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Europa atacada

Europa ya fue agredida en noviembre pasado en París pero no reaccionó como tal

EXPLOSIÓN EN ESTACIÓN DE METRO EN BRUSELAS Varios pasajeros evacúan un vagón de metro en Bruselas el 22 de marzo de 2016. EFE

En cada atentado terrorista cometido en suelo europeo, el guion es tan idéntico como desesperante: mientras que los terroristas atacan a Europa con mayúscula, Europa reacciona en minúscula. Tanto los textos justificatorios de los atentados como las declaraciones y trayectorias vitales de los yihadistas (especialmente los de origen europeo) muestran un odio visceral a todo lo que Europa simboliza: un espacio de libertad individual, valores democráticos y tolerancia religiosa sin igual.

Cualquiera que comulgue (nunca mejor dicho) con esa Europa, que es tanto una idea como un proyecto y una forma de vida, es un objetivo potencial, aunque sea musulmán: eso explica que los asaltantes del Teatro Bataclán en París en noviembre pasado no separaran por religión ni nacionalidad a las 1.500 personas que allí se encontraban para ejecutarlos selectivamente sino que consideraran que todos los que allí se encontraban eran objetivos legítimos.

Los Estados miembros prefieren reservarse para sí toda actuación que toque materias sensibles de seguridad

Europa ya fue atacada en noviembre pasado en París, pero no reaccionó como tal.

En lugar de solicitar la activación de la cláusula de solidaridad prevista en el artículo 222 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que hubiera implicado una respuesta colectiva y coordinada por parte de la Unión Europea, el gobierno francés prefirió recurrir a un artículo, el 42, que situaba la respuesta en el plano intergubernamental y fuera de las instituciones de la UE.

Detrás del tecnicismo jurídico había un mensaje muy claro: como mostró la decisión de Hollande de bombardear de forma inmediata bases del Estado Islámico en Siria, el gobierno francés quería reservarse una completa libertad de actuación en todos los frentes de la lucha antiterrorista.

Europa es un ente abstracto por el que nadie quiere morir

Como en la crisis de los refugiados o en la política hacia Siria, los Estados miembros prefieren reservarse para sí toda actuación que toque materias sensibles de seguridad. Ya entonces, la conexión belga de los atentados de París mostró que esta óptica de soberanía nacional era un profundo error.

Para recordárnoslo, los yihadistas han atacado ahora Bruselas, la capital de la Unión Europea. Pero seguro que muchos seguirán pensando que ha sido un ataque sobre Bélgica. Europa es un ente abstracto por el que nadie quiere morir, pero que haya muchos dispuestos a matar europeos nos debería dar una medida de la fortaleza de nuestra identidad y proyecto.

@jitorreblanca

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