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Por qué los últimos 50 años son clave para los próximos 15

Hoy sabemos que no basta crecer: si no es sostenible, no es desarrollo

Un campesino, en una zona reforestada por el PNUD en 1982. (ONU)

Del medio siglo que celebra el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) este año, he vivido la mitad de ellos en distintos roles en la organización.

Nuestra historia empezó enfocándonos en la pobreza del mundo, en los países y en las personas más necesitadas, en el fin de la era colonial y el surgimiento de nuevos países independientes que trazaban sus propios caminos hacia la prosperidad.

En América Latina y el Caribe hemos apoyado a muchos países en su transición hacia la democracia, en diversas comisiones nacionales de verdad y justicia y en el fortalecimiento de las capacidades institucionales. Nuestra alianza con los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado también ha sido clave para políticas públicas innovadoras que han ayudado a mejorar la vida de mujeres y hombres, también con la creación de empleos.

Este año, en particular, es significativo para nuestra región. Hace más de 50 años comenzó el conflicto armado interno de Colombia; ahora está a punto de llegar a su fin. Los recientes pasos hacia la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, después de más de medio siglo, son también de importancia histórica, no sólo para estos países, sino también a toda la región.

A lo largo de las últimas cinco décadas el concepto de desarrollo ha cambiado.

Se ha transformado el qué. Hoy sabemos que no basta crecer: las ganancias tienen que ser en lo social, lo económico y lo ambiental —sin dejar a nadie atrás—. Si no es sostenible, no es desarrollo.

Ha cambiado en el cómo. Ya no hablamos de ayuda al desarrollo, sino de asociación para el desarrollo

También ha cambiado en el cómo. Ya no hablamos de ayuda al desarrollo, sino de asociación para el desarrollo. Del concepto tradicional de ayuda Norte-Sur se ha abierto el espacio esencial para la cooperación Sur-Sur.

En América Latina y el Caribe, los últimos 15 años coinciden con la agenda de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), tallada para países en desarrollo. Nuestra región, principalmente compuesta por países de renta media, cumplió esta agenda en su gran parte. Creció, redujo la pobreza en más de 90 millones de personas y registró enorme progreso, especialmente en educación y salud, con grandes inversiones e innovaciones en política social. Fue la única región que redujo la desigualdad de ingreso en la ultima década. En estos años también se ha consolidado el intercambio de información y experiencias exitosas dentro de la región y más allá de ella.

Ahora, la resiliencia tiene que ser un eje central de nuestro trabajo. Pese a los avances, calculamos que más de 220 millones de personas, un tercio de la población de la región, viven en un limbo: no son clasificadas como pobres (viviendo con menos de cuatro dólares al día) pero tampoco han logrado llegar a la clase media (con mas de 10 dólares diarios). Son los vulnerables de nuestra región. En el caso de un shock externo, sea financiero, un desastre natural, una enfermedad grave en la familia, corren el serio riesgo de caer en la pobreza. Carecen de un colchón para mantenerse en tiempos de crisis, como empleo decente, seguro social y de salud y ciertos activos, como tener casa propia.

Los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que todos los países, del más rico al más pobre, empiezan a implementar este año, también nos obligan a pensar en políticas distintas. Nos alejamos de la idea de que cada ministerio cuida una parte aislada del todo: salud, educación, vivienda, alimentación o trabajo. Es una oportunidad de repensar el progreso y mirarlo a través de sus múltiples dimensiones.

Más de 220 millones de personas de Latinoamérica viven en un limbo: no son clasificadas como pobres pero tampoco han logrado llegar a la clase media

El bienestar de la gente va más allá del vivir por en cima o por debajo de una línea de pobreza. Es mucho mas que ingreso. Por esto nos enfocamos en el Progreso Multidimensional en nuestro próximo Informe sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe, que lanzaremos en un par de meses. Será también una puerta de entrada hacia los ODS, distinta para cada país, de acuerdo con sus especificidades y necesidades.

Caminar hacia la Agenda 2030 significa llegar a los grupos más rezagados, como los pueblos indígenas, las y los afrodescendientes, las mujeres (especialmente en áreas rurales rurales) y los jóvenes. Es hora de enfrentar las exclusiones más allá de lo económico para alcanzar las poblaciones que no se han beneficiado del boom de la década pasada y cuya situación refleja brechas históricas de género, raza y etnia.

Vivimos un momento de grandes desafíos, pero también de oportunidades.

Esta nueva agenda de desarrollo sostenible es universal. No basta hablar de reducir la desigualdad en los países en desarrollo. El tema es igualmente importante para países ricos, como también lo es el cambio climático. Los ODS son 17 retos compartidos.

La región de América Latina y el Caribe ha tenido un rol fundamental en nueva agenda de desarrollo sostenible, también como resultado de las discusiones en la Conferencia Rio+20, con la importante ampliación de la agenda anterior, que tenía un fuerte componente social, hacia una agenda universal de sostenibilidad, que además enfatiza el cambio climático, el cuidado del medio ambiente y la inversión en la energía sostenible, además de la reducción de la desigualdad como reto mundial.

La región que es una superpotencia en biodiversidad, con más del 40% de toda la del planeta, tiene un rol imprescindible, junto al resto del mundo, de repensar el progreso. Busca crecer; pero no a cualquier costo.

Tenemos todos desafíos urgentes, incluso en el marco de las limitaciones de la economía mundial actual. Los ODM se iniciaron en tiempos mejores. Ahora deben aprovecharse todas las fuentes de financiación, públicas y privadas, nacionales e internacionales, por las personas y el planeta. Los ejes económicos, sociales y ambientales ya no se pueden disociar. Y no podemos dejar nadie atrás.

Jessica Faieta es subsecretaria general de las Naciones Unidas y Directora del PNUD para América Latina y el Caribe.