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Un estilo intolerable

Todos los partidos deben impedir y condenar actos soeces como el insulto de un senador a Susana Díaz

Carles Mulet rompe la fotografía de Susana Díaz en el Senado.
Carles Mulet rompe la fotografía de Susana Díaz en el Senado.

El estilo zafio e insultante del senador de Compromís Carles Mulet, que el martes rompió una foto de Susana Díaz en la tribuna del Senado mientras pronunciaba palabras de profundo desprecio —“qué asco de señora”— es intolerable en el foro de la democracia y debe ser motivo de una reflexión de todos los partidos para frenar la degradación en el debate político.

Desde hace ya un tiempo, las maneras que se están utilizando en la discusión pública empiezan a rondar el esperpento. Es lógico que en la batalla política los representantes de los partidos tiren de ingenio, e incluso de una cierta malicia, para imponerse a sus rivales, pero el tono chusco y simplón, tremendamente demagógico, que se está imponiendo como una marca de la nueva forma de hacer política contribuye a degradar hasta extremos insospechados lo que tiene que ser una batalla crítica que se libra con argumentos y con ideas, con propuestas; nunca con insultos. Recurrir a estos, como ha hecho el señor Mulet, no es más que una muestra de radical impotencia.

Ni Compromís ni Podemos han condenado los insultos, que justifican como respuesta a la descalificación que la propia Díaz hizo de estos partidos como “izquierda inútil”. El PP sí ha condenado la expresión utilizada por Mulet, y lo ha hecho introduciendo un argumento igualmente necesario al calificarla de “machista”. El Tribunal Constitucional respaldó en 2008 la mayor severidad en las penas contra los hombres que agreden a sus mujeres recogida en la ley contra la violencia de género, al ver “razonable por parte del legislador tratar de compensar la lesividad más frecuente” que sufren las mujeres.

La agresión verbal a Díaz exige una reflexión sobre lo que supone una incitación al odio hacia una mujer elegida democráticamente al frente de un Gobierno. Y, como cualquier insulto o gesto de odio, merece la condena firme de todos los que queremos convivir en paz y respeto. El señor Mulet —conocido por preguntar en el Senado sobre el apocalipsis zombi— y todos los que le justifican deben aprender cultura democrática antes de que el asco se vuelva contra la propia democracia.

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