Cazadores de mosquitos en Mozambique

El trabajo de entomología es clave para medir la eficacia de los insecticidas contra la malaria

Lucía Fernández formaba parte de un equipo de tres personas consagradas a la caza del mosquito Anopheles, el transmisor del paludismo, para utilizarlos en el laboratorio con el fin de crear insecticidas eficaces para proteger a la población. Un año después, esta cooperante trabaja con 16 personas y siente que no están solos en la lucha contra la enfermedad.

Son las cinco y media de la mañana en Manhiça (Mozambique) y me dispongo a entrar en una casa tradicional sin agua ni luz con Albino y Celso, los dos únicos miembros en el equipo de entomología disponibles en ese momento. Aún está amaneciendo y ya empieza a quemar el sol africano.

 —Bji Xile

—Bji Xile , Kanimambo.

—Wu Djnai

—Ni Bom

Así, con esta fórmula en shangana, la lengua local, se inicia el ritual de saludo, un símbolo de respeto y nuestra llave de entrada a las casas de la población local que, como cada día, nos recibe agradecida.

¿Nuestro objetivo del día? Capturar al más buscado, el mosquito Anopheles, transmisor de la malaria, y traerlo con vida a nuestro insectario. Allí criaremos a sus hijos para hacerlos participar en experimentos que nos permitan medir la eficacia de los diferentes tipos de insecticidas de pulverización intradomiciliaria y de las redes mosquiteras. Los datos obtenidos por nuestro trabajo contribuyen a la obtención de evidencias que permitirían al Ministerio de Salud de Mozambique tomar decisiones sobre la selección de insecticidas eficaces para controlar al vector.

¿Nuestras armas? Muy simples: una nevera de playa, placas de hielo, un tubo de silicona y vidrio, unos vasos desechables de papel, algodón y pedazos de red mosquitera.

Esta fue mi rutina durante semanas cuando llegué al Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM) para comenzar mi doctorado e implementar las actividades diseñadas por el área de Entomología, recién consolidada en el centro. Me levantaba a las cuatro y media de la madrugada para salir al campo para nuestra captura diaria de mosquitos adultos y volvía a la oficina a las once y media con la misión de seguir formando al equipo y de seguir implementando las otras actividades del área de entomología. En aquel momento éramos solamente tres personas, los proyectos existían meramente sobre papel y nuestro insectario estaba provisionalmente instalado en la parte trasera del laboratorio de bioquímica hematológica del centro. Algunas veces a las once de la noche seguía al pie del cañón, delante de un microscopio, intentando apreciar las sutiles diferencias entre las diversas especies de Anopheles capturadas en las trampas de nuestro sistema de vigilancia entomológica.

Era la primera vez que constituía y gestionaba un equipo y sentía la responsabilidad de desempeñar las diferentes tareas que los trabajadores tendrían que hacer para entender sus posibles dificultades y poderles apoyar después. Fueron unos primeros meses muy duros, pero estar tan cerca de los principales beneficiarios de nuestro trabajo, la población rural, dejaba clara una cosa: el objetivo merecía el esfuerzo.

Ahora, un año después, y gracias al impulso de la iniciativa La Caixa contra la Malaria de la Obra Social La Caixa y de la Fundación Bill and Melinda Gates, somos 16 personas en el equipo de entomología, tenemos nuestro propio insectario recién construido y ya nos conocen como “el equipo mosquito” y a mí como “la señora mosquito”. Por mi parte, aunque considero que aún me falta mucho por hacer para honrar al apodo, no hay duda de que no soy la misma persona que cuando llegué. Está siendo un proceso de aprendizaje mutuo y realmente me estoy llevando más de lo que dejo. Porque aquí cada día recibo una lección intensa a todos los niveles pero, sobre todo, una lección inolvidable de humanidad.

Lucía Fernández es física y Máster en Investigación Clínica – Salud Internacional por ISGlobal y la Universidad de Barcelona. Actualmente trabaja como investigadora del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) en el departamento de Entomología del Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM).