CONVERSACIÓN GLOBAL

Cursos sobre respeto a las mujeres (modelo noruego)

Tras la alarma de Colonia, Bélgica organiza enseñanzas especiales para los asilados

Los sucesos de Colonia han alumbrado en Bélgica una medida controvertida: impartir cursos de respeto a la mujer para los migrantes que recalen en el país. Poco después de conocerse las múltiples agresiones sufridas por mujeres alemanas en Nochevieja —con la presunta participación de demandantes de asilo—, el Gobierno belga irrumpió con esta medida. “Vamos a copiar el modelo noruego y en las próximas semanas introduciremos estos cursos en todos nuestros centros de acogida”, desveló el secretario de Estado de Inmigración, Théo Francken.

Los demandantes de asilo ya reciben, a su llegada a los centros de acogida, información sobre las normas de vida en Bélgica, con referencias al papel de la mujer en Europa. Ese capítulo será ahora más prolijo, de forma que los nuevos solicitantes reciban instrucción durante un día sobre el respeto a la mujer. “Es una prioridad; los cursos se implantarán en todos los centros este año”, precisan en Fedasil, la agencia encargada de los solicitantes de protección.

Con unos 40.000 nuevos migrantes registrados en 2015 —principalmente sirios, iraquíes y afganos—, Bélgica sufre una importante presión en sus centros. Aludiendo a la experiencia noruega, Francken, del partido derechista y nacionalista flamenco N-VA, trata de combatir la imagen hostil hacia el extranjero que se ha labrado su grupo político, mayoritario en el Gobierno. En Noruega la formación recoge lecciones como que la mujer no es propiedad del varón y que los actos sexuales tienen que ser consentidos.

La iniciativa supone abandonar el buenismo imperante hasta ahora en Bélgica que enmascaraba el choque cultural existente entre ciertos núcleos de población musulmana y el resto de la población. Aun así, algunas voces alertan del riesgo de incurrir en actitudes racistas al reservar el curso exclusivamente a los refugiados. Porque casi ningún colectivo escapa al machismo en un país donde el 36% de las mujeres declaran haber sufrido violencia sexual física o psíquica, según la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE.