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¿Por qué una mujer no debería votar jamás a Trump?

Más de una docena de artistas, periodistas, escritoras, políticas, directoras, cantantes y actrices dan sus argumentos

¿Debemos descuartizar a Trump?, es el título de una tribuna que hace unos días se publicó en este periódico. Se refería, obviamente, a su vapuleamiento mediático y a la conveniencia de haber dejado de lado la objetividad en la cobertura periodística de esta campaña por la presidencia estadounidense. Parece también obvio defender esa objetividad in extremis, pero la cuestión se complica cuando se trata de un hombre que alardea públicamente de denigrar y acosar a las mujeres, que las cosifica y pone en cuestión su inteligencia, que las trata y las mira con lascivia y que dijo que cuando eres una estrella puedes hacer lo que quieras: "Agarrarlas por el coño. Lo que sea".

La candidata demócrata, Hillary Clinton, durante un acto de campaña en el Paramount Theatre en Seattle. B. Smialowski / ATLAS

No es controvertido, ni polémico, ni discutible. Ha quedado ya muy lejos de cualquiera de esos adjetivos y ha dado el salto a lo impresentable, lo inadmisible y lo punible. Todo en Donald Trump —el discurso, el tono e incluso los gestos— forma parte de un imaginario vetusto y polvoriento de patrones y señores, de salas en penumbra donde las mujeres se sentaban sobre las rodillas de los hombres, de puros largos de humo denso y de braguetas fáciles entre piernas sometidas, de órdenes y mutismo como respuesta. Pueden elegir el siglo que quieran para esa fotografía, incluso este, porque a pesar de todo, el candidato republicano sigue en la carrera hacia la Casa Blanca. Una situación inconcebible que Michelle Obama reflejó de forma contundente en Manchester (New Hampshire), y que Hillary Clinton sintetizó en un claro tuit: "Las mujeres tenemos el poder de parar a Trump".

Vídeo: Discurso completo de Michelle Obama en un acto electoral de Hillary Clinton. Foto: CJ Gunther

El pasado 11 de octubre, la web de análisis estadístico FiveThirtyEight, hizo un experimento interesante: se basó en encuestas reales para crear dos mapas ficticios, uno con los resultados electorales si solo votasen las mujeres, y otro en el que se reflejaba el de los hombres. En el primer caso, Hillary Clinton arrasaría con Trump por 458 votos electorales frente a 80. En el segundo lo haría Trump con 350, y Clinton se quedaría con 188. Son preocupantes ambos resultados después del elevado número de abusos, insultos, salidas de tono y barbaridades del republicano, pasados o presentes.

En esta última semana varios medios han publicado las denuncias por abusos sexuales de varias mujeres (Jessica Leeds y Rachel Crooks en The New York Times, Mindy McGillivray en el Palm Beach Post de Florida, Summer Zervos dio una rueda de prensa en Los Ángeles); han corrido como la pólvora vídeos donde Trump hacía comentarios sobre niñas, que recuperó la CBS; otros en los que tiene conversaciones deleznables en el programa de radio de Howard Stern y que recopiló la CNN; The Washington Post revolucionó el viernes la campaña, las redes y la indignación colectiva con un vídeo de 2005 en la que presumía del poder de ser alguien muy conocido: "Cuando eres una estrella, te dejan hacerles cualquier cosa. Agarrarlas por el coño. Lo que sea". Humillaciones a la ex Miss Universo Alicia Machado, a Kim Kardashian por su peso; una denuncia por parte de los empleados del candidato republicano en su club de golf de Palos Verdes (Los Ángeles) en la que afirman que solo quería mujeres guapas trabajando para él o el intento de culpabilizar a Hillary Clinton por las infidelidades de su marido.

La lista podría continuar. Más mujeres, más machismo, más misoginia. Ataques a sus compañeros de partido, a discapacitados, a Barack Obama, más sinvergonzonería. Insultos a musulmanes y mexicanos, más racismo. La acusación de evasión de impuestos federales y beneficios fiscales. Rechazo a los homosexuales, más homofobia. La idea de que tener a hombres y mujeres trabajando juntos legitima las violaciones, de que hay que "castigar" el aborto, de que las embarazadas son un problema en las empresas, o de que las mujeres son un peligro en el mundo laboral. Llama "zorra" a Hillary Clinton en algunos productos de su merchandising político y permitió que un periodista radiofónico llamase a su hija Ivanka "pedazo de culo".

A pesar de ese largo historial, y del repudio que ha ocasionado no solo en la opinión pública sino en su propio partido, todavía quedan mujeres y hombres que lo votarían, que lo disculpan o que concuerdan con él. Todavía quedan medios de comunicación y personalidades públicas que lo defienden.

La cuestión, frente a un hombre que atenta contra los cinco primeros artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos, es llegar a entender las circunstancias que permiten que siga dónde está, y que todavía le dan la posibilidad de ser presidente de los Estados Unidos; es pensar en los pasos atrás de una sociedad que pretende avanzar hacia la igualdad plena; es plantearse dónde están las fallas para que este comportamiento primitivo y soez tenga todavía nichos en los que triunfa.

Ante tales evidencias, no cabe preguntarse por qué jamás una mujer debería votar a un degenerado —"cerdas gordas, perras y gambas" son algunos de los adjetivos que él usa con las mujeres—, sino por qué cualquiera querría hacerlo.

Los "por qué no" de 15 artistas, cantantes, actrices, políticas, escritoras, directoras y periodistas


Luz Sánchez-Mellado | Periodista de EL PAÍS

Por machista repugnante. Por xenófobo inmundo. Por zafio repulsivo. Por perdonavidas de todas las vidas menos de la suya. Por gañán profundamente indecente. Por sobrado de testículos. Por carecer absolutamente de empatía y compasión por el prójimo. Por reírse no con, sino de todo el mundo menos de él mismo. Por ese peinado y esa papada y ese tinte y esos trajes infames. Porque el globo no se merece semejante vergüenza ajena. Por creerse la muerte en vida desde que se levanta hasta que se acuesta. Porque que ganara o ganase y presidiera o presidiese sería la muerte, en efecto.

Heidi Steinhardt | Dramaturga y directora

Donald Trump ha salido de lo más oscuro del infierno. Sus políticas diabólicas rozan la ciencia ficción. Para mí, este hombre no resiste ningún análisis. Lo escucho hablar y me parece un personaje de X-Men mezclado con Tío Gilito, con todas las metáforas incluidas. Lo que hay que pensar seriamente es a qué clase de "humanoides" representa. Lo más peligroso está en ellos, en quienes lo voten.

Laura Freixas | Escritora

Nadie partidario de la igualdad debería votar a un hombre que quiere prohibir el aborto, no tiene ningún plan contra la brecha salarial, acosa sexualmente a diestro y siniestro, y ha ido formando parejas cada vez más desiguales, lo que no deja de ser un síntoma. Aparte de eso, no tiene ni idea de nada. Sus entrevistas son penosas: duda, se contradice, no entiende la pregunta... Que semejante zopenco haya llegado tan arriba solo puede deberse a que se beneficia del capital simbólico patriarcal: en Trump no vemos solo a Trump sino, inconscientemente, a los héroes, los premios Nobel, el Papa y Supermán. Si no, no me lo explico.

Mabel Lozano | Directora, guionista y productora

Me resulta completamente incomprensible que Trump, machista y misógino, pueda gobernar Estado Unidos. Un país con una población de mas del 50% de mujeres, por tanto también del talento de ese país, este cerdo, gordo y perro —según sus propias palabras dirigidas a mujeres— piensa anular, machacar, insultar e incluso castigar a la mitad de los ciudadanos de su país, en un claro retroceso tanto en lo social como es la ley del aborto, como en lo económico con la desigualdad salarial. En qué mundo vivimos, donde tiene cabida este hombre que odia a las mujeres y se jacta abiertamente de ello.

Montserrat Domínguez | Directora de 'El Huffington Post'

Dice Robert de Niro que Donald Trump es un cerdo. Yo añadiría que, además, es muy listo, porque ha sabido aprovechar sus dotes de showman para poner patas arriba al Partido Republicano, que ahora anda desquiciado tratando de evitar el desastre en las elecciones de noviembre. Los medios tenemos nuestra cuota de responsabilidad: nos reíamos tanto con el payaso, nos daba tanta audiencia, que le hemos dedicado demasiado espacio. El famoso audio en el que se pavonea de lo divertido que es acosar mujeres confirma algo importante: que Trump es, en privado, tal cual le vemos en público. Un misógino, un racista, un xenófobo, un mentiroso compulsivo. Un cerdo, vaya. Cualquiera puede visualizarle como ese vecino del que huyes en el portal: lo que resulta inimaginable es que sea presidente de los EE UU. Nada es descartable: por eso a los periodistas nos toca dejarnos de chorradas y tratar de averiguar por qué millones de mujeres y hombres estadounidenses están dispuestas a votar a un tipo así.

Leonor Watling | Actriz y cantante

Quizá parezca una obviedad, pero conviene recordar que machismo no es lo contrario de feminismo. El machismo defiende la superioridad de un género (el macho) sobre otro, mientras que el feminismo defiende la igualdad de derechos y deberes entre las personas sean del sexo que sean. El machismo que despliega Trump es tan agresivo que no se habla de otra cosa en la campaña electoral. Estas elecciones no son un concurso entre hombres y mujeres, no son una guerra de sexos. Nadie con un mínimo sentido común (del género, color u orientación sexual que sea) votaría como representante suyo a esta persona.

Concha Mayordomo | Artista plástica, investigadora y comisaria de exposiciones

El pasado mes de julio el fotógrafo Spencer Tunick organizó una performance en la que cien mujeres desnudas, portando grandes espejos redondos, posaron ante su cámara a modo de alerta, ya que todos los pronósticos indicaban que en la convención del Partido Republicano en Cleveland (Ohio, EE UU) que se celebraba en esos momentos, Donald Trump saldría como candidato a la presidencia de Estados Unidos. Desde entonces, el movimiento social y cultural no ha parado de advertir sobre el peligro que representa la declarada misoginia del candidato. El poder que desde la cuna puede ostentar la privilegiada clase de los multimillonarios, se demuestra en casi todas las facetas de su vida, especialmente en las que relaciona sexo y dinero. Si además puede llegar al político obtendrá entonces los pocos privilegios que a día de hoy aun le son vetados. Pongan todo ello en una coctelera y añádanle grandes cantidades de insensatez, cinismo, engreimiento y cierto sadismo, obtendremos entonces el retrato de un verdadero monstruo. Las rubias anglosajonas, las latinas, las de raza negra, las asiáticas, las obesas, las que abortaron, las que ostentan algún tipo de poder… es decir todas, estarán/estaremos gobernadas por un gran misógino dispuesto a cosificar a más del 50% de la población para desposeerles de derechos fundamentales que, con mucho sufrimiento y gracias a Eleanor Roosevelt, fue posible conquistar.

Mercedes Hernández | Experta en derechos humanos y violencia de género y Presidenta de la Asociación de Mujeres de Guatemala

Pocas veces el fascismo y la misoginia han encontrado un defensor tan coherente con sus postulados como este sano hijo del patriarcado —sano hijo del patriarcado es una expresión que usamos las feministas cuando se dice de un misógino que es un enfermo. No son enfermos, son hijos sanos del patriarcado—. Una fortuna construida sobre la base de actos criminales que van desde lo políticamente más desaprobado en EE UU, la evasión de impuestos por décadas, el invisibilizado esclavismo, así como una masculinidad construida sobre la cosificación y denigración de las mujeres, debe poner en cuestión el ideal de hombre de éxito y del mismo american dream.

Cristina del Valle | Cantante y embajadora de la ONU

Nadie debería votarle por misógino, por racista, por hacer apología de la violencia contra las mujeres, por cosificarlas y tratarlas como objetos, por tratar a las mujeres como seres no portadores de derechos, por alimentar el odio y la discriminación. Porque su modelo ideológico supone toda una degradación moral y ética que el mundo no puede permitir.

Mª Ángeles Cabré | Escritora, crítica literaria y directora del Observatorio Cultural de Género

Votar a Trump en este agitado año 2016, entre otros graves retrocesos en materia de libertad de expresión, inmigración y otros asuntos nada baladíes, es votar contra todo aquello por lo que las mujeres hemos luchado desde que tenemos la fuerza de decir no colectivamente a la tiranía del patriarcado, que nos ha querido convertir en seres sin derechos y sin voz. Mr. Trump, ese fantoche que da vergüenza ajena y cuya carrera política resulta inexplicable, cree que las mujeres somos objetos de usar y tirar. Votarlo es pues como lanzar un bumerán destinado a golpear nuestras propias cabezas, algo altamente desaconsejable.

Amparo Rubiales | Feminista y socialista

Michelle Obama le ha dicho al macho Trump: “Puedo decir que los hombres de mi vida no hablan así sobre las mujeres”. Rechazar los “valores” de la sociedad patriarcal, de la que es uno de sus más deleznables representantes, no es estar contra los hombres. Justificar sus conductas y palabras contra la dignidad de las mujeres, afirmando que son “lenguaje de vestuario”, insulta también a los “hombres decentes” y pone el dedo en la llaga de los arraigados problemas de los machos, esos que ante una violación preguntan: “¿Apretó bien las piernas?”. Acabar con los machos está costando sangre, sudor y lágrimas.

Clara Serra | Responsable del Área de Igualdad y Feminismos del Consejo Ciudadano Estatal de Podemos, diputada en Madrid y profesora de Filosofía

Alguien para quien las mujeres somos “en esencia, objetos estéticamente agradables”. Que opina que “la mejor parte de cualquier película es cuando hacen callar a las mujeres”, o que dice explícitamente que con nosotras “él puede hacer lo que quiera”, es alguien que usa su posición privilegiada para ejercer el poder contra las mujeres. Si llega al poder lo usará, seguro, contra el resto de colectivos a los que también, como a las mujeres, desprecia. La historia nos enseña que los modelos sociales y políticos basados en la intolerancia nunca nos han beneficiado, ni a las mujeres ni al conjunto de la sociedad. Trump representa el pasado, y el pasado más peligroso, el que destituye el pluralismo y la igualdad y hace a la historia retroceder a tiempos muy oscuros.

Carmen G. de la Cueva | Periodista y editora en La tribu de Frida y La señora Dalloway

No solo deberían no votarle por sus políticas conservadoras, racistas y homófobas, sino por su misoginia. Solo encuentro razones para no votarle. Mujeres y hombres. En el caso de las mujeres, por los denigrantes comentarios que hace sobre nuestros cuerpos, por restarle valor a nuestra ambición y capacidades. Y esa seguridad de que él como hombre poderoso puede hacer cualquier cosa que le apetezca con una mujer, como si no fuéramos nada, como si no contásemos. Puede acosar a sus empleadas, besarlas, tocarlas y poseerlas como si fueran eso: una propiedad más, un juguete al que manosear. Y aun haciéndose público, él lo reduce a “conversaciones de vestuario”. Ese es otro problema que me preocuparía mucho si fuera hombre: ¿qué clase de género representa Trump poniendo a todos los hombres en el mismo saco misógino y machista? Me preocupa la cultura de la violación, que la sociedad vea como algo normal lo que sucede en las fiestas, en los campus universitarios, hasta en los programas de televisión: los hombres son así, no arruinemos sus vidas, ocultémoslo, silenciémonos. No. Hasta se llegó a popularizar en Twitter , que hace referencia a la enmienda 19 de la Constitución de Estados Unidos que garantiza el derecho al sufragio femenino. ¿Estamos locos? Jamás votaría a un candidato que no luche por garantizar mis derechos.

Beatriz Jurado | Presidenta de Nuevas Generaciones

Salvando las diferencias culturales y la realidad de cada uno de los dos países, España y Estados Unidos, Donald Trump ha tenido manifestaciones y hechos que agreden el respeto a la mujer. Es más que evidente que al frente de un país tan importante tiene que haber una persona que por encima de todo respete. Y la suerte que tenemos en nuestro país, pese al difícil momento que vivimos, de que el tema de la igualdad no sea un tema en cuestión, sino algo que todos tenemos en nuestro ideario.

Asunción Bernárdez Rodal | Directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense

Las mujeres no deben votarle simplemente porque es muy peligroso dar poder político a individuos que no creen en la igualdad y en la democracia.

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