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No es país para niños

En España, la pobreza severa afecta a un 16,7 % de los menores de 18 años, nueve puntos por encima de la media europea

Alumnos del colegio de educación de infantil y primaria, Jacarandá, en Sevilla, durante el primer día de curso escolar.

No es país para niños. Como indica el informe de Save the Children con el elocuente título de Desheredados, que se publica hoy, las niñas y niños españoles han sufrido la crisis más que nadie. Pero, a diferencia de otros grupos que como los pensionistas consiguen visibilizar sus demandas, los menores de 18 años no votan.

No es país para niños pobres. En España la pobreza severa afecta a un 16,7% de los menores de 18 años, nueve puntos por encima de la media europea. Y la brecha de recursos entre niños ricos y pobres es incluso mayor que la ya de por sí alta desigualdad en la población adulta española. Ello nos coloca al lado de Bulgaria, Rumania o Grecia y a años luz de los países europeos más igualitarios.

No es casualidad. Ni una mera consecuencia de la crisis. Es el resultado de una desidia colectiva. La inversión que hacemos en la infancia no se corresponde con nuestro nivel de desarrollo económico. Países más pobres, como la República Checa o Eslovaquia, destinan un mayor gasto público que nosotros a las partidas de protección social relacionadas con los menores.

No son una prioridad política. El ADN de nuestro Estado de bienestar es la protección de los trabajadores, no de los ciudadanos independientemente de su situación laboral. Tenemos pocas ayudas a los padres y madres en situaciones de precariedad. Y cerca de 1.600.000 niñas y niños que viven por debajo del umbral de la pobreza no reciben prestación por hijo a cargo.

No podemos quedarnos de brazos cruzados. La pobreza afecta al desarrollo de las capacidades de los niños, a su bienestar físico y emocional. Y explica que nuestra tasa de abandono escolar sea una de las más altas de la UE. La reducción de la misma en los años de la crisis, repetida sin cesar por quienes creen que las cosas se solucionan solas, ha sido también muy desigual. En 2008 el 28% de los jóvenes que abandonaban los estudios procedía del quinto de familias más pobres. Hoy es el 36%.

No hay futuro. Si no nos esforzamos en proporcionar oportunidades para todas las niñas y niños en igualdad de condiciones, nos espera un porvenir gris. Seremos más viejos, más injustos y más cascarrabias. @VictorLapuente

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