Carlsen insiste en acusar sin pruebas a Niemann

El campeón pide permiso al estadounidense para decir todo lo que sabe sobre sus trampas y se niega a jugar con él

Magnus Carlsen (izquierda) y Hans Niemann se saludan al inicio de su partida en la Copa Sinquefield, el 4 de septiembre.
Magnus Carlsen (izquierda) y Hans Niemann se saludan al inicio de su partida en la Copa Sinquefield, el 4 de septiembre.Lennart Ootes

“Creo que Niemann ha hecho más trampas —y más recientes— de lo que él admite”. El campeón del mundo de ajedrez, Magnus Carlsen, sigue basando en sus creencias, sin aportar prueba alguna, la acusación pública al estadounidense Hans Niemann, de 19 años, de recibir ayuda ilegal de computadoras durante sus partidas. Lo dice en un comunicado de seis párrafos, donde lo más sorprendente está en el último: “Me gustaría decir más. Por desgracia, estoy limitado de momento en lo que puedo decir sin el permiso explícito de Niemann”.

Es la primera vez que el noruego acusa con claridad en lugar de tirar la piedra y esconder la mano en los dos hechos que recuerda en el primer párrafo. Su retirada, por primera vez en su vida, de un torneo, la Copa Sinquefield en San Luis (EE UU), en la 3ª ronda tras perder con Niemann. Y su escandalosa y antideportiva rendición tras un solo movimiento en la partida con el estadounidense del torneo rápido por internet Julius Baer.

Sobre el primero de esos dos hechos, Carlsen explica: “Tuve la impresión de que él no estaba tenso o ni siquiera totalmente concentrado en las posiciones más críticas de la partida mientras me arrollaba con las piezas negras como solo un manojo de jugadores puede hacer”. Y explica así su chirriante actitud en el segundo: “No quiero jugar con gente que haya hecho trampas en el pasado porque no sé lo que serán capaces de hacer [más trampas] en el futuro”.

Niemann ha reconocido que no jugó limpio en partidas por internet entre los 13 y los 16 años, pero asegura que no ha hecho ninguna después, y nunca en partidas presenciales. Fue expulsado por ello del club virtual Chess.com, con decenas de millones de usuarios, que hace pocas semanas compró a su principal competidor, Chess24, del grupo empresarial Play Magnus, cuyo principal accionista es Carlsen.

Las redes contienen toneladas de opiniones o análisis, por escrito o en vídeo, de todas las partidas jugadas por Niemann en los últimos años, con estadísticas sobre el alto porcentaje de sus jugadas que coinciden con las que prefieren las computadoras, gráficos de su meteórica progresión en la lista mundial —no es la única, pero sí de las más rápidas— y los más variados detalles.

Niemann mira a Carlsen durante la partida entre ambos de la Copa Sinquefield en San Luis (EE UU).
Niemann mira a Carlsen durante la partida entre ambos de la Copa Sinquefield en San Luis (EE UU).Lennart Ootes

Entre ellos, el neerlandés Anish Giri, séptimo del mundo, ha revelado los movimientos que recuerda de dos partidas informales entre Carlsen y Niemann de las que fue testigo en una playa de Miami en agosto, donde se disputó un torneo de rápidas en el que Niemann ganó al escandinavo por primera vez. Diez días después empezó la Copa Sinquefield en Miami. Carlsen asegura ahora que pensó “seriamente en no participar” como protesta por la invitación a Niemann en el último minuto, pero que finalmente decidió jugar.

Del relato de Carlsen se desprenden dos posibilidades lógicas: que ya sospechaba de Niemann hace tiempo, lo que no impidió que fuera con él a jugar partidas en la playa, quizá para confirmar sus sospechas; y que, en esos momentos de relajación y supuesta complicidad, Niemann le dijo algo que ahora arrojaría supuestamente mucha luz sobre el escándalo. Pero ambas son compatibles con la opinión de que “los ajedrecistas de élite tienden a la paranoia y acusan de trampas cuando pierden ante jugadores jóvenes”, expresada en el primer momento por el estadounidense de origen armenio Levón Aronián, décimo del mundo, quien, sin embargo, cambió luego a otras más cercanas a la postura de Carlsen.

Nunca se ha demostrado que un jugador de la élite (en este caso, recién llegado) sea culpable de trampas. El comunicado del campeón incluye un párrafo, el segundo, que probablemente será apoyado por unanimidad: “Sé que mis acciones han frustrado a muchos en la comunidad del ajedrez. Yo estoy frustrado. Quiero jugar al ajedrez. Quiero continuar jugando al más alto nivel en los mejores torneos”. También el principio del tercero: “Creo que las trampas son algo muy serio y una amenaza a la existencia del ajedrez. También creo que los organizadores y todos a quienes les importa la pureza del juego que amamos deben considerar seriamente el aumento de las medidas de seguridad y los métodos de detección de trampas en el ajedrez presencial”. Y, sobre todo, la última frase: “Confío en que la verdad de este asunto salga a la luz, sea cual sea”.

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Leontxo García

Periodista especializado en ajedrez, en EL PAÍS desde 1985. Ha dado conferencias (y formado a más de 30.000 maestros en ajedrez educativo) en 30 países. Autor de 'Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas'. Consejero de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) para ajedrez educativo. Medalla al Mérito Deportivo del Gobierno de España (2011).

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