierre de 2025. A esa catástrofe se sumó un éxodo migratorio sin precedentes en la historia del país, que apenas entre 2022 y 2024 vio cómo se redujo su población de 11 a 8,5 millones de habitantes.
“Desde 2021, la economía cubana también se vio afectada por un programa de política económica llamado Tarea Ordenamiento, que fue un auténtico desastre y ha generado procesos inflacionarios que no existían en el Periodo Especial”, explica Amor. La Tarea Ordenamiento (aplicada en 2021, en el peor momento de la pandemia) fue un fracaso reconocido por el régimen, que intentó remediarla con otros programas económicos igual de malogrados, como el Reordenamiento Económico y, más recientemente, la Economía de Guerra. De acuerdo a la tesis que defiende el demógrafo y economista cubano Juan Carlos Albizu-Campos, la situación actual de Cuba no es una continuación del Periodo Especial, pero hereda algunas deformaciones no resueltas de esa época. Esa herencia, a la que se sumaron nuevos problemas (desde la pandemia hasta las fallidas políticas económicas y monetarias del país), devino en lo que él llama “la eclosión de una policrisis”.
Cuestión de percepciones
La pasada semana, el Gobierno de Miguel Díaz-Canel anunció un paquete de medidas encaminadas a recortar al máximo posible el gasto de combustibles mediante la paralización de buena parte de la vida económica y hasta académica del país. El mensaje, sin embargo, no estuvo exento de la ya clásica retórica triunfalista del castrismo. Poco después, el economista cubano Pedro Monreal compartió la noticia en su cuenta en X y escribió: “¿Cuál será la magia?”. La pregunta está cargada de sarcasmo, pero lo cierto es que hubo una época en la que un discurso podía conjurar, casi mágicamente, la esperanza de muchos cubanos y distorsionar la percepción de una crisis.
“En los noventa, nosotros éramos más revolucionarios. De hecho, revolucionarios no: fidelistas, aunque ahora dé pena decirlo. Fidel nos prometía que íbamos a salir del Periodo Especial y nosotros lo creíamos de una manera irracional. Pero ya la gente no cree en eso, porque Fidel nos tenía aislados del mundo”, cuenta la pinareña Ana Elvis (62 años), maestra retirada. Por su parte, Pedro Albert (70 años) señala que la pérdida de la fe en la Revolución y sus líderes se debe a la llegada de internet a la isla. “Esa fue una mejora respecto a los noventa, creo que la única real”, dice.
Para Albert, residente en La Habana y expreso político del castrismo, en la Cuba de hoy también existen elementos y actores económicos que permiten cierta diversidad en las percepciones de la gravedad de la crisis. Así lo explica a través de un mensaje de texto: “Si comparamos la actualidad con el Periodo Especial, las personas que hoy reciben ayudas del exterior mejoraron; pero los que no, empeoraron. Hoy hay gente que tiene bares, cafeterías y otros negocios, y esas facilidades para comerciar dan una mejor apariencia a la situación. Pero el hambre y las necesidades son las mismas que en los noventa. O peor, pues ahora hay diferencias muy grandes entre quienes pueden comprar ciertos productos básicos y quienes no”.
“Si ahora buscas, hay de todo, pero los precios son imposibles. En los noventa también hubo inflación y una afectación al poder adquisitivo de los cubanos, pero era manejable y se tomaron medidas para solucionarlas”, explica mediante una llamada telefónica Luis, quien trabaja como economista para el Estado cubano y pide no ser identificado por temor a represalias. Considera que la principal diferencia entre el Periodo Especial y la crisis actual es el margen de maniobra que tenía entonces el Estado cubano, que ya no existe. “Hoy el sector estatal de la economía prácticamente no produce, no es quien pone la oferta. La oferta la pone el privado y con precios muy relacionados con la tasa de cambio informal”. La devaluación de la moneda nacional alcanza ahora los 560 pesos por euro, de acuerdo a la tasa cambiaria informal, por lo que el salario medio en Cuba (6.830 pesos) equivale a unos 12 euros.
Para disminuir los efectos del Periodo Especial sobre la población, el Estado cubano impulsó medidas que en esa época se entendieron como drásticas pero necesarias. Y aunque no fueron suficientes para reactivar la economía de manera eficiente, sí ayudaron a salir de la crisis. Por orden del Partido Comunista, el dólar fue legalizado, se crearon unidades de cooperativas agrícolas, se promovió la inversión extranjera y hubo una apertura al turismo y al trabajo por cuenta propia. Esto permitió que para 1994, aunque la mayoría de los cubanos no lo percibiera, los datos macroeconómicos mostraran una pequeña luz al final del túnel, una pequeña posibilidad de salir de aquella catástrofe.
“Ahora llevamos varios años en los que no se avanza; más bien vamos hacia atrás. Creo que la mayor diferencia entre la crisis actual y el Periodo Especial es la incertidumbre que se percibe hoy. ¿Qué va a pasar? Cuba produce muy poco petróleo, y no es suficiente ni para las familias ni para sostener a un país, productivamente hablando. Y ahora Trump ha puesto la cereza del pastel. Lo que viene después es la ausencia de inversión extranjera, la caída de un turismo que ya venía en picada, una sucesión de situaciones complejas que apuntan a una aún peor, no a una salida”, añade Luis. Para Elías Amor, el escenario también parece muy complejo, pero al menos ofrece la posibilidad de un cambio: “En el Periodo Especial se salió gracias al petróleo de Venezuela, pero ahora no se sabe quién va a financiar nuevamente a la economía cubana. Creo que es un momento ideal para aceptar que el cubano es un modelo económico fallido y necesita una sustitución”.
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