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‘La Bella Durmiente’ | ¿Volveremos a dormir de un tirón?

Cuando toca levantarse de noche, me acuerdo del Danny Glover de 'Arma letal' y su “demasiado viejo para esta mierda”

Los padres de la Bella Durmiente fardan en la guardería de que les duerme toda la noche de un tirón.
Los padres de la Bella Durmiente fardan en la guardería de que les duerme toda la noche de un tirón.

Los asiduos al harrypaterismo ya sabréis que estamos muy orgullosos de nuestra niña y le vemos todas las virtudes. Pero objetivamente es de poco dormir.

Yo sigo cada noche entrando a escuchar que nuestra Bella Durmiente respire y hago apuestas conmigo mismo sobre cuántas veces se despertará.

Antes del parto, los amigos con hijos nos aconsejaban envasar al vacío horas de sueño, porque las íbamos a necesitar. Pero ninguno avisaba de que, pasados los primeros meses y cuando ya pensáramos ponernos la medalla de los superpadres que jamás han leído el Método Estivill, las campanas del pueblo volverían a sonar como alarma a medianoche.

Nuestro cuerpo ya se ha acostumbrado a volver a dormir con cierta normalidad y cuando toca levantarse en plena noche para calmar a la criatura, me acuerdo del Danny Glover de Arma letal y su “demasiado viejo para esta mierda”.

La niña ha evolucionado, ha actualizado el software, y ahora tiene despertares 2.0. Ahora habla y sabe llamarnos por nuestro nombre, que aún da más pena. Y sobre todo, sabe llamarme primero a mí porque ha comprobado que soy el blando de la pareja.

Como los productores de este país (y muchos empresarios gatoviejales en general) sabe que apretando un poquito, con lágrimas de cocodrilo, el autónomo cede. En nuestro caso paternal, eso se traduce en darle un chupito extra de biberón o llevarla a dormir a nuestra cama. Yo la entiendo, porque si me despiertan de madrugada el cuerpo me pide un bocata de sobrasada. Y no soy el único.

Mi mujer consigue mantener la calma y aplicar todas las técnicas que nos han explicado en cursos especializados, en horas diurnas sin niños llorando. Quizá le ayuda saber que puede volver a dormirse al momento de entrar en la cama, mientras que a mí, si me desvelan, ya sólo me queda mirar Twitter, medio capítulo de serie o fregar los platos.

Nosotros nos turnamos para atender cada uno de estos despertares inesperados. A veces me levanto a la primera y a veces algunas patadas de mi mujer con un “te toca” me ayudan a motivarme.

Si no se atienden sus peticiones, por mucho que se la abrace, se la bese y se le diga que todo está bien, la niña se revuelve a lo Regan de El Exorcista, gritando “¡Noooooo!” o “¡el chupete!”.

En momentos de nervios me acuerdo de los padres que afirman dormir toda la noche.

Lo único que la calma y la ayuda a dormirse es pellizcarme la mano con ansias. Un rato es tierno pero al final duele. En noches de mucho agotamiento, intento hacer de Indiana Jones con el saco de arena y cambiar mi mano por un peluche a abrazar sin que caiga la piedra rodante.

Pese a todo, en los días de más sueño, cansancio y rebeldía, pienso en el lado positivo del asunto. Y es que ver amanecer con la persona que quieres siempre es precioso.

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