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Quítese ese triángulo rojo, señor Mélenchon

El líder radical usa el símbolo de los presos políticos en los campos nazis pero su tacticismo favorece a Le Pen

Mélenchon, con el triángulo rojo en la solapa, durante la campaña electoral.
Mélenchon, con el triángulo rojo en la solapa, durante la campaña electoral. AFP

A los presos políticos en campos de concentración nazis se les colocó en la ropa un triángulo rojo. Los distinguían así de los judíos (amarillo), gitanos (negro), homosexuales (rosa) o apátridas (azul). El triángulo rojo se ha convertido ahora en el símbolo de resistencia a la extrema derecha. Lo ha popularizado el radical Jean-Luc Mélenchon, que explica a los periodistas que lo exhibe en la solapa desde que hace años se lo regaló un comunista belga. Ha llegado el momento de exigirle que se lo quite.

Por respeto a aquellos presos masacrados —muchos, por cierto, republicanos españoles—, el dirigente francés debe despojarse de inmediato de ese noble signo. “Por decencia”, como le ha reclamado en Liberation el escritor Didier Daeninckx.

Ha llegado la jornada de reflexión y al insumiso Mélenchon se le ha pasado la hora para combatir a la ultraderechista Le Pen del único modo responsable: pidiendo la papeleta para el centrista Emmanuel Macron. Decenas de miles de votos y abstenciones izquierdistas beneficiarán a la neofascista. El diario L´Humanité, que fue órgano oficial de los comunistas, le ha insistido en que la prioridad es derrotar a Le Pen con el mayor margen, es decir, “con la papeleta Macron”.

Lo peor del caso es que la cúpula ultraderechista ha destapado como nunca estos días su ADN fascistoide y filonazi. Así, Le Pen ha dicho que “Francia no fue responsable de la deportación de judíos a campos de concentración”. Pues bien, solo el 16 de julio de 1942 fueron enviados desde París a centros de la muerte 13.000 judíos, entre ellos más de 3.000 niños. Los agolparon en el Velódromo de Invierno, junto a la torre Eiffel, en una operación realizada por 4.500 policías y gendarmes. Hasta los libros de bachiller en Francia explican que brutalidades como esa se hicieron “sin presión alemana”.

El pasado 24, cuando Mélenchon dijo por vez primera que no daría consigna de voto entre Macron y Le Pen, esta colocó al frente de su partido a Jean-François Jalkh. Resultó ser un negacionista. Pone en duda las cámaras de gas con el estúpido argumento de que se tarda días en descontaminar un local donde se haya usado el gas Zykon B de los nazis.

Cualquiera de esas dos gravísimas alertas era suficiente para que Mélenchon rectificara. Pero no. Ni siquiera cambió de opinión cuando la líder neofascista le agradeció su gesto “responsable”.

Mélenchon aduce que Macron “es el candidato del sistema”. Lo dice él que, a sus 65 años, es el que más tiempo lleva viviendo del sistema: 34 años de concejal, consejero regional, senador, ministro, eurodiputado… El periodista Idafe Martín Pérez ha publicado este tuit:

- ¿Qué hacías tú cuando llegaron los fascistas?

- Es que el otro quería una reforma laboral.

Y Melénchon añadiría: “Es que maniobraba para las elecciones legislativas de junio”. Muy listo, pero muy indecente.

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