La hermana ‘hipster’ de Beyoncé

Con una imagen muy cuidada y un discurso directo, Solange Knowles se desmarca de su famosa hermana

Solange Knowles está cansada de hablar de su pelo. Y de su hermana. Ambos temas son preguntas casi obligadas en sus entrevistas, aunque es lo primero lo que curiosamente la ha ayudado a distinguirse de la segunda. Un día Solange dejó crecer su afro y llenó su armario de ropa de colores brillantes y estampados llamativos. Entonces su cara empezó a aparecer en los front rows de Nueva York y su nombre, en los carteles de festivales de todo el mundo, de Coachella al Primavera Sound. Su marca no tiene el poder que atesora Beyoncé, pero su estilo y su música la han convertido en una musa indie.

Solange y Beyoncé Knowles asisten a una fiesta de Vanity Fair en 2015.

Epítome de lo cool, Solange, de 29 años, se monta en la bici incluso para ir a sus conciertos, vive desde hace tres años en la hipster Nueva Orleans —acaba de recibir las llaves de la ciudad— y sus redes sociales son una cuidada mezcla de fotos artísticas y declaraciones con carga racial. “La industria musical se construyó sobre los hombros de la gente negra”, declaraba hace poco en Twitter. Pero su currículum de cantante, compositora, actriz y DJ arrancó a la sombra de su hermana mayor, de la forma más literal posible. Comenzó como bailarina de las Destiny’s Child, el grupo de R&B que catapultó a Beyoncé a la fama, para más tarde seguir los pasos de su hermana. En 2003 publicó su primer disco, Solo Star, con solo 16 años y apenas unos meses antes de que Beyoncé presentara su candidatura a reina del pop con Crazy in love.

“Estoy muy orgullosa de su éxito, pero yo no podría hacer lo mismo”, contaba en 2012 en una entrevista con The New York Times. “Me ha dado una imagen muy clara de lo que no quiero que ocurra”. Quiso zanjar las constantes comparaciones en una de las canciones de su segundo álbum, publicado en 2008: Yo no soy ella y nunca lo seré. Para entonces, su vida había dado un giro radical: ya había pasado por un divorcio y era madre de un niño, Julez, que tuvo con 18 años.

Su transformación en la Knowles alternativa se consolidó cuando decidió mudarse a Brooklyn con su actual marido, el director de videoclips Alan Ferguson. La música fue un componente fundamental, pero el espaldarazo para construirse su propia voz se lo dio su imagen, totalmente opuesta a la de su hermana. “La moda es algo político”, aseguraba hace poco. “Cuando decido llevar un estampado, estoy haciendo una declaración política. Las mujeres negras a menudo intentan no llamar la atención. Conmigo no tienes otra opción más que mirarme”. La pequeña de los Knowles ha sido imagen de marcas como Rimmel, Asos o Puma, y tiene además su propio sello discográfico, Saint Records, y una boutique en Nueva Orleans.

Aunque huye de la sobreexposición de su hermana, no pudo evitar que su nombre estuviera en boca de todo el mundo en 2014, cuando se filtraron unas imágenes en las que la emprendía a golpes contra su cuñado, el rapero Jay Z, en un ascensor. El incidente obligó a Beyoncé, siempre hermética con su vida privada, a publicar un comunicado en el que aseguraba que los tres habían “pasado página como una familia unida”.

A la espera de su tercer álbum —en 2012 publicó el EP True, con el que consiguió el aplauso de la crítica y la escena indie—, su tema más reciente, Rise, es un reflejo del discurso racial que sigue en las redes y en sus entrevistas. “La escribí para Ferguson y para Baltimore”, aseguró al presentarla. Lejos de sentirse sobrepasada por su hermana, su estilo es fuente de inspiración incluso para la misma Beyoncé. No es casualidad que en su último vídeo, Formation, la mayor de los Knowles haya decidido hablar del conflicto racial, precisamente con Nueva Orleans como escenario.

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