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Pablo Beltrán, jefe del ELN: “La negociación con Petro es peor que con Uribe, Santos y Duque”

El guerrillero que lidera las negociaciones del grupo armado con el Gobierno asegura en esta entrevista con EL PAÍS que el proceso de paz está en peligro de muerte por lo que él considera una traición del presidente

Pablo Beltrán, miembro del Comando Central del Ejercito de Liberación Nacional
Pablo Beltrán, miembro del Comando Central del ELN, en Caracas (Venezuela), el 21 abril.Cortesía Pablo Beltrán
Juan Diego Quesada

Pablo Beltrán (San Gil, 70 años) ha hecho suyas durante toda la vida unas palabras de Santa Teresa de Jesús: “Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa; Dios no se muda”. Al comandante del ELN (Ejército de Liberación Nacional), de formación cristiana, le acompaña la fama de hombre sereno y paciente. Sin embargo, ha aparecido alguien que le quita el sueño y le colma la paciencia: Gustavo Francisco Petro. Beltrán, jefe de negociadores del grupo guerrillero en las negociaciones de paz con el Gobierno, considera, en esta entrevista en exclusiva con EL PAÍS, que el presidente de Colombia está tensando al máximo las conversaciones con una táctica que a él le parece una falta de respeto con su organización: los enviados de Petro mantienen en paralelo un diálogo con un frente armado del ELN que se ha declarado en rebeldía y no acata las órdenes de la dirección.

Aquí asistimos al choque entre dos relojes biológicos distintos. Petro es un hombre efervescente que siente que su mandato, que ha superado el año y medio, se le escurre entre las manos. Necesita un acuerdo con el ELN lo antes posible, una firma estampada en un documento que certifique que él, un excombatiente que ha hecho de la paz su bandera, convenció a una guerrilla de dejar las armas y sumarse a la democracia colombiana. Pablo Beltrán (alias de Israel Ramírez Pineda), por contra, se lo toma con serenidad y no cree en los actos precipitados. No en vano, lleva desde 1998 en conversaciones con distintos gobiernos. Es decir, 26 años, el tiempo en el que han transcurrido siete mundiales de fútbol, internet ha cambiado el mundo para siempre y todos los grandes líderes del siglo pasado que fueron una inspiración para él ―Fidel Castro, por ejemplo― están muertos y enterrados. Una semana más, un mes o un año no significan gran cosa para Beltrán. El guerrillero, desde el Tamanaco, un hotel de época enclavado en una loma de Caracas con una piscina de tres metros de profundidad en el jardín, responde a las preguntas por videollamada. Entre una y otra aprovecha para recolocarse las gafas de montura negra. Beltrán aguarda sin muestras de impaciencia: no tiene prisa.

Pregunta. ¿Las conversaciones del Gobierno con ese frente guerrillero sobre el que usted no tiene control han dejado toda la negociación en suspenso?

Respuesta. El Gobierno de Petro sabe lo que pasa, pero se hace que no sabe. En esto llevamos ocho meses casi rogándoles que dejen de darle aliento a un grupo en el sur del país, en Nariño, y dejen de tratarlo como si fueran dos ELN: el que nosotros representamos y ese de allá, Frente Comuneros del Sur. Hemos dicho que ese frente tiene un proceso disciplinario y estamos resolviendo el problema. Le explicamos eso al Gobierno, pero no hicieron caso. Esto es asunto interno del ELN, nadie más se tiene que meter. Han promovido una desarticulación y nos han creado un problema.

P. ¿No ha habido manera de atajar ese asunto en la mesa de negociación?

R. El Gobierno cada vez lo hace con más fuerza y con más insistencia [negociar con ese frente díscolo]. En agosto hicieron un acuerdo con ellos y nosotros nos enteramos. Concluimos que no era válido, era espurio, y el compromiso fue que el comisionado de Paz dejara de hacer eso, pero no han cumplido.

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P. ¿Ese frente que no responde a la jerarquía del ELN es el más poderoso en términos bélicos?

R. Depende de la lupa que se le ponga. Al Gobierno le interesa decir que sí para demostrar que es válido lo que están haciendo. Cuando comenzamos este debate, ese grupo tenía 40 o 50 personas y hoy se ha multiplicado por cuatro y hasta cinco veces. Si preguntas en la zona por ese crecimiento exponencial dicen que se ha logrado de una manera muy sencilla: pagando sueldos, y eso va en contra de los reglamentos del ELN. Aquí no se le reconoce dinero a nadie. Ellos se van situando por fuera de las normas internas del ELN.

P. ¿Quién del Gobierno lidera este diálogo que usted considera una traición?

R. Otty Patiño [alto comisionado de Paz, exguerillero del M-19, el grupo armado en el que también militó Petro].

P. ¿Pero usted le ha advertido que esto pone en peligro de muerte todo el diálogo?

R. Sí, pero en una discusión nos dijo que iba a seguir con eso y que para detenerlo había que pasar por encima de su cadáver. Esto lo dijo delante de los seis países garantes, la ONU, los obispos. Cada cosa que decimos ahí tenemos 12 testigos.

P. ¿Estamos ante un claro desafío de Petro?

R. Los ocho días antes de esta reunión extraordinaria [la que se celebra en Caracas y concluye este lunes] habló el comandante del Ejército, el presidente, Otty dos veces y la delegación del Gobierno, en una seguidilla de declaraciones donde nos decían que iban a seguir en el diálogo en Nariño y que lo tomábamos o lo dejábamos. Entonces dijimos que no, que hay un solo ELN, una sola mesa de negociación y no aceptamos esta doble jugada. A esto se le llama perfidia.

P. ¿Hasta cuándo va a aguantar su paciencia?

R. Este es un ejemplo de la paciencia de la que me debo investir. Hoy estamos a sábado [día de la entrevista]. El jueves, Otty Patiño dijo que estaba hablando con el frente de Nariño, que es del ELN. Si yo siguiera las instrucciones que me dieron, yo debiera retirarme de la mesa. Fíjese lo grave que es esto.

P. ¿Qué le mantiene aferrado a la mesa?

R. Nosotros necesitamos demostrarle al Gobierno que tuvimos ocho meses de paciencia y que si ellos persisten en eso pasamos del congelamiento en el que estamos hoy a la amenaza de existencia de la mesa. Esta delegación no tiene mandato para seguir en ella.

P. ¿Cuál es el plazo que se da?

R. Pasado este lunes espero que tengamos algún avance para yo poder llevar un mejor informe a mi dirección. Si llevo lo mismo tendremos que mirar qué medida sigue. Yo ya no tengo más margen de maniobra.

P. ¿Estamos en el peor momento de la mesa?

R. No solo eso, llevo 10 años como jefe de esta delegación y es el peor momento que he enfrentado.

P. Le ha agarrado desprevenido esta táctica de Petro.

R. Dije una cosa en la mesa y se ofendieron: esto no nos lo habían hecho ni [Álvaro] Uribe, ni [Juan Manuel] Santos ni [Iván] Duque. Estamos peor con Petro que con esos presidentes. Estamos muy ofendidos. Nunca un Gobierno había estirado tanto la cuerda como esta vez.

P. Sé que los tiempos del ELN desesperan a Petro. El presidente necesitaba un catalizador.

R. Si esta es la forma se equivoca, porque el ELN no funciona a empujones, sino hablando, acordando y cumpliendo, que es la solución política.

P. ¿Le ha decepcionado Petro?

R. Voy a hablar por mí mismo: pienso que comienza a haber un desencanto en sectores de la sociedad colombiana. Nosotros le hemos dicho de múltiples maneras al presidente que somos socios para desarrollar el mandato de cambio que la sociedad de las calles dio en el estallido social de 2021. Entendemos que los cambios son progresivos, pero tiene que haber rupturas. A mi juicio, me parece que ha hecho concesiones muy fuertes que cuestionan las posibilidades de cambio y que le contradicen. Por sus alianzas, le toca incumplir esas promesas electorales.

P. Usted también dijo que le apoyaba su idea de hacer una Asamblea Constituyente.

R. Es que es trascendental, hay que hacer que la sociedad se manifieste sobre los cambios que necesita Colombia. Los sectores de la élite maniobran y colocan su opinión en el Congreso, que responde a esa élite minoritaria, y con eso funden las posibilidades de esos cambios institucionales. Hay que recurrir al constituyente primario, que es el pueblo.

P. Llevamos año y medio de negociación. Como mucho, esto podría alargarse hasta el tercer año del presidente, pero no más allá. Debe firmarse el acuerdo con un año de colchón hasta que se vaya Petro. ¿Cuánto tiempo más falta?

R. El acuerdo que gobierna esta negociación se llama acuerdo de México. Hay que pactar transformaciones y ponerle fin al conflicto armado. No le vamos a pedir a Petro que haga de 2026 soluciones estructurales, pero tampoco vamos a esperar a que continúe un problema tan grave del régimen: la persecución del opositor, del que piensa diferente. A ese se le elimina de forma exprés. Le pongo un ejemplo: desde que las FARC se desmovilizó en 2016 le han matado a 400 excombatientes. Matan a los que están en organizaciones sociales. El régimen, y ese es el mensaje, persigue a los que buscan los cambios. Mientras eso no cambie, se legitiman factores de resistencia como el ELN. Acabado ese régimen que elimina y ejecuta, queda sin base la resistencia. No solo son tiempos y son procesos. Si voy a meterme en un proceso de transición energética eso se demora cuatro décadas, pero lo que haga ahora Petro tiene que ser la primera etapa de ese proceso.

P. Usted suena desencantado y como que estuviera lanzando un ultimátum. No le había visto así antes.

R. No nos gusta ni amenazar ni dar ultimátum. Nos iremos de Caracas con un balance difícil de analizar. Tenemos un sistema de toma de decisiones democrático, así haya una jefatura. Todo se consensúa dentro del ELN. Tengo que llevar informes, tenemos que meditar el cese. ¿Cómo impactaría si dijéramos que dejamos el alto el fuego? Eso sería un golpe bajo.

P. Hay una sensación general de hartazgo sobre esta negociación, no está la gente pendiente porque siente que no se avanza.

R. Me senté en estas lides en el año 98. Los que me anteceden, en el 91. Se cansan más con la guerra que con el diálogo. El doctor Echandía decía: es mejor echar lengua que echar bala.

P. ¿Es un escenario no llegar a un acuerdo con Petro, pese a que es un presidente de izquierdas que quiere resolver todos los problemas con ustedes?

R. Le voy a colocar un ejemplo: llegó Duque y pateó los acuerdos de Santos, al que le dieron el Premio Nobel, pero llegó Petro en 2022 y retomó el diálogo con nosotros donde lo había dejado Santos. ¿Cuál es la diferencia de los dos? Que Duque representa los sectores de la élite, esa élite que está cómoda con la crisis del país y no quiere cambios. Petro llegó con un mandato de cambio y de seguir el trabajo del diálogo con Santos. ¿Qué viene? Me coloca usted en un trabajo de ser pitoniso.

P. ¿Esta sería una gran oportunidad perdida?

R. La sociedad colombiana tiene un dilema: o busca los cambios en la democracia o pasivamente deja que el viejo régimen siga imperando. El factor externo es Estados Unidos. Muchas cosas se deciden en Washington, en la ecuación hay que meter ese factor externo.

P. Me imagino que usted nunca ha estado en Estados Unidos.

R. Ni siquiera puedo sobrevolar su espacio aéreo.

P. Hay un año para acordar algo…

R. Me parece bien la reflexión, pero es Otty Patiño quien pone trabas a esto. Al Gobierno le sirve tener esto a fuego bajo.

P. No entiendo por qué.

P. Muchas cosas de las que hace el Gobierno para enredar la mesa son asuntos de inteligencia. Nosotros especulamos con sectores dentro del Gobierno que quieren hundir el proceso. Gente interesada en hacer trizas la paz. En la época de Belisario Betancur había enemigos agazapados de la paz. De eso siempre ha habido en Colombia.

P. ¿Me habla de Luis Gilberto Murillo, el canciller encargado?

R. A Juan González ―el arquitecto de la política de América Latina para la Casa Blanca― le cortaron la cabeza el día que ya no era época para EE UU de andar promoviendo golpes, desestabilizaciones. Quisiera ver que eso sea cierto. Creo que la política exterior de Washington sigue aliada con una idea muy añeja de guerra perpetua. Bajo esa agua está Colombia.

P. Ahí coloca usted a Murillo, por lo que le entiendo entre líneas…

R. Tiene antecedentes. Con el Gobierno de Santos resultó entregándole la isla de Gorgona, la isla más grande del Pacífico, a EE UU para que instalara una base militar. Ya va en más del 50% construida y eso lo comenzó Murillo cuando era ministro de Medioambiente.

P. Antes de acabar, dígame qué ha hecho mal el ELN en este proceso, ya que ha tenido varios tropiezos importantes.

R. El secuestro del papá de [futbolista] Lucho Díaz. Pero el mismo día que se conoció, el Comando Central dijo que era un error y que había que devolverlo rápido. Cuando el ELN comete un error no necesita que lo venzan en juicio para que lo reconozca. ¿Qué hizo el Gobierno? Del árbol caído hacer leña. Se aprovechó y arrancó una ofensiva mediática para tratar cosas que traíamos en la agenda. Renuncien a Satanás y a todos los pecados o no volvemos a la mesa, nos dijeron. Entre socios eso no funciona, no construye confianza. Ahí comenzó un proceso de erosión de la confianza. Hasta hoy.

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Sobre la firma

Juan Diego Quesada
Es el corresponsal de Colombia, Venezuela y la región andina. Fue miembro fundador de EL PAÍS América en 2013, en la sede de México. Después pasó por la sección de Internacional, donde fue enviado especial a Irak, Filipinas y los Balcanes. Más tarde escribió reportajes en Madrid, ciudad desde la que cubrió la pandemia de covid-19.
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