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Cómo usar los datos para que nadie se quede atrás

El ‘big data’ emerge como herramienta puntera para diseñar políticas sociales. Un foro de la ONU debate su uso en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

El centro Pulse Lab de la ONU en Uganda ha diseñado una nueva herramienta para analizar los contenidos de las emisiones de radio.
El centro Pulse Lab de la ONU en Uganda ha diseñado una nueva herramienta para analizar los contenidos de las emisiones de radio.

Los datos son la base de la toma de decisiones. Sin ellos no se puede saber cuántas personas viven en la pobreza, cuántas escuelas se deben construir y dónde, ni a qué se destinan los fondos públicos y con qué resultado. Sin embargo, a día de hoy, más de un centenar de países no registran bien algo tan básico como nacimientos y muertes; sólo cuatro de cada diez lo hacen con la violencia contra las mujeres, y se estima que uno de cada cuatro niños menores de cinco años no dispone de partida de nacimiento, por lo que puede ver negado su acceso a servicios de salud y educación y puede ser forzado al matrimonio, trabajo o reclutamiento en fuerzas armadas antes de la edad legal.

Estas enormes lagunas de datos de calidad coinciden con dos grandes movimientos: la implementación de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, una ambiciosa hoja de ruta para guiar las políticas de los estados hasta 2030, y la explosión en el volumen de datos que se genera cada día a tenor de avances tecnológicos en áreas como la información y la comunicación. La información producida por esta y otras vías se dobla cada año, y sólo en 2015, se produjeron más datos que en toda la historia de la humanidad. Bajo el lema No podemos lograr lo que no somos capaces de medir, el I Foro Mundial de Datos de la ONU, que se celebra en Cape Town (Sudáfrica) entre este 15 y 18 de enero, reúne por primera vez a más de 1.000 representantes de los sectores público, privado, académico y de la sociedad civil implicados en la producción y uso de datos. El gran objetivo de este evento es que dichos ámbitos empiecen a trabajar de forma conjunta —intercambiado conocimientos, estableciendo colaboraciones y comprometiéndose con un plan de actuación global— para sacar partido de los datos en pos del desarrollo sostenible de todas las comunidades —muy especialmente, de las que han quedado rezagadas—.

Los números permiten establecer el punto de partida de cada país con respecto de los ODS y establecer prioridades; orientar el diseño de políticas de desarrollo, y cuantificar el progreso

“La Agenda 2030, bajo el principio de no dejar a nadie atrás, remarca la necesidad de nuevos enfoques y herramientas para responder a una demanda sin precedentes de datos de alta calidad”, lo que supone un enorme reto para todos los países, subraya el Foro en su presentación. El desafío de rellenar lagunas de datos sobre cuestiones y comunidades enteras y de medir el progreso en los 230 indicadores de los ODS —el doble que en los objetivos adoptados hasta 2015— requiere una nueva forma de producir y utilizar datos. La máxima autoridad de la División de Estadística de la ONU y del secretariado del Foro, Stefan Schweinfest, destaca que una clave es la integración: combinar fuentes de datos y herramientas existentes como encuestas con otras punteras como información geoespacial, y sentar en la mesa tanto a los centros oficiales de estadística como a los ecosistemas de datos representados por el mundo científico, de los negocios y entidades sociales.

Los números permiten establecer el punto de partida de cada país con respecto de los ODS y establecer prioridades; orientar el diseño de políticas de desarrollo, y cuantificar el progreso, asegurando la rendición de cuentas por parte de los gobiernos. Si una clave de los ODS y los datos para el desarrollo es la integración, la otra es la inclusión: la aspiración de contar a todo el mundo para que todo el mundo cuente —mujeres, indígenas o personas con discapacidad— significa que hace falta información en tiempo real y desglosada por variables como sexo y edad; que muestre los problemas sociales con una mayor resolución espacial, y que permita comprender mejor las preocupaciones y prioridades de las personas y proteger sus derechos humanos, sean quienes sean y estén donde estén. “Nunca más debería ser posible decir no lo sabíamos. Nadie debería ser invisible”, alerta el grupo asesor de la ONU sobre revolución de datos en un informe. Aquí entran en juego innovaciones como el big data.

'Big data' y la filantropía de datos

El big data es el océano de datos digitales que las personas, tanto de países industrializados como en vías de desarrollo, generan en su vida cotidiana: cuando utilizan teléfonos móviles, transfieren dinero, buscan información en Internet o se conectan a redes sociales, ilustra Miguel Luengo-Oroz, el científico jefe de Datos de Global Pulse ONU —iniciativa dedicada al aprovechamiento de los macrodatos para el desarrollo y la acción humanitaria—. La importancia de estos rastros digitales radica en que pueden analizarse con métodos y herramientas innovadores “para comprender el bienestar de las personas en tiempo real” y asegurar que nadie queda rezagado del desarrollo global.

Redes sociales como Twitter, por ejemplo, permiten medir el impacto de campañas públicas de salud; seguir el aumento del precio de los alimentos y, por lo tanto, de la seguridad alimentaria, y priorizar necesidades tras un desastre natural. El Banco Mundial, que apoya la organización del Foro, se ha asociado con la plataforma de transporte en línea Uber y con empresas de servicios de navegación para combinar y publicar sus datos sobre tráfico en Filipinas. “Queremos aportar información de alta calidad y última hora a los gobiernos para ayudarles a tomar decisiones sobre infraestructuras y gestión de tráfico”, precisa el científico senior de Datos de la institución Tariq Khokhar. Para poner en perspectiva la velocidad de estas nuevas herramientas y fuentes de datos, basta con mirar las tradicionales encuestas de hogar en los distintos países: se llevan a cabo cada tres a cinco años y aún no se han procesado buena parte de las realizadas después de 2012, apunta la ONU.

Más de un centenar de países no registran bien algo tan básico como nacimientos y muertes

La aplicaciones del big data crecen cada año, pero su potencial no se aprovechará sin la colaboración del sector privado. Por ello, Global Pulse ONU promueve una nueva forma de solidaridad basada en la concepción de los datos como un bien público: la filantropía de datos. Mediante esta innovadora modalidad de colaboración público-privada, empresas de sectores tales como el financiero, de telecomunicaciones y redes sociales comparten parte de los datos generados en su actividad comercial o los conocimientos y herramientas tecnológicas necesarios para su análisis. La revolución de los datos que ahora se busca aplicar al desarrollo sostenible ya prospera en el sector privado desde hace más de una década, observa Paula Hidalgo-Sanchís, responsable del Pulse Lab Kampala —el laboratorio de innovación del Global Pulse en Uganda—.

“La mayoría de los datos están en manos de compañías privadas, que los utilizan para servir a sus clientes. Global Pulse ONU se alía con empresas que tienen estos valioso datos para que los compartan de modos que no comprometan la privacidad de sus clientes ni su propia competitividad, pero que permitan usarlos en el ámbito del desarrollo para ver lo que está pasando mientras está pasando”. Ejemplos recientes son los acuerdos firmados en septiembre de 2016 con BBVA y Twitter. El primero supone el acceso a datos de operaciones financieras para comprender cómo actúan las personas antes y después de las catástrofes naturales, y el segundo pone a disposición las herramientas de la red social para analizar las aportaciones públicas de los usuarios. En ambos casos, el fin es mejorar programas de desarrollo y ayuda humanitaria en todo el mundo.

Para el jefe de Estadística de la ONU, el Foro es un espacio idóneo para que países que ya han firmado acuerdos de datos exitosos en su territorio —por ejemplo, con empresas de telefonía— compartan sus modelos y otros estados los puedan adaptar sin tener que empezar desde cero. Y aunque esta colaboración se conozca como filantropía de datos, supone un beneficio mutuo. “El sector privado no es solamente altruista cuando comparte ciertos paquetes de información con el público para ayudar en la toma de decisiones: cuando aumenta el nivel de educación en un país también lo hace el factor de producción trabajo, y una mejor infraestructura de transporte también ayuda a las empresas”.

El reto de la privacidad

Para que las empresas accedan a compartir datos con regularidad hay que resolver la cuestión de la privacidad. Un tema que el Foro abordará en el marco de un diálogo sobre gobernanza de datos ­—las reglas del juego en torno a su obtención, diseminación y uso—. “Las regulaciones varían entre países y compañías, y todo ello se suma a la complejidad de usar y compartir estas nuevas fuentes de datos”, remarca Khokhar del Banco Mundial. La cuestión no es baladí. Durante el brote de ébola de 2014 en África occidental, por ejemplo, la falta de consenso hizo “extremadamente difícil” el acceso a información anonimizada sobre llamadas de móvil, limitando la comprensión sobre la movilidad de los ciudadanos y entorpeciendo la respuesta humanitaria, según ilustra el Grupo Asesor de Privacidad de Global Pulse en un informe sobre la materia publicado en diciembre de 2016. Además de la fragmentación del marco regulatorio, este informe aborda el imperativo de evaluar los riesgos, justificar la necesidad y asegurar la transparencia de cada proyecto basado en big data; cómo actuar cuando no es práctico o posible obtener consenso para la captación y uso de macrodatos, y cómo prevenir riesgos de seguridad como la interferencia de hackers. Como todas las iniciativas internacionales con actores de diversos ámbitos —concluye el documento— el consenso sólo se puede alcanzar si los sectores implicados intercambian información sobre qué funciona y que métodos no deberían repetirse.

La Agenda 2030, bajo el principio de no dejar a nadie atrás, remarca la necesidad de nuevos enfoques y herramientas para responder a una demanda sin precedentes de datos de alta calidad

Las personas que requieren ayuda humanitaria en el mundo se ha doblado en sólo una década sin que lo haya hecho la financiación, y los retos en los ámbitos del desarrollo y la acción humanitaria siguen aumentando. Por ello, el Grupo Asesor ve “crucial que los profesionales adopten la tecnología y el big data para mejorar la toma de decisiones”, abordando debidamente sus riesgos. En el centro de este esfuerzo —añade— está el diálogo entre las partes implicadas.

Grupos invisibles y próximos pasos

El diálogo global que empieza en el Foro tendrá como faro la promesa de que los objetivos de desarrollo sólo se cumplirán si se cumplen para todos. En la actualidad, muchas minorías y grupos vulnerables están infrarrepresentados en las colecciones de datos, y en la práctica resultan invisibles para sus gobiernos y para las organizaciones dispuestas a aportar recursos económicos y técnicos para avanzar en los ODS. Los barrios de chabolas y las poblaciones indígenas —remotas o simplemente marginalizadas— suelen estar excluidos de las estadísticas oficiales y de los conjuntos de datos de cualquier tipo, y se desconoce con exactitud cuántos niños con discapacidad están sin escolarizar. De hecho, las personas con discapacidad no se tenían en cuenta en los objetivos de desarrollo implementados hasta 2015, aunque suponen el 15% de la población mundial.

Otro caso paradigmático es el de las mujeres. “La mayoría de datos sobre niñas y mujeres son incompletos o están sesgados, reflejando los roles de género tradicionales de una sociedad”, expone la directora ejecutiva de Data2X Emily Courey Pryor, al frente de iniciativa de la Fundación ONU para fomentar los datos de género. “Lo que se mide es lo que se valora. Si medimos aspectos de la vida de las mujeres, estamos diciendo que nos importan, y los datos desglosados por sexo nos dan una oportunidad en este sentido”. Comprendiendo sus necesidades, todos los actores pueden trabajar conjuntamente para crear políticas y programas de ayuda eficaces, argumenta. En cuanto al big data, subraya su “tremendo potencial” para rellenar lagunas de datos sobre mujeres y sus oportunidades y retos con respecto a los hombres.

Para satisfacer los requerimientos de datos de los ODS, los profesionales enfrentan el desafío de desglosar los datos —por lo menos— por edad, sexo y discapacidad. También deberán desglosarlos geográficamente para visibilizar los grupos marginalizados dentro de países con promedios estadísticos favorables, incluso recurriendo a tecnologías como los satélites, explica el jefe de Estadística de la ONU. “Lo que necesitamos para el desarrollo a largo plazo es información de alta calidad, pero hace falta una buena inversión en los sistemas estadísticos y el momento de hacerla es ahora. Lo peor no sería avanzar más o menos en los ODS, sino llegar a 2025 y darse cuenta que ni tan siquiera sabemos si hemos progresado porque no tenemos datos”.

Luengo-Oroz de Global Pulse ONU también mira al futuro. En su caso, al del big data para el desarrollo y la acción humanitaria. A su juicio, la relevancia de los macrodatos para el bien social se confirmará midiendo el impacto de las decisiones que ayuden a tomar. “En los próximos años, los profesionales habrán comprendido el retorno de inversión de los macrodatos. Entonces, habrá llegado el momento de empezar a medir los costes financieros y humanos de no utilizarlos”.

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