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Justicia en Israel

La condena a un soldado por rematar a un palestino refuerza más a Israel que las irreflexivas proclamas de Netanyahu

El soldado Elor Azaria, rodeado por su familia al escuchar el veredicto.
El soldado Elor Azaria, rodeado por su familia al escuchar el veredicto. AP

Un tribunal militar israelí ha concluido que el soldado Elor Azaria, tristemente famoso por ser el protagonista de un vídeo en el que se observa cómo remata en el suelo a un palestino malherido y desarmado, es culpable de homicidio. Los hechos ocurrieron en la ciudad de Hebrón en marzo de 2016 después de que dos palestinos atacaran con puñales a los soldados de una patrulla israelí, que respondió abatiendo a los agresores.

A la espera de la sentencia definitiva, que se conocerá en las próximas semanas, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ya se ha pronunciado a favor del indulto del soldado Azaria, convertido por la derecha israelí en una víctima de los medios de comunicación y las presiones internacionales. Pero al contrario de las proclamas de los que defienden su indulto, Elor Azaria no es ni el ejemplar “chico de todos” que dibujan ni un inocente soldado de reemplazo que merece la compasión de la sociedad que le llamó a filas: como ha quedado acreditado, el soldado Azaria llegó al lugar de los hechos después de que se produjera el ataque, cuando su víctima, Abdelfatá Abed Fatah Al Sharif, al que disparó con toda frialdad, ya no representaba amenaza alguna, así que en absoluto puede alegar haber actuado en defensa propia.

Es sabido que Israel se enfrenta, a la vez que a una muy importante amenaza terrorista y a un entorno regional hostil, a la crítica internacional por su política de ocupación, sistemáticamente condenada por su ilegalidad. Sorprende por eso que los defensores del soldado Azaria no entiendan que el veredicto conocido ayer demuestra que Israel es un Estado de derecho con tribunales independientes y una democracia vibrante, cosa que ninguno de sus vecinos puede afirmar. Sentencias como estas refuerzan más a Israel que las irreflexivas proclamas de su primer ministro y los fanáticos que le secundan.

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