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Hijos

Hay otra clase de moral: la de creer que si el fin es la familia la absolución es popular

Fotograma de la serie televisiva "Breaking bad".
Fotograma de la serie televisiva "Breaking bad". Imagen de promoción

Otra vez en las noticias la familia de un criminal reclamándole asilo. Ahora en Chile: un hombre le pegó una paliza a su esposa, le arrancó los ojos y ella, acosada por la familia de él, llegó a cambiar su versión dos veces para salvarlo. Es probable que hayan criado mal a ese hombre; es seguro que lo estén criando peor. La familia y sus circunstancias es uno de uno de esos grandes asuntos que la sociedad ha preferido subcontratar al cine y la literatura: se prefirió el cómo al qué, y la ficción lo ha embellecido de tal forma que ante la búsqueda de un padre de familia ejemplar uno piensa de forma automática en Vito Corleone.

La boda de una hija, la violación de otra: la justicia de la mafia, que siempre es una justicia familiar. En el gran sentido de la palabra familia: el que trasciende la ley para llegar a una jurisprudencia viciada por las bellas artes.

Es curiosa la forma ideológica que se adivina en el ‘España, primero’ y el orgullo personal, con el gentío aplaudiendo, que hay cuando en lugar de un país es la familia la que va primero aun cuando la frase, con su encanto, pueda servir para justificar desde la corrupción al asesinato. La familia primero, sí, pero incluso entonces, en ese blindaje hecho de puro instinto, conviene no perder de vista la familia de los demás: también tienen derecho a ir primero. Se lo recordó Jordi Évole al preso más antiguo de España cuando el hombre le dijo que las víctimas de sus atracos a punta de pistola apenas sufrían "un ratillo". Minutos después, cuando estaba hablando de lo mucho que quería a sus hijas, Évole le preguntó qué haría si a ellas las encañonasen para atracarlas: "Persigo al hombre hasta cortarle la mano". "Pero si eso lo has hecho tú", dice el entrevistador. "Con mis hijas no, eso es otra historia", dice el entrevistado. Consecuencia de una irracionalidad lujosa muy propia, con muy buena fama.

"Lo hice por vosotros", dice Walter White a su familia en Breaking Bad. Tardó seis temporadas en reconocer que lo hacía por él. Pero en su razonamiento se adivina otra clase de moral: la de creer que si el fin es la familia la absolución es popular. "Yo hago lo que sea por mi hijo", se escucha, y pasa por una frase lógica. "Yo mato" como lema de escudo de armas. La medida de lo que se tenga que hacer suele ser la medida de un fracaso, por eso 'no sin mis hijos' es una frase afortunada si los demás también pueden con los suyos.

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